Comunidad y Cultura Local
Manuel Suasnávar: Premio Chiapas en Arte 2011
PIEDRA DE TOQUE
El Heraldo de Chiapas
24 de diciembre de 2011

RICARDO CUÉLLAR VALENCIA



Que el Premio Chiapas en Arte, este año aciago, haya sido otorgado a Manuel Suasnávar Pastrana, es un verdadero acierto de parte del señor gobernador, Juan Sabines Guerrero. Cuando supe que le habían concedido las paredes interiores del Palacio Municipal de Tuxtla Gutiérrez para que realizara la Capilla Tuxtla intuí que iba derechito hacia el Premio Chiapas, tan esperado por los amigos del pintor. Nos alegra y agasaja que sea Manuel en esta ocasión el merecedor del premio por los meritos bien logrados gracias a su trabajo constante de caballete y muralístico.

Conozco a Manuel desde que llegue a Chiapas. A partir entonces hemos trabado una amistad sincera y profunda, clara y enriquecedora. Nuestras conversaciones, en cada ocasión, han sido muy gratas, plenas de ricas ideas, de profunda poesía en la música hispanoamericana escuchada y algunas mexicanas, entre otras, cantadas por él, y las palabras leídas de muchos poetas afines y habladas -digo recreadas- y sobre todo de compartir y pensar la dura y difícil, bella e ineludible época que nos pertenece generacionalmente. Somos del mismo año, junto con nuestro querido y común amigo Erwin Rodríguez, con quien hemos convivido y bien bebidas tardes y/o noches de insondables batallas por las sendas de la vida política y estética, literaria y chiapaneca, hispanoamericana y universal.

Manuel es un trabajador incansable en el terreno, difícil y arduo, ingrato y noble como es el arte de pintar. Siempre que hablamos trae entre manos un proyecto, con las ideas de una serie, con búsquedas que lo instan a seguir creando. Conocedor del arte de todos los tiempos, con gustos muy propios y una ferviente atracción por lo chiapaneco ha sabido dar existencia artística a momentos singulares de la vida, costumbres, formas de ser de la cultura de tierra caliente, chiapacorseña en especial, y recientemente de la tuxtleca.

Escribí, junto con Patricia Mota, días después que el presidente municipal de entonces, Jaime Vals Esponda, inaugurara la Capilla Tuxtla, un texto analizando esa obra y un poema dedicado a su trabajo creador. No me voy a repetir. Deseo en esta ocasión saludar el bien merecido premio al amigo querido.

Manuel es un hombre de una personalidad clara y alegre, portador de un humor a flor de piel que muerde, a veces tan incisivo que revela socarrón y sutil lo que no quiere decir y dice, siempre gozoso; persistentemente inventivo con los vocablos para designar las cosas de la vida cotidiana; el tono de su voz crea la imagen auditiva de quien mastica las palabras con un infinito placer y su contundencia es tan limpia y exacta como las ideas que desea expresar. Por ello su conversación es modulada y precisa, propia de alguien que al hablar piensa más allá de decir ocurrencias, por oportunas que sean. Además, es una fortuna, sabe dialogar. No es dogmático a pesar de las certezas sobre sí mismo. Expone sus ideas y las sustenta con claridad teórica e histórica, estética y política. Reconoce y se distancia, argumenta y polemiza. Sabe reconocer las ideas del otro. Cada uno aprende del otro, simplemente. Estas cualidades me han permitido ser su verdadero y auténtico amigo.

En el más amplio sentido de la palabra Manuel es un poeta. Vive y sueña como poeta. Condición elemental de todo artista. Y no es que viva en las nubes o cosa parecida. No. El poeta de hoy es el que sabe sentir, percibir, recrear el mundo que asume y se entrega a él por entero, sin menoscabo de su existencia. Ser Poeta -con mayúscula como lo indicó Aristóteles- es tener las antenas bien puestas ante el acontecer del mundo y darle vida desde el arte que le pertenece a cada creador.

Las raíces chiapanecas de Suasnávar vienen de la colonia, baste recordar que una meritoria educadora del siglo XIX fue una eminente señora Suasnávar en San Cristóbal de Las Casas, además de hombres dedicados a la política. De la parte Pastrana sabemos que en España existió la Casa Pastrana, cuyo duque principal algo tuvo que ver en el siglo XVI con las andanzas y travesías de Miguel de Cervantes.

La chapaqueneidad del artista es de rotonda raigambre. Y muy especialmente su emocional condición de saber entrar en las entrañas de una tierra que lo ha iluminado hasta convertirlo en uno de los artistas más auténticos del Estado.

La paleta de Manuel ha sido bien definida por los colores que ha elegido -siempre festivos- y las formas con las que traza cada obra. En eso reside su originalidad, lo inconfundible, la huella o símbolos que la definen. Y obvio en las historias que cuenta y la manera como ve, retrata, define personajes y situaciones. Detrás de todo ello la visión de un surrealismo mágico coloca su obra en un espacio de ricas recreaciones del inconsciente colectivo que exigen estudio, reflexión, análisis e interpretación. Un pintor que investiga y piensa, imagina y lucha por lograr decir algo diferente es un auténtico artista. En la obra de Manuel no hay improvisación, menos protagonismo. Lo que logra es producto de esos trajines que se impone, en noches y días de trabajo meditativo, entre silencios y diálogos, intuiciones y visiones en medio de sus fantasmas y obsesiones, delirios y sueños. Por ello cada obra que realiza es madura, rica, significante.

Es pertinente señalar que el apoyo de su esposa, Elsita Cansino, ha sido muy importante, oportuno, decisivo para que el artista cuente con las elementales condiciones afectivas y familiares para el desarrollo de su trabajo. Me alegro por ellos y, obvio, por la emoción que viven sus hijos e hijas.

Todo lo que he escrito y publicado sobre la obra artística de Manuel Suasnávar lo he realizado con verdadera y auténtica pasión y certeza, claridad y reconocimiento; por ello, evidentemente, me excité el 21 de diciembre al recibir la llamada de Manuel para compartir el otorgamiento del Premio Chiapas en Arte. No pude acompañarlo al acto de recepción del galardón, pese a mi deseo, dado que exactamente el 22 celebré los XV años de mi hija, Cynthia Ixchel. No importa. Aquí estoy. Felicidades, querido amigo.