Opinión / Columna
 
Carlos Gallegos 
El endoso
El Heraldo de Chihuahua
3 de noviembre de 2010

  Para bilis no saca uno: Apenas salimos de un puente y sopas, que llega el otro.

El jueves pasado, al oficializarse que lunes y martes serían días de holganza, estuve a punto de enviar enérgico oficio de protesta, pero me tragué la muina, al darme cuenta que, según las encuestas, el 99.99% de los mexicas me la hubiera refrescado.

En consecuencia, mejor me dediqué a pensar en cosas bonitas, aunque de súbito se me alacranó el disco duro, acordándome de algo aún más feo que uno de esos odiados puentes.

Con cierto tufillo de charra, Normando Perales jura sobre la Constitución local y los reglamentos que de ella emanan, que lo que me contó y que yo me permito compartirles, es absoluta y totalmente verífico, en tepehuán verídico.

Ahí va.

En Cuauhtémoc, años atrás conocido universalmente como San Toño de los Arenales y conexas, como en todo pueblo sobre la fax de este pobre planeta, había un señor muuuy pero muuuy feo. Era el tipo, a decir de sus conciudadanos, más feíto que rafaguear a la mamá de uno sin causa justificada.

Así las cosas, un día en vísperas de Halloween, uno de sus chamacos, también bastante perjudicado, le pidió que fuera al Pasito local a mercarle una máscara para salir a pedir kórima durante la noche de brujas.

Abnegado, aunque muy fregado, papá feo fue al Pasito clandestino pero a la vista de todos, como son todos los Pasitos, y en llegando al puesto de máscaras preguntó el precio de una.

-Cuesta cuatrocientos varos antes de IVA-, contestóle el dueño del changarro, quien había estudiado un tetramestre en una universidad patito y conocía todos los vericuetos y chanchullos de las leyes mercantiles.

-Ta muncho muy caro-, respondió el marchante, para el que no existían reglas gramaticales.

-No se vaya, oiga, no se vaya. Aquí tengo una de doscientas lanas-, lo atajó el fayuquero, que en sus años mozos había sido un temido cholo apodado el Charranflán, ganándose honradamente el carrujo de cada día vendiendo dólares pirata en la plaza cuauhtemense.

-No, ni ansina acabalo -rezongó el otro-. Ta muy odida la patria.



-Pos no tanto como tú, ese.

-¿Qué dijites?, ¿qué me dijites?

-Nada, ñerazo, taba hablando solo. No se me agüite, vea esta de cien pesillos. Véala bien, es original, me llegó directita de Tepito.

-Újule. No me lo va a creer, pero ni esa acompleto.

-A usted ya le creo cualquier cosa. Okey, ahí va mi última oferta. Llévese esta de la Parkita II, originalita, tovía tiene la sangre seca de cuando lo mataron al pobrecito. Nomás cuesta cincuenta, y como ya sé que no los acompleta, eche veinticinco y déjeme esa usada que trae puesta.

Así estaba de horrible el infeliz aquel, quien en temporadas de cosecha se alquilaba de espantapájaros en los campos manzaneros de los Corral. Su sola presencia bastaba para que no se arrimara ningún animal perjuicioso, y eso que los Corral ya tenían como un millón de árboles.

Bien, ya estuvo suave. Dejen en paz a ese cuate, que al cabo muchos o muchas de ustedes no se han de parecer a Brad Pitt o bien a la trompuda de Angelina Jolie.

Mejor ocúpense de echarle una porra al góber, pero no sean barberos, nomás reconozcan que tenemos un líder echao pa' delante, que ya dijo que los problemas de los chihuahuenses son sus problemas, y que no va a andar endosándoselos a nadie, así el origen de muchos de ellos provengan de allá, de la otrora conocida como la región más transparente. De Calderas, pues.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas