Chihuahua
Mormón secuestrado relata su calvario
Meredith Romney, de 68 años, empresario y ganadero, fue secuestrado y puesto en libertad luego del pago de su rescate. Foto: Gerardo Aguirre/El Heraldo de Chihuauha
102 plagios en el noroeste
El Heraldo de Chihuahua
21 de junio de 2009

Venessa Rivas

Cd. Juárez, Chihuahua.- Meredith Romney, pese a su edad, se resistía como podía a su captura. No dejaba que lo sacaran de su auto, se defendió y eso motivó que uno de los secuestradores lo golpeara con su arma. Su secuestro es el 102 en la región noroeste, y con ello, a decir de la víctima, queda al descubierto una sociedad basada en el lucro y la mentira.

En entrevista exclusiva con El Heraldo de Chihuahua, Romney Stilsbury, de 68 años, empresario y ganadero de la región noroeste, narra la angustia, desesperación y temor que sintió cuando un comando armado lo privó de su libertad a la puerta de su rancho en Casa de Janos. Recibió golpes, amenazas y sólo encomendó su vida al Creador. Nunca pensó que esa pesadilla le cambiaría tanto la vida, ya que ahora aprecia las pequeñas cosas que posee, así como el amor, respeto y admiración que le proveen sus trabajadores.

Era lunes 15 de junio, el reloj marcaba las 12:00 horas, Meredith, de piel blanca, ojos azueles, estatura alta y porte erguido, salió de la Colonia Juárez hacia el rancho ganadero en Casa de Janos, ubicado a 50 kilómetros al oeste de Janos. Un inicio de semana común para el también presidente de la Comisión de Vigilancia de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua, Meredith, su esposa y uno de sus nietos, quienes pasarían la semana en ese lugar, al que nunca alcanzaron a entrar.

Al llegar al rancho alrededor de las 14:30 horas, su nieto como siempre descendió de la camioneta para abrir la puerta y su abuelo pudiera pasar con el remolque en el que transportaban unos toros. La camioneta pasó sin problemas, mientras que Meredith esperaba y observaba a su nieto por el espejo retrovisor.

De repente apareció un Jeep color verde oscuro de donde descendieron 3 sujetos encapuchados y fuertemente armados. Dos de ellos de inmediato se dirigieron hacia Meredith, mientras que otro amagaba a su esposa.

Los sujetos bruscamente abrieron la puerta y le exigían a Meredith que se bajara, para amedrentarlo aún más tiraron un balazo al aire, de nueva cuenta volvieron a disparar, pero ahora en contra del neumático delantero izquierdo.

Los secuestradores estaban dispuestos a todo, jalaron al empresario para lograr sacarlo del vehículo, ya que aún oponía resistencia. Cuando por fin lograron sacarlo del vehículo le propinaron un golpe con la pistola en el lado derecho de la cabeza, casi lo tumbaron, sin embargo el temor de que le hicieran daño a su esposa y a su nieto lo mantuvieron de pie.

De nueva cuenta los maleantes le asestaron un golpe, esta vez en la parte trasera de la cabeza, entre la base y el cuello, golpe que cimbró su estabilidad por la fuerza que le imprimieron.

"Súbete, súbete", era como le gritaban al empresario, quien al darse cuenta de que los hombres lo querían a él, dejó de resistirse.

Lo esposaron y lo subieron en la parte trasera del vehículo. Los maleantes ya tenían a su presa, por lo que arrancaron velozmente con rumbo a la sierra. Consumado el secuestro los captores pasaron por un pueblo aledaño al rancho de la víctima. Hasta ese momento se dio cuenta hacia dónde lo llevaban, pues los secuestradores le colocaron una capucha durante el resto del trayecto.

Los "profesionales" del secuestro por dinero condujeron por sinuosos caminos con mucha confianza, a una velocidad inmoderada para alguien que no conoce la zona, situación que hizo que Meredith se mareara y vomitara. A pesar de que sus captores trataron de ponerle una bolsa para que no salpicara el vehículo, esto fue inútil, no sólo había manchado el auto sino sus ropas.

El empresario sabía con certeza que lo llevaban rumbo a Altamirano, pero en el camino se detuvieron en una mesa para realizar una llamada, una mujer respondió.

"Ahí lo llevamos, vamos a seguir en lo hablado", dijo uno de los plagiarios, relata Meredith, quien ya les había dado dos teléfonos para que negociaran el rescate. Ya no lo amenazaron, ni lo golpearon.

El camino de los delincuentes y su victima continuo por horas, alrededor de 6 ó 7, hasta llegar a un pueblito en donde peguntaron dónde cargar combustible. Una casita azul, fue la respuesta. En ese sitio pusieron gasolina y compraron unas cervezas para continuar el viaje.

Cayó la noche y los hampones por fin detuvieron su marcha en la sierra, le quitaron la capucha al empresario. "Cuando me iba a bajar del carro me dijeron: 'no te confíes, pégate a él porque son puros voladeros'", cuenta Meredith, quien no hizo más que seguir sus instrucciones.

Atrás del carro extendieron una cobija, en ella lo acostaron, claro que estaba flanqueado por dos de ellos en la misma cobija. Meredith no supo cuánto tiempo pasó. No pudo dormir ni un minuto, pensaba en la angustia y el dolor que su familia estaría sintiendo, aunado a que sus manos esposadas hacia atrás le causaban un dolor insoportable, cosa que no importó a sus plagiarios que roncaban a su lado. Ese tiempo, el empresario lo dedicó a orar y pedir por el bienestar de su familia. Rezó y dejó su vida en manos de Dios.

