Opinión / Columna
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Sergio Armendáriz Royval
Historia de la Nación Mexicana XXIV
El Heraldo de Chihuahua
16 de febrero de 2010
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A reflexionar
Exhibe su miseria y su debilidad el Partido de Acción Nacional ante el rotundo fracaso de su presidente en la delicada función gubernamental. Ordena el autócrata Calderón a sus lacayos que busquen desesperadamente 'aventureras' de la política, para 'aliarse con ellas y con cinismo insultante para sus propios miembros, desarrolla un 'plan' de ataque al partido que tiene la fuerza mayoritaria en el país: El PRI. Pero el colmo de la teatralidad fascista consistió en obligar al secretario de Gobernación a renunciar a la militancia de su partido, dizque para convertirlo en un serio (sic) interlocutor con los otros partidos de oposición, señor presidente, los mexicanos, no nos succionamos el dedo, su truco nació muerto.
Pero estamos reflexionando con la Historia de nuestra Nación, continuemos. La invasión española no fue homogénea en todo el territorio, hubo diferencias que obedecieron a razones geopolíticas, sociológicas y económicas. Los regímenes de trabajo fueron evolucionando al paso de los años. El primero, fue el uso de la brutalidad contra los pueblos indígenas a través de la esclavitud, sobre todo en la construcción y en la fundación de asentamientos, tras el despojo de las tierras de los pueblos de indios. Recordemos que en Mesoamérica, había grandes centros de civilización y por lo tanto, comunidades con organización económica, religiosa, militar y estatal. La esclavitud perduró con la llegada de negros traficados en las islas del caribe, a donde llegaban de África, con los indígenas se practicó un sistema que ya operaban los invasores en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Jamaica: la encomienda. Dice el maestro Agustín Cue Cánovas al respecto: "No fue la encomienda como afirman algunos autores una cesión de tierras a favor de los conquistadores, sino el sistema por el cual los colonizadores españoles contraían el compromiso de 'cristianizar' a los indios que a ellos se encomendaran y 'protegerlos', a cambio de tributos y servicios de éstos últimos, en las tierras y minas propiedad de aquéllos. Encomiendas de indios y repartos de tierras fueron dos cosas distintas, aunque se desarrollaron paralelamente. Incluso, indios encomendados, muchos continuaron en posesión de sus tierras, obligados sólo a pagar tributos y servir al encomendero". Desde luego que los abusos fueron frecuentes, los encomendados que morían, no significaban pérdida para los españoles, pues obligaban a los caciques indígenas a substituir las pérdidas, sin costos y a medida que ocurrieran.
Los indios encomendados no tenían ningún valor y se les obligaba a prestar los trabajos más duros y a pagar tributos, cada vez más pesados. Muchos encomenderos cometían la crueldad de 'marcar' con fierro candente a 'sus' encomendados y el uso del látigo, era frecuente. Otro régimen de trabajo, en la colonia fue el 'repartimiento o cuatequil', que se estableció a fines del siglo XVI. Nos dice el maestro Cue Cánovas, al respecto: "era la facultad que tenían los alcaldes mayores, de 'sacar' de los pueblos de indios, la gente necesaria para el trabajo en las minas y cultivo de los campos, durante una semana. Los indios de repartimiento eran conducidos a lugares muy distantes de sus pueblos, sin consideraciones de ninguna clase, en largas y durísimas jornadas de dos y tres semanas, para prestar el servicio, por el que se les cubría un reducido salario".
La evolución del trabajo colonial ya nos indica que se iniciaba el pago por los servicios, aunque de manera muy injusta y reducida. Desde entonces deviene el escaso poder adquisitivo del pueblo novohispano y que aun hoy en día prevalece. En la próxima colaboración reflexionaremos sobre el peonaje, que no es otra cosa que el establecimiento formal del feudalismo en la Nueva España.
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