Opinión / Columna
 
Eduardo Fernández Armendáriz 
La renuncia de Gómez Mont y las polémicas alianzas
El Heraldo de Chihuahua
25 de febrero de 2010

  Perfil político

El más reciente escándalo mediático político nacional lo fue la sorpresiva renuncia pública del secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont al PAN, partido del cual fue fundador su padre y en el que había militado toda su vida. La causa de esta acción fue la alianza establecida entre el PAN y el PRD para contender unidos en Oaxaca con un candidato común a la gubernatura, Gabino Cué.

La razón del alejamiento del partido en el gobierno del principal operador político de Felipe Calderón es que Gómez Mont al parecer había concertado en noviembre un acuerdo con los dirigentes del PRI para sacar adelante el aumento del uno por ciento al IVA a cambio de que el PAN no se aliara con el PRD en Oaxaca. La jugada se le revertió al secretario de Gobernación cuando el dirigente nacional panista armó la alianza oaxaqueña con el PRD.

Gómez Mont se opuso públicamente a esta alianza a la que calificó de antidemocrática y tachó incluso de sinónimo de fraude electoral. Al ser respaldada la alianza por la votación unánime plenaria del CEN panista, al funcionario público no le quedó más que renunciar a su partido para no ser partícipe de la decisión tomada por el máximo órgano directivo. A su vez desligó al presidente Calderón de toda responsabilidad, pues declaró que los tratos con los priistas los había hecho sin informar a su jefe, lo cual no le cree ni un niño de tres años.

La realidad es que Gómez Mont quedó en una posición débil y con nula capacidad de negociación política, pues para empezar no lo apoya la dirigencia panista y menos la perredista que ahora lo considera aliado priista opuesto con todo a las alianzas. Tampoco el PRI le tendrá confianza, pues no cumplió con su trato, haya sido unilateral o con el respaldo presidencial. Al pobre abogado ex panista no le queda de otra más que renunciar, lo cual de seguro ya hizo, pero no se lo aceptó el presidente Calderón para no exhibir una mayor debilidad e incoherencia, que ya la demostrada con este escandaloso incidente.

EL PAN ya cruzó el Rubicón y cambió a quien había sido su aliado en la primera parte del sexenio. El costo de contar con el PRI le resultó muy caro, pues como lo demostró la última elección federal el partido tricolor no solo se recuperó de su derrota del 2006 sino que logró la mayoría de las victorias electorales y se perfilaba para llevarse el carro completo en las elecciones estatales de este año. Ante la amenaza común los enconados enemigos del 2006 para sobrevivir optaron mejor aliarse en aquellas entidades donde podrían tener buenas posibilidades de vencer a su contrincante común, el PRI.

Las alianzas, pese a los berrinches y aspavientos mediáticos de Gómez Mont, continúan consolidándose como sucedió en Oaxaca con Cué como candidato común y en Hidalgo con Xóchitl Gálvez. En estas dos entidades donde siempre ha gobernado el PRI estos dos candidatos son una seria amenaza para la hegemonía tricolor y por ello así ha sido la reacción en contra por parte de los dirigentes de este partido. Como lo expresó Jesús Ortega, las alianzas no son ponzoña, sino veneno puro para los priistas.

Ahora bien, falta ver aún si en la práctica funcionarán las alianzas, pero por lo pronto son un adelanto de lo que podría ser la concertación entre el PAN y el PRD para enfrentar a quien es el enemigo común a derrotar el año entrante en el Estado de México, el gobernador Enrique Peña Nieto. En política nada está escrito, por lo que mientras sean legales y válidas las alianzas se pueden llevar a cabo en cualquier elección, como lo han hecho hasta ahora todos los partidos políticos sin pudor y a pesar de sus contradicciones ideológicas.
 
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