Al salir la luna, los raptores lo levantaron y obligaron a descender por una pronunciada pendiente. Caminaron por alrededor de una hora y media. Meredith cada rato se caía, sus fuerzas iban mermando cada vez más. Su diabetes no le permitía avanzar.

Llegaron hasta el fondo, había una cueva en donde lo metieron. El frío calaba hasta los huesos. El aire se sentía más helado que nunca. Silencio era lo que reinaba. Le dieron una cobija para menguar el frío y se pudiera acostar. Mientras Meredith estaba en el interior, sus plagiarios deambulaban por la boca de la cueva.

El martes al amanecer le dieron comida, uno de los plagiaros había llevado unas latas de jamón con queso y tortillas. Dos burritos de jamón con queso y un poco de refresco fue el primer alimento de Meredith, después de varias horas de permanecer secuestrado.

Él sabía que por su hipoglucemia requería de azúcar para tomar fuerzas. Durante todo el día permaneció en ese sitio. Antes de que la noche cayera, emprendieron el regreso por la misma pendiente. Sólo le dijeron que ya todo estaba listo y que lo dejarían en un lugar donde su familia pudiera encontrarlo.

Las fuerzas de Meredith eran pocas, se resistía a caminar.

-"No, no puedo no tengo fuerzas", les decía Meredith.

-"Nosotros somos hombres de palabra, te dijimos que te íbamos a sacar y como podamos te vamos a subir", asentían los plagiarios.

Los delincuentes cortaron un pedazo de cobija para salarlo y ayudarlo a subir por la pronunciada pendiente, que a la vez lo ayudaba a balancearse.

Cuando por fin lograron subir, Meredith pensó que su sufrimiento había terminado. Todavía lo hicieron caminar por un llano. El tiempo apremiaba, estaba por amanecer y su víctima cada vez estaba más débil, sus pasos se hacían más lentos. Los hampones querían llevarlo hasta el Jeep, pero aún estaba varios metros retirado. Fue entonces que vieron que por su condición no representaba ningún peligro y decidieron dejarlo custodiado por uno de ellos, mientras que los otros iban por el vehículo.

Por un espacio corto de tiempo los estafadores condujeron hacia un camino medio transitado, en donde bajaron a Meredith. Antes de abandonarlo a su suerte le dejaron una batería y un encendedor para que no tuvieran frío, además le advirtieron que lo habían dejado cerca de un pueblo.

El frío era intenso y la angustia también, encendió una fogata y su debilidad lo hizo recostarse un poco, mientras esperaba el canto de un gallo o el ladrido de un perro para asegurarse de que estaba cerca de un lugar habitado.

Al amanecer oyó cantar un gallo, esperó un poco y alrededor de las 9:00 horas empezó a caminar. Tenía mucha sed, sus captores le había dejado unas tortillas y unos pescados deshidratados, así como unas galletas con las que logró mantener su nivel de azúcar para poder avanzar.

Tras caminar 3 kilómetros, alcanzó a divisar un pequeño rancho. Estuvo pensando en bajar o no, no sabía si era gente de bien o si su pesadilla continuaría al llegar a pedir ayuda en ese lugar. "No quería que me agarraran otras personas y que la cosa siguiera adelante".

Su decisión no era fácil, pero sabía que si no llegaba hasta ese sitio se moriría de sed. A lo lejos alcanzó a ver cómo una pick up iba por el camino. Se sentó a un lado para esperarla, estaba decidido a pedir ayuda a quien fuera. Lo primero que vio era que traía placas mexicanas, estaba tripulada por dos "güeros" que se imaginó eran turistas. Sólo la vio pasar. Más adelante la pick up se detuvo y de ella descendieron dos de sus primos.

Esa pick up era parte de una brigada de 7 camionetas que ya habían emprendido su búsqueda tras el pago del rescate. Por radio se comunicaron: "Aquí lo traemos". Hasta ese sitio llegaron los demás, entre ellos su esposa, con quien se fundió en un abrazo fuerte. Sus corazones volvieron a latir, las lágrimas no se hicieron esperar, enjugaban el rostro de Meredith, de no poder creer cómo es que había sobrevivido a esa pesadilla.

A la entrada de la Colonia Juárez lo esperaban los habitantes, quienes se reunieron para darle la bienvenida. Lo primero que hizo fue bañarse, para sentarse con su familia para comer un delicioso trozo de carne, acompañado con elote y papa.

Aun con las marcas de las esposas en sus manos afirma que Dios fue quien le dio la fortaleza necesaria, ya que pensaba en la angustia de su familia, sentía su alma llagada de dolor por la desesperación de no estar con quienes más amaba, pero estaba seguro de que pasara lo que pasara estarían bien.

Su sufrimiento fue bárbaro, afirma el ahora liberado, quien tras tres días de libertad su vida volvió a la normalidad, "volví a nacer, no sabía que mis trabajadores me querían tanto, porque soy medio bruto con ellos, pero esto cambió mi vida".

Afirma que debe de tratarlos mejor, que se debe de controlar en sus palabras el maltrato que les ha dado. Mucha gente ha orado para que Meredith esté bien. Hoy Día del Padre para él es especial, pues estará rodeado de la gente que ama y que lo ama.

Cómodamente sentado en el sillón de su oficina, Meredith comentó que durante un mes previo a su secuestro el mismo vehículo en el que fue levantado pasó por el rancho, los maleantes ya le habían puesto el ojo y sólo esperaron el momento preciso para llevárselo, ya que cuando llegaron al rancho y durante el trayecto nunca notaron nada raro, sospechan de que los estaban esperando en unos álamos cercanos al río.

Meredith ahora sólo agradece la oportunidad de volver a vivir y pide fortaleza para que él y su familia logren superar sus miedos y heridas sicológicas.