Opinión / Columna
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Sergio Armendáriz Royval
Historia de la Nación Mexicana XXV
El Heraldo de Chihuahua
9 de marzo de 2010
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A reflexionar
Es lamentable el papel que escenifica el Partido de Acción Nacional en este año electoral, porque ante su inevitable derrota, recurre a los más bajos y amorales hechos para lograr el voto ciudadano, debiera darles vergüenza. Por dedazos, definieron a sus candidatos, dentro de obras de teatralidad tipo carpa de los años treinta, desde luego que su tanda ya terminó, serán el rival más débil.
Seguiremos reflexionando en este año muy especial, sobre la Historia de la Nación Mexicana. Nuestro análisis dialéctico está ubicado en la época colonial y revisamos los regímenes de trabajo que los invasores, ya colonizadores españoles desarrollaron aquí. El peonaje viene a constituir la esencia de la explotación feudal que transfirieron de Europa a sus colonias, y las haciendas, los feudos del viejo continente. Desde el siglo XVI fue surgiendo el trabajo a jornal o peonaje, constituyendo definitivamente la transformación de la encomienda en mero sistema de pago de tributos. Recordemos que los siervos de la gleba pagaban tributos y cumplían con servicios obligatorios, tanto al "señor" como al codicioso clero.
Los indios de las encomiendas y los del cuatequil, fueron convirtiéndose en jornaleros, representados estos últimos por trabajadores asalariados denominados gañanes, laboríos, peones y tlaquehuales, que resultaron adscritos al trabajo por anticipos, las odiosas deudas hereditarias y el pago de tributos y obvenciones parroquiales. El peonaje se fue extendiendo en las colonias americanas de los 'piadosos' españoles a consecuencia del crecimiento de la propiedad privada, a costa de la propiedad comunal de los pueblos de indios, o también de sus pequeñas propiedades. Los indios despojados de sus propiedades comunales se convirtieron en peones de los latifundios, de las minas y, más tarde, de los obrajes. Se extendió el uso de la moneda, se procreó la economía consuntiva de un reducido mercado interno, formado por los indígenas y se favoreció la concentración de trabajadores en comarcas determinadas. Desde luego que las mejores tierras, cercanas a ríos, lagos y manantiales fueron el asiento de los "señores" españoles, cuyas propiedades, fueron ratificadas por las denominadas "mercedes reales", los indios fueron empujados a las zonas montañosas, a los páramos y a las regiones semidesérticas, donde todavía lanzan su grito de protesta y de libertad, que ya ha durado casi cinco siglos.
La aparición en América de la producción manufacturera, fue denominada por los españoles 'obraje' y se dio principalmente en la actividad textil, tanto de la lana, como del algodón, posteriormente se fue extendiendo a otras ramas de la producción. El trabajador de los obrajes era encerrado, para que no huyera, y se le explotaba inicuamente, sin la menor misericordia, ni de los dueños del obraje, ni de los religiosos que les preparaban el "camino" para una vida mejor en el cielo.
Los trapiches eran en realidad molinos de caña de azúcar en los que se utilizaba el trabajo forzado de los indios, también los hubo en los feudos mineros, para triturar minerales y preparar la metalurgia.
Formas y técnicas económicas fueron introducidas por los españoles que ya tenían el fin deliberado de establecerse en el país. Se desarrolló el uso de la moneda, la rueda, el arado, los animales de tiro y de alimentación, la imprenta y la pólvora. Se trajeron plantas y sus frutos desconocidos en estas regiones y claro, se llevaron a Europa los de aquí, como el cacao, por ejemplo. Dice el maestro Cue Cánovas: "Es importante anotar, que la implantación de cultivos, animales y medios de trabajo, se hizo más de acuerdo con los intereses de los españoles y de la corona, que con las necesidades de la colonia y de sus habitantes". Mucha atención a este respecto.
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