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Comunidad y Cultura Local
El Ritual de la Siembra
La casita de la siembra terminada en la ermita del Cerrito.
Los Zoques de Tuxtla
El Heraldo de Chiapas
11 de diciembre de 2008
Sergio de la Cruz Vázquez
La fiesta de Belén Zoque es en realidad una serie de ceremonias y rituales realizadas durante casi un mes que inició el pasado lunes 8, continúa del 21 al 24 y 31 de diciembre, y termina el 6 de enero del nuevo año, y que son ejemplo de nuestro extraordinario sincretismo cultural. Así, tenemos que la primera ceremonia mencionada es "La siembra" (de la milpita de los niñitos del Belén), que presenta simbolismos de carácter propiciatorio y adivinatorio, procedentes del antiguo calendario agrícola mesoamericano, mismo que subsiste hasta nuestros días entre los zoques contemporáneos de Tuxtla, muy a pesar de que nuestra ciudad ha perdido su interdependencia con las labores agrícolas. Este ritual costumbrista continúa realizándose con una fuerte carga de caracteres indígenas, aunque al exterior presente coincidencias con la fiesta católica a la Virgen de la Concepción y, en general, con el nacimiento del niño Jesús que en muchas partes de México han sustituido totalmente a la antigua fiesta agrícola. Esta celebración todavía se realiza en diferentes lugares de nuestra ciudad, como son la casa del prioste del Santísimo Sacramento de la Mayordomía Zoque en la 15ª Sur entre 2ª y 3ª Oriente, en la ermita del Señor del Cerrito ubicada en la 2ª Sur entre 6ª y 7ª Poniente, y en la iglesia de Copoya. Continuando con la ceremonia, tenemos que conforme van llegando los hombres a la fiesta, depositan la mazorca, vela y limosna correspondiente sobre el petate colocado ante el altar principal y las mujeres entregan los chayotes, rábanos, cilantro, cebollas de cola, frijol y albahaca. Y mientras llega la hora de la ceremonia, se sirven diversas bebidas y alimentos como son: chocolate con pan para los madrugadores, pozol blanco o de cacao para los que llegan más tarde, así como el putzatzé como almuerzo, todo elaborado con el indispensable trabajo de las incansables cocineras, pozoleras, chocolateras y sus ayudantas. Pero el primer trabajo, realizado el día anterior, fue la traída de cerca de un millar de hojas secas de plátano que servirán para formar la casita de la siembra construida por albaceas, priostes, mayordomos y otros componentes de la Mayordomía Zoque. Primero se coloca la canoa (tronco de madera de ahuecado plano), a cuyo alrededor se construye la casita de la siembra con varas de madera amarradas con lazo, para después irla cubriendo totalmente con un sencillo tejido con las hojas se guineo, incluyendo la pequeña puerta de acceso. Terminada la casita se rellena la canoa de tierra y se siembran las matitas de guineo, dejando en uno de sus extremos una pequeña loma con piedras, que simboliza el cerro Mactumactzá. La ceremonia festiva continúa con la desgranada de las mazorcas, participando hombres y mujeres, y el maíz así obtenido es puesto en borcelanas de barro o plástico que, al terminar son colocadas ante el altar principal junto con el frijol, las verduras y velas. Más tarde se realiza la "pasada" de la Santa Cruz que es colocada dentro de la casita, acompañada de los músicos y sin faltar el incienso como toda ceremonia ritual. Un receso sirve para recibir otra jícara de pozol blanco y cerca de las 3 de la tarde se sirve la comida, que consiste en el tradicional wacasis caldú, sin faltar la lavada de manos y el rezo ritual para agradecer los alimentos ofrecidos por los priostes de este cargo y a quienes lo elaboraron. Al terminar de comer se realiza la ceremonia de agradecimiento ante el altar. Y poco después de las cuatro de la tarde llega el momento de la ceremonia principal, donde primero corresponde a las priostas, socias e invitadas, casi una docena que se forman en orden ritual de sus cargos, el recibir un recipiente con