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Comunidad y Cultura Local
Nuestro 5º aniversario "Los Zoques de Tuxtla: Latir del Tiempo"
LOS ZOQUES DE TUXTLA
El Heraldo de Chiapas
18 de marzo de 2010
SERGIO DE LA CRUZ VÁZQUEZ
Valeria Valencia Salinas Un día, hace más de cinco años, Sergio de la Cruz Vázquez llegó tranquilamente a esta sala de redacción para preguntar, con diskette y fotos en la mano, si pudiera iniciar un espacio en la sección cultural que hablara de la cultura zoque de Tuxtla. Pensé que se trataba de una emoción pasajera que en poco tiempo se diluiría. Pero nunca imaginé el tesón y la constancia con la que Sergio, combinando su trabajo de oficina, sus deberes como padre y la asistencia a casi todas las celebraciones, iría entretejiendo un espacio, ahora necesario y urgente, fuera de la maraña informativa a la que nos tienen acostumbrados diariamente. Y es que decir CINCO AÑOS no cuesta nada, pero su trabajo constante y con horarios totalmente alejados del burocratismo cotidiano, es de admirarse. Porque esta labor se hace cuando se tiene entramado y firme el corazón, como las hojas y flores de los joyonaqués, enraizado en aquello que se ama totalmente. Ahora tenemos que el registro documental, vivencial y gráfico de Sergio de la Cruz es bastante conocido por quienes leen en El Heraldo de Chiapas semana tras semana, "Los Zoques de Tuxtla"; aunque de seguro a muchos todavía no les ha "caído el veinte". ¿Hay zoques en Tuxtla?, ¿En la moderna ciudad capital, la que tira edificios viejos para levantar Mac Donald's, la que se avergüenza de su raíz y rostros indígenas? ¡No, imposible! Y es que don Sergio, como lo llama la gente, con paciencia ancestral y su forma meticulosa de escribir, nos arroja a la cara nuestra verdad, nos rubrica que sí, que entre la maraña de carros y edificios están los zoques, aquéllos que se mantienen firmes en sus tradiciones, aquéllos que con sus tambores y carrizos, con su orgulloso penacho y faldas rojas cambian el gris panorama de la ciudad al continuar celebrando, con antiguos rituales, el calendario agrícola de los pueblos mesoamericanos. Pero también nos llena el rostro de vergüenza cuando nos recordó la miseria en la que vivían don Isaac y doña Antonia, casi centenarios y extintos patriarcas zoques que vivían de su indigente cosecha en la cima del Sumidero, bajo el exiguo cobijo de su choza de carrizos y teja de láminas, quienes no pudieron recoger su última cosecha porque les negaron el "permiso" de regresar a su casa: nuestra "gloriosa maravilla natural". La cara se nos sigue llenando de vergüenza cuando, con un dejo desesperado, nos narra la forma en que los tuxtlecos nos expresamos de las antiguas danzas zoques cuando, con toda nuestra ignorancia les encaramos que "mejor se pongan a trabajar" y hasta los llamamos "voladores de Papantla". Con él también hemos sufrido la partida de quienes dieron su voz, su aliento y su vida, entre sus miles de colores, de sabores y el retumbar de pitos y tambores: Doña Juanita Montejo, la abuelita zoque de todos los que la conocimos, los maestros piteros don Ramón Chacón y Fernando Alegría, el maestro jaranista Julio Aquino y otros más que sólo han tenido su esquela en el espacio donde Sergio nos enseñó a conocerlos y admirarlos, a guardar un poco de ellos. Pues más que sólo rituales, costumbres, fiestas, modos, lo que este espacio cultural nos ha mostrado en 267 números consecutivos y sin interrupción alguna, a pesar de todos los obstáculos que ha encontrado, es una forma de vida totalmente ligada a lo más profundo de nuestro pasado colectivo, ése que a diario intentamos lavar con el jabón y el estropajo de la modernidad. "Los Zoques de Tuxtla" nos recuerda a los hombres y mujeres primigenios, aquéllos que con sus pies desnudos araban la tierra y que hoy sólo encuentran cemento y asfalto. Sin embargo, no nos invita a esa inútil nostalgia por el pasado, sino que nos llena la mirada de futuro y pisar un presente firme, inquebrantable, pero dulce como el puxinú, y suave placer como el inigualable "curadito". No necesitamos desear larga vida a esta labor y este espacio lleno de vida, pues lo que venga ya es ganancia. Ahora nos toca a nosotros asentarnos en nuestra historia para escribir el futuro. Tizcotá Sergio de la Cruz Vázquez, Tizcotá Priostería del Cerrito, Tizcotá Mayordomía Zoque por regalarnos, por hacernos sentir cada ocho días el verdadero Latir del Tiempo. ¡Que Vivan los Zoques de Tuxtla! Antrop. Juan Ramón Álvarez Vázquez Nuestras costumbres, tradiciones, rituales, gastronomía, danzas, personajes, son una rica herencia cultural legada por los antiguos zoques de Tuxtla, y es la que la que existe hoy día, la que se resiste a morir en su esencia étnica; que pese a encontrarse inmersos en la "postmodernidad" de una ciudad como la nuestra, de tener conflictos religiosos con su Diócesis católica (quienes desde siempre han tratado de terminar con estas antiguas costumbres y tradiciones) y sus propios problemas económicos, los zoques de Tuxtla afirman y confirman su identidad étnica, esa identidad que va desde las cosas simples como el comer tamales de cuchunúc, tomar pozol sin azúcar, elaborar un somé o ramilletes, asistir a las fiestas o bailar sus danzas tradicionales, entre otras tantas cosas más. En fin, una enorme riqueza cultural, casi siempre olvidada por las autoridades en todos los ámbitos, desde esa trinchera los zoques de Tuxtla manifiestan lo que fueron, son y serán. Así que al leer un artículo de "Los Zoques de Tuxtla", de Sergio de la Cruz Vázquez, pareciese que esta etnia habla por sí misma y manifiesta su existencia a través de sus tradiciones y costumbres, ahí nos damos cuenta de que somos parte de ellos, somos parte de la vida cotidiana de los zoques que año con año celebran su vida de acuerdo a los antiguos rituales del ciclo agrícola. Es curioso saber que rodeadas de edificios "modernos", inmersos entre calles de asfalto y concreto, aún exista quienes piensen en danzar al Sol, a la Luna, a las divinidades de la lluvia y la fertilidad; agradecerle a la tierra por los frutos recibidos, adornar altares con ramilletes de origen prehispánico. Sin embargo así es, los zoques de Tuxtla siguen presentes, y más aún cuando existen medios como El Heraldo de Chiapas, que permite la difusión de su riqueza cultural, de tal forma que ésta sirva para preservar la memoria colectiva de un pueblo que mantiene su identidad y se niega a desaparecer. Y esto se ha podido lograr mediante un trabajo personal y cotidiano realizado, durante dos largos años, por Sergio de la Cruz, que materializa en amenas crónicas y excelentes fotografías todas nuestras tradiciones y costumbres zoques. Tizcotá Sergio por escribir, por darnos a conocer lo que somos y hacemos. Tizcotá a los que domingo a domingo leen "Los Zoques de Tuxtla", a quienes como yo lo leemos a través del internet, facilitando y sirviendo como referencia en nuestros estudios. "Los Zoques de Tuxtla" nos reúne a su alrededor, y así juntos fortalecer a nuestra etnia que está en peligro de desaparecer, a un pueblo fuerte y alegre, a una antigua cosmovisión que le da sentido a su vida. Brindemos porque "Los Zoques de Tuxtla" vivan por muchos años más. Tizcotá. |
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