Chihuahua
Revivió Mata Ortiz gracias a la alfarería
Casa - museo del artista Juan Quezada. Foto: El Heraldo de Chihuahua.
Es su principal actividad económica

> Hace 50 años estuvo al borde de la desaparición
El Heraldo de Chihuahua
23 de mayo de 2011

Manuel Ruiz Sánchez

Juan Mata Ortiz, Chih.- Hace 50 años, el "pueblo" de Juan Mata Ortiz estaba condenado a desaparecer, luego de que sus habitantes enfrentaran una severa crisis que los hiciera perder ganado y tierras, por lo que su única opción era irse a la cabecera municipal de Casas Grandes a buscar oportunidades, sin embargo el crecimiento de la alfarería, en manos de un hombre, salvaría al hoy seccional y más que eso, lo llevaría a estar en los ojos del mundo del arte.

La historia: La historia comenzó cuando Juan Quezada Celado, el artífice de "El Milagro de Mata Ortiz", apenas tenía 13 años de edad (hace más de 50 años), le gustaba explorar la misma zona que les gustaba a los antiguos líderes de la cultura Paquimé y en una de sus andanzas por el monte descubrió la famosa cueva cerrada con barro, donde encontró las primeras ollas ceremoniales, alrededor de los restos óseos de lo que al parecer se trataba de un matrimonio. La belleza, la perfección de las líneas, la pintura con colores preciosos, la combinación elegante y los dibujos nunca antes vistos, lo impresionaron y elevaron el orgullo que sentía de ser descendiente de esa cultura.

Al poco tiempo comenzó a intentar imitar la calidad de las ollas, pero descubrió que el trabajo de alfarería que desarrollaron quienes las construyeron era muy superior al que hasta ese momento se manejaba. La mezcla de elementos era la base, ya que no sólo era barro, los antiguos habían descubierto que para realizar las ollas más finas hasta ahora conocidas, era necesario mezclar arena, pero arena con la fineza del talco, por lo que la búsqueda de los elementos fue una tarea obligada.

Días y noches el joven se pasó buscando igualar las técnicas y finalmente lo consiguió. Varios años después, sin embargo un nuevo reto surgiría, pues el producto ya estaba, pero faltaba el mercado. En ese entonces en la cabecera de Casas Grandes se instalaba una especie de tianguis, donde se mercadeaban todo tipo de productos, sin embargo el ojo de los habitantes de la zona se dirigía a la utilidad antes que la estética y rechazaron los productos de Quezada, incluso llegaron a pedirle que se retirara de allí, por ocupar un espacio que consideraban debía ser aprovechado por otro tipo de vendedores.

En ese mismo sitio había tres vendedores de ropa y zapatos que traían de Estados Unidos, principalmente de la zona colindante con Palomas; a los tres les ofreció tres jarrones y les pidió que los vendieran como pudieran, "luego nos arreglamos", les decía. "Finalmente pegó", destacó Quezada, al explicar que un coleccionista norteamericano, Spencer McAllow, quien hizo además de una gran química con el artista, a pesar de la dificultad del idioma, también hizo una gran amistad. Allí iniciaron las exposiciones en museos de prácticamente todo Estados Unidos, donde se señalaba a Juan Quezada como al artesano de Chihuahua, quien no sólo redescubrió una técnica perdida hace 500 años, inspirada en la cultura Paquimé (1,200-1,450 d.C) , sino también como el creador de una exquisita artesanía.

"Aunque desconocido en su país, Quezada resultó ganador del Premio Nacional de las Ciencias y Artes 1999, en el campo de las artes y tradiciones populares, por su trayectoria profesional como ceramista", señalaba incluso el INHA al alfarero. El contexto antes de este "Destello de Talento", es de un poblado, Juan Mata Ortiz, que surge de un campamento ferrocarrilero a finales del siglo XIX con el nombre de Pearson, debido a que su fundador, el señor Frederick Stark Pearson, construyó un asombroso aserradero a los pies de las montañas de la Sierra Madre. Después de algunos años surge el movimiento revolucionario y el señor Pearson se ve obligado a abandonar su negocio por la falta de protección de tropas estadounidenses hacia su patrimonio.

Con las reformas revolucionarias, se le cambia el nombre a esta comunidad por el de Juan Mata Ortiz, en honor al militar que luchó en contra de los apaches y que fue quemado vivo en lo que hoy se conoce como el Puerto del Chocolate. Las pocas familias de Juan Mata Ortiz que lograron sobrevivir a la Revolución Mexicana van en decadencia, debido a la falta de empleo, pues ya que entre los años de 1950 y 1960 los talleres ferroviarios son trasladados al municipio de Nuevo Casas Grandes. Allí, entre la desesperación e incluso entre el hambre, surgió el que ahora es maestro de más de 500 alfareros de la comunidad que labró la historia moderna de un arte que aún no pone final a su historia.

El presente: Más de 500 alfareros del Seccional de Mata Ortiz, hoy día mantienen a sus familias con las ventas de sus productos de primera calidad, todos, acéptenlo o no, son producto de las enseñanzas y contienen una influencia innegable de Juan Quezada, quien a decir verdad, no le interesa ser reconocido como maestro, más le interesa ver el bienestar en la gente. La visión de los coleccionistas a nivel mundial están puestos en este lugar a 26 kilómetros de la cabecera municipal de Casas Grandes, pues luego de que fueron admiradas y compradas, e incluso subastadas ante los conflictos que causaron entre los ambiciosos coleccionistas en Estados Unidos y Canadá, las puertas están abiertas para llegar al viejo continente.