maíz, algunas verduras y una vela encendida. Y encabezadas por la albacea caminan hasta la casita de la siembra, acompañadas con música de pito y tambor, ellas entran, se acomodan alrededor de la canoa y se cierra la puerta. Afuera los hombres han preparado varias cubetas y tinas con agua, para que cuando las mujeres han iniciado la siembra del maíz, comiencen a aventar el agua con jícaras y otros recipientes sobre el techo de la casita, tratando de mojar lo sembrado y a todas las mujeres del interior y rápidamente se escuchan los reclamos y gritos desde dentro, ya que no falta quien aviente cubetazos que empapan completamente a varias de ellas. Tal vez una representación simbólica donde la tierra recibe en su regazo la semilla y esta es fertilizada por el agua, es decir que las mujeres son la semilla que es fecundada por los hombres. Y al utilizar la mejor semilla de la recién terminada cosecha, también se previene que en la siguiente temporada haya buenas cosechas. Sin duda aún nos falta mucho por conocer y comprender la gran sabiduría de las antiguas culturas, su cosmovisión y el conocimiento de nuestra relación con la naturaleza. Pero la salida de las mujeres se festeja con risas y bromas hacia las que han sido más mojadas, ellas amenazan con hacer lo mismo a los hombres, terminando en una gran algarabía al ritmo de una "diana" de tambor y pito. A su salida son recibidas con una jicarita de licor y chocolate caliente "pa'l frío" y para evitar un resfriado. Mientras algunas se secan o van a cambiarse de ropas, otras permanecen mojadas y sin perder tiempo son llenadas de nuevo las cubetas y tinas que servirán para mojar a los hombres y el comentario de las mujeres dice "así como nos mojaron les va a tocar, ahora que se aguanten". Casi una veintena de hombres reciben su recipiente con maíz, alguna verdura y la vela correspondiente, para entrar a la casita, igualmente acompañados con música tradicional. Ya en el interior y con la puerta cerrada, apenas caben en el pequeño espacio y no tienen tiempo ni de acomodarse, mucho menos de sembrar, cuando empieza a llover agua por todas partes; las velas son apagadas a los primeros jicarazos y nadie se escapa de una buena bañada. Tanto del interior como desde afuera se hace gran relajo a cada cubetazo de agua que no deja parte seca en los hombres. Al salir son igualmente recibidos con burlas por la gran mojada y con su jicarita de licor o chocolate para quitar el frío. La ceremonia termina con la alegría general y no falta la "diana" de los músicos tradicionales de jaranita y de tambor y pito, que han tocado, en tiempos espaciados, durante casi todo el día. La fiesta-ritual continúa por un momento más, para comentar lo acontecido durante la "bañada" de los participantes y brindar por la continuidad de nuestras tradiciones y costumbres zoques. Y después de casi ocho horas, cada uno se va retirando, no sin antes agradecer a los priostes del Santísimo, las Chabelitas y los niñitos del Belén, señor Roque Sánchez de la Cruz y señora Esperanza Velásquez de Sánchez, por la atención recibida. Todos regresan a sentarse un momento más, para poco después iniciar la despedida de la fiesta, no sin antes persignarse ante el altar y dar el saludo general. Varios de los participantes toman algunos granos de maíz, como reliquia del altar, para realizar la siembra en su casa ya que, como mencionamos anteriormente, esta ceremonia era común en la mayoría de los hogares tuxtlecos. Así, tenemos que con la realización del ritual de la siembra de la milpita de los niñitos del Belén Zoque, el 8 de diciembre, dieron inicio las festividades agrícolas prehispánicas, que aún son realizadas por los zoques contemporáneos de Tuxtla. Así que el 24 de diciembre, cuando dicha siembra se saque de la casita, se conocerá el pronóstico de las cosechas del próximo año. Tizcotá coyanás (Gracias, tierra de los conejos). |
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