Opinión / Columna
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César Jauregui Moreno
Ampliar la democracia
El Heraldo de Chihuahua
9 de febrero de 2010
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La democracia no se puede reducir sólo al sistema electoral, sino que se debe ampliar a la participación ciudadana en aras del bien común, eso es parte del legado de don Rafael Preciado Hernández, hoy que sus restos ya reposan en la Rotonda de los Jalicienses Ilustres, en Guadalajara.
Aún hay tarea democrática por hacer y es por eso que hoy, cuando se debate la importancia de una reforma política para el país, es de estricta justicia reconocer el trabajo y la trascendencia de quienes han aportado tanto al desarrollo de la institucionalidad democrática como es el caso de don Rafael Preciado Hernández.
Para don Rafael la democracia no se puede reducir al sistema electoral, ya que como él mismo sostenía, el poder tiene como finalidad asegurar el bien común, asegurar relaciones de justicia entre los miembros de una sociedad, ya que el fin de un poder público es el mismo fin del Estado, el servicio a la comunidad para el bien común.
La importancia de recuperar estos conceptos ahora que se discute una reforma de gran calado al poder político con propuestas hechas por el titular del poder Ejecutivo como la elección consecutiva de legisladores y alcaldes, la iniciativa ciudadana y las candidaturas independientes, así como el referéndum y la iniciativa popular.
Ojalá que en memoria de don Rafael y honrando su testimonio seamos capaces los actores políticos de estar a la altura, a la altura del país, a la altura de los mexicanos y nos demos una reforma que por fin ponga el acento en el poder ciudadano.
Tenemos que reconocerlo: Los partidos políticos hemos destinado mucho tiempo y esfuerzo a la discusión de las reglas del acceso al poder. Ahora toca destinar tiempo y esfuerzo a la discusión y a la apertura de espacios para la participación y el poder ciudadano.
Preciado Hernández fue el único legislador que, contra el silencio servil o contra las voces del partido hegemónico, criticó y denunció la violencia de que fueron víctima los jóvenes en la matanza de Tlatelolco en 1968.
Como legislador, además de enriquecer con su sabiduría de filósofo y jurista la bancada blanquiazul, destacó su valor civil para defender la Universidad Nacional cuando en aquellos difíciles días del 68 lo que imperaba en el Congreso era el silencio servil o las voces que alzaban desde el partido hegemónico para justificar la violencia contra la comunidad universitaria.
El legado de Don Rafael Preciado Hernández se puede comparar con el de otros destacados pensadores panistas como Manuel Gómez Morín, Miguel Estrada Iturbide, Juan Landerreche Obregón, Gustavo Molina Fons, Manuel Herrera y Lazo, Aquiles Elorduy, Luis Calderón Vega y muy especialmente Don Efraín González Luna, con quien ahora reposará en rotonda de los jaliscienses ilustres.
Es preciso recordar estos fundamentos, porque en todo sistema democrático, la regla de las mayorías y la posibilidad de la alternancia son condiciones sine qua non. Y cada vez es más necesaria la participación ciudadana.
Lamentablemente, no ocurre así en varias entidades de la República. Ante la ausencia del poder presidencial omnímodo, algunos gobernadores se han erigido como depositarios de lo que Jorge Carpizo denominó facultades "metaconstitucionales", que antes eran exclusivas del Presidente y quedaron vacantes a raíz de la llegada de Vicente Fox al poder en el año 2000.
Ante tal fenómeno, en algunos estados se ha cancelado la posibilidad de la vigencia de los principios y de los valores democráticos. Observamos con preocupación que las libertades han sido severamente restringidas o, lo que es peor, suprimidas totalmente. La libertad de expresión, de prensa y de asociación son prácticamente inexistentes. La discrecionalidad en el ejercicio del gasto y la opacidad imperan. El voto clientelar y condicionado reemplaza al voto libre y secreto.
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