Comunidad y Cultura Local
La revolución en Chiapas (Primera de dos partes)
El Heraldo de Chiapas
20 de noviembre de 2009

José Luis Castro A.



1. Antecedentes



La revolución armada que se inició el 20 de noviembre de 1910, en el centro del país, no tuvo consecuencias directas en el estado de Chiapas. Aquí se permanecía, por la enorme distancia que la separaba y por el casi total aislamiento en que se vivía en aquél entonces, al margen de la sangrienta guerra campesina. Guerra encaminada a la destrucción de la dictadura porfirista que por más de tres décadas había ejercido el poder en forma despótica y arbitraria en favor de las clases dominantes.

"En nuestro estado la revolución agraria (dice Antonio García de León) influyó para la movilización de algunos sectores de la ciudad, pues los campesinos aún no vivían las condiciones subjetivas, políticas e ideológicas que los hicieran participar de manera activa contra el porfiriato y el sistema que éste representaba en el aislado agro chiapaneco" (1).

Aquí en Chiapas, un grupo de terratenientes y el alto clero de los Altos aprovechan la revuelta (so pretexto de adherirse al movimiento armado de 1910) para rescatar la hegemonía política (la sede de los poderes del Estado) arrebatada por los terratenientes del Departamento de Tuxtla (2). En efecto, al tenerse conocimiento de la lucha que se libraba en el norte del país para destruir la dictadura, un grupo de terratenientes en unión del alto clero de San Cristóbal Las Casas, dirigen sus baterías en contra de la facción liberal-terrateniente de Tuxtla; ésta era la oportunidad esperada durante 20 largos años para rescatar el poder político que les había arrebatado en 1892; era la oportunidad de vengarse de los viejos tiranos que les habían retirado el apoyo incondicional para dárselos a los terratenientes de tierra caliente.

Por tal motivo, se empezó a incitar a los indígenas tsotsiles y tseltales para que se levantaran en armas en contra del "rabasismo", representante del novel grupo de poderosos terratenientes y representante personal de la dictadura de don Porfirio Díaz en tierras chiapanecas. Con la caída del presidente dictador, don Ramón Rabasa, hermano de don Emilio, presenta su renuncia como gobernador constitucional del estado al Congreso local. Con la renuncia de don Ramón Rabasa da fin en Chiapas el antiguo régimen dictatorial implantado desde 1892 por su hermano Emilio. Fuera ya del gobierno don Ramón Rabasa y don Porfirio Díaz, se inicia una lucha por el poder político entre las fuerzas conservadoras de los Altos de Chiapas y los terratenientes liberales del valle de los Corzo, Frailesca, Jiquipilas y Tuxtla.

La lucha armada entre ambos bandos fue por el deseo de detentar el poder político dejado por los Rabasa, como lo demuestran documentos publicados en aquella época. Los primeros luchaban por el poder político que habían perdido 20 años atrás; y los segundos, por conservarlo. Los terratenientes alteños, como ya lo dijo, en otra parte, García de León, basaban su poder en la servidumbre y control mercantil de las comunidades aldeanas de indios tsotsiles y tseltales, y cuyo poder databa desde la época colonial, mismo que no pudo ser destruido, ni siquiera modificado, por la Independencia; y los de la Depresión Central la basaban en las jugosas ganancias que obtenían de la exportación de ganado y de algunos productos agrícolas.

El primer pronunciamiento de rebelión armada, en contra del gobierno del estado, lo hicieron los sancristobalenses el 3 de julio de 1911, como demostración de inconformidad por el nombramiento del ingeniero Reynaldo Gordillo León como gobernador interino; esto porque el ingeniero mencionado no garantizaba los intereses de los terratenientes alteños, sólo el de un grupo: el formado recientemente a la sombra de don Porfirio Díaz y don Emilio Rabasa. Por tal motivo, se formó, en la capital del estado, el batallón de voluntarios "Hijos de Tuxtla" para defender las instituciones gubernamentales legalmente constituidas.

La segunda vez que se pronunciaron fue el 14 de septiembre del mismo año; en esta ocasión porque los tuxtlecos habían obtenido mayoría en la Cámara de Diputados. Los sancristobalenses se levantaron en armas como la vez anterior, pero ahora con el pretexto de "sostener con las armas en la mano los principios de la Revolución triunfante. . ." (3).

"El mal...está en Tuxtla, en el medio en que residen los poderes (afirmaban los sublevados) y es necesario sacarlos de Tuxtla para dar nueva orientación a la política... esta es la justa demanda, la legítima aspiración de todo Chiapas..." (4).

Pero, como dice el historiador Luis Espinosa, "no es ni puede ser cierto que los cristobalenses al rebelarse contra el gobierno del estado, legalmente constituido, los hicieran por abolir el antiguo régimen ni mucho menos por implantar los principios revolucionarios... "(5); pues si en realidad querían abrazar la causa de la revolución lo hubieran hecho en 1910 cuando se les invitó y, sin embargo, no lo hicieron en esos días: esperaron hasta que triunfara el movimiento y cayera don Porfirio para declararse revolucionarios.



2. La revolución y la contrarrevolución en Chiapas

El 8 de septiembre de 1914 llegan a Chiapas las fuerzas victoriosas de la revolución constitucionalista y con ellos el trastrocamiento de las añejas estructuras. Una de las primeras medidas revolucionarias adoptada por el nuevo gobierno fue asumir los tres poderes del estado y promulgar el decreto referente a la "Ley de Obreros". Decreto que declaraba que las deudas de los sirvientes quedaban abolidas; además, establecía un salario mínimo para los trabajadores del campo, fijaba la jornada máxima de trabajo, prohibía las tiendas de raya, exigía algunas prestaciones sociales (seguridad social, escuelas, etcétera), mencionaba la sanción a que se harían acreedor los que maltrataran a sus trabajadores, entre otras. La División Veintiuno, que llegó a Chiapas, venía comandada por el general Jesús Agustín Castro al frente de 1200 oficiales y soldados.

La abolición de la servidumbre, por medio de esta Ley, rompería con la antigua estructura de la hacienda colonial, base de la economía chiapaneca y fuente de la riqueza de los ricos terratenientes. Por tal motivo, la reacción de los terratenientes y hacendados chiapanecos fