Comunidad y Cultura Local
Sin excusa ni pretexto... el teatro en Chiapas
El Heraldo de Chiapas
30 de agosto de 2008

Damaris Disner



El teatro en Chiapas no vive de temporadas. Temporadas en los viernes de teatro en la Sala Carlos Olmos del Coneculta-Chiapas. Chiapas que intenta no claudicar en el viejo oficio de la representación. Representación que conjuga los verbos trabajar, resistir, improvisar, sentir, llorar, reír, vivir. Vivir del teatro no es fácil, es tarea pendiente que no es de encargo, ni de paternalismos, ni de medias tintas. Tintas que desearían los teatristas, teatreros, saltimbanquis, directores, dramaturgos, tramoyistas, titiriteros, vestuaristas, iluminadores, plagaran la ciudad para anunciar que se hace lo imposible en un reducido espacio para salir a flote, para izar las velas, para plantar bandera, para que el esfuerzo de muchos -estamos de acuerdo que el teatro no se puede hacer solo, aunque sea monólogo- no vaya al precipicio y una pequeña ráfaga de indiferencia nos aviente al vacío triturándonos las ansias de volar. Volar la imaginación pidió el director Luis Castillo al presentar la obra "Inagada la vida" del dramaturgo Alejandro Licona. Licona que se caracteriza por el tratamiento cómico que hace de los conflictos humanos. Humanos que nos vimos reflejados en la actuación de Julio Castello, defeño avecindado en Chiapas que toma como propio buscar espacios para desarrollar su pasión-necesidad de expresión. Expresión que inundó la Sala Carlos Olmos al final de la breve temporada. Temporada gratuita, que reunió escaso público en la sala, pero que la intimidad del lugar permitió intercambio de ideas, reflexión en voz alta, sobre la pérdida de facultades en las personas de la tercera edad. Edad que no debería representar el abandono, la indiferencia, la soledad. Soledad que termina siendo cobijo de muchos, jóvenes o viejos, terriblemente sacudidos por el dolor de no recordar lo que cotidianamente hacemos o necesitamos hacer. Hacer, verbo fundamental en el teatro. Teatro chiapaneco, sin excusa ni pretexto, a pesar de las vicisitudes, de los tropezones, de la escenografía invadida, de la escasa publicidad, de las butacas vacías... de la ausencia. Ausencia que se busca remover y permitir que alguna vez, los espacios sean colmados de estudiantes ansiosos, amas de casas con la cacerola en la mano, burócratas sin otro interés que presenciar para lo que trabajan, niños reflexivos, policías sentenciados a escudriñar la psiquis, maestros comprometidos. Comprometidos todos para habitar las posibilidades infinitas del quehacer teatral.