Opinión / Columna
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Piedra de Toque
Ricardo Cuéllar Valencia
Espíritu de Flores Estrada (Segunda y última parte)
El Heraldo de Chiapas
17 de septiembre de 2010
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El autor empeñado en hacer creer al mundo, que el origen de los males es nuestra independencia, se propone hacer ver que no puede ser otro. Este, según él, no puede atribuirse a las empresas temerarias de los comerciantes; tampoco a la insolvencia de los bancos provinciales, que no pueden restablecer su crédito; ni a los empréstitos hecho a la América meridional y a la Gracia, ni a la perfección de las maquinas que disminuyen el numero de operarios, &c. &c. Infiere pues, que el origen de este mal desconocido no puede ser otro que el resultado de la diminución en la cantidad del numerario que anualmente se importaba a Europa. Este resultado de la diminución de numerario, que es el origen del mal, es todavía un resultado de la independencia. Es la razón: "Por que ni la Europa atrajo jamás esta cosecha por su comercio e industria, ni jamás la podrá atraer por este medio."
De esta aserción se deduce que solo se podría llevar la cantidad del numerario que anualmente se llevaba a Europa por los solos medios de que el gobierno español se valía antes. ¿Y cuáles son estos medios, compatriotas? ¿Podrán ponerse en planta sin reducirnos al estado anterior de esclavitud? Y después que ha costado tanta sangre hacer libre a la Patria ¿Sobreviviremos a su libertad?
"Sed mihirel tellus optem prius ima dehiscat, Val Pater omniputens adigat me fulmine ad umbras, pallentes umbras Erebi, noctemque profundam".
Mas para conocer el valor de esta proposición, que sienta el autor sobre su palabra, contraigamos a la nación Inglesa. La Inglaterra ha extraído la planta y oro suficientes para su riqueza representativa; no lo ha hecho por medios violentos empleados contra España, única posesora; ni menos por que esta nación le contribuyese graciosamente con algunos millones anuales: luego extrajo por el mismo medio que los extraía de España en donde los había, los extraerá de cualquier parte donde los haya, y cuando los haya. Digo esto, porque en América lejos de haber millones que sacar, se necesita de hacer empréstitos a la Inglaterra, y valerse de los ingleses para maquinas y fondos con que poner en corriente las minas.
Pero el autor de estas inflamatoria reflexiones, no parece si no que quiere alucinar al mundo entero, y en partículas a esa nación sabia, que conoce mejor que nadie sus verdaderos intereses, con la mira de que no se fije la atención en la verdad notoria de que" la libertad de América es ventajosa a todas las naciones de la Europa".
Sabemos que España no solo tenía estancados los metales preciosos, sino los demás frutos de América de que necesita Inglaterra; que los gastos de ida y vuelta y la ganancia de los comerciantes españoles, encarecían estos frutos para los ingleses; que puestos en Inglaterra los efectos necesariamente subían mas de precio, con razón de que se les recargaban nuevos costos y ganancias.
Pues bien. ¿Qué será mas cómodo a la nación Inglesa: comprar al cosechero; o al monopolista? ¿Comprar v. g. el añil a cinco pesos en España; o comprarlo en América a uno y medio? Según el señor flores Estrada seria una preocupación decir que no es mas cómodo a la Inglaterra ir a España por los frutos de América, que a la América misma: es la razón que la Europa es y ha sido impotente para atraer por su comercio el oro y plata de América, circunstancia que no se tuvo presente por los que creían que todas las naciones europeas, excepto la España iban a aumentar su riqueza con el nuevo mercado que se les abriría, independiente de América. Todas calcularon lo que tenían que ganar, mas ninguna calculo lo que con precisión tenía que perder. "La preocupación general" que naturalmente había de nacer de la falta de este cálculo, es lo que mi concepto, aun en el día hace que se desconozca, la verdadera causa del mal.
Aparece el texto firmado por S. C. Para información de nuestros lectores en "El Para-rayo" a lo largo de los 3 años de vida editorial encontramos treinta cinco veces las siglas S. C. para signar ensayos, poemas, cuentos y crónicas. No dudamos que tales textos son de la autoría de fray Matías de Córdova.