Opinión / Columna
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César Augusto Gutiérrez Fierro
El país de los monopolios
El Heraldo de Chihuahua
10 de febrero de 2010
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"Lo que otros callan"
Los descomunales precios que pagamos los mexicanos por productos de consumo y servicios, reducen el poder de compra de los más pobres y desprotegidos. Pasa lo mismo que con los insumos que las empresas usan, lo cual hace más difícil que compitan a nivel internacional. No hay peor castigo y frustración que no tener opciones en un mercado controlado por monopolios y tener todavía que caer en sus garras. Esto ocurre diariamente. El tema de los monopolios no es superficial ya que va al fondo de los problemas de pobreza y competitividad, que son importantes en nuestro país. Los campos de la economía en que los ciudadanos pagamos altos precios y que solo beneficia a los monopolios son enormes. Lo peor es que ni siquiera hay una relación satisfactoria entre precio y calidad. No sólo pagamos mucho, sino que recibimos bienes y servicios de pésima calidad. Es inaceptable que paguemos 300% más en llamadas de larga distancia nacional, que los estadounidenses, así como 320% más por internet de banda ancha, 400% más por teléfono celular, 80% más en teléfonos de línea fija, 280% más por el cemento gris, 150% más por electricidad residencial de alto consumo, 160% más por electricidad comercial, 60% más por electricidad de alta tensión, 30% más en gasolinas y diesel; 200% más por la tarjeta Banamex clásica, 125% más por la Bancomer, 185% más por Cablevisión básico, 250% más por crédito a la vivienda, 60% más en agua, 4000% (cuatro mil) más por comisiones bancarias a compras con tarjeta en almacenes y la lista continúa ¿Y la Condusef? ¿Y la Comisión Federal de Competencia? Son dependencias inútiles.
Los monopolios han crecido, también sus intereses, debido a que Calderón y el PAN, los han favorecido, así como a los oligopolios. Y es que todos ellos apoyaron su candidatura y se tienen que pagar los favores. La economía nacional está controlada por unas cuantas empresas (Telmex, Televisa, TV Azteca, Cablevisión, CFE, Pemex, bancos, etcétera) capaces de fijar los precios, tarifas y las condiciones del mercado. Los mexicanos no podemos seguir aceptando los monopolios, sea cual fuere su naturaleza: no importa si son públicos, privados nacionales o extranjeros. Parte de la revolución contra los monopolios debe ser cultural y de conciencia. Hay que explicarle a la gente cuáles son y lo dañino de éstos. ¿Queremos tener un país próspero y competitivo? Eliminemos los monopolios, como los de los agentes aduanales y sus listas "oficiales" de importadores, multipliquemos las licencias de las notarias públicas, hoy amafiados; ampliemos y demos facilidades a los productos nacionales de cualquier artículo, promovamos más opciones de conexión de Internet de banda ancha. No permitamos ni apoyemos los monopolios y controles de la TV de paga.
Utilicemos las frecuencias disponibles y las nuevas tecnologías para aumentar la oferta de TV. Apoyemos interconexiones, que permitan precios comparables a los de otros países en telefonía celular.
Impulsemos la competencia (no disfrazada) en telefonía fija. Eliminemos y monopolio y burocracia del Correo (hoy al servicio exclusivo de Telmex y Bancos) y dejemos que el servicio lo de quien mejor lo ofrezca. Lo anterior es solo un ejemplo parcial, pudiendo ampliarse a muchos rubros que registren precios altos por prácticas monopólicas. En el combate a los monopolios todos deberíamos estar de acuerdo. El artículo 28 constitucional es claro: "En México quedan prohibidos los monopolios, las prácticas monopólicas, los estancos y las exenciones de impuestos.
El mismo tratamiento se dará a las prohibiciones a título de protección a la industria".
BICHOS HUMANOS: Nadie conoce su propia fuerza, mientras no se ha encontrado con la necesidad.
Escúchenos en el Programa "Chihuahua en Perspectiva", los sábados a las 13:00 horas por Radio Antena 760.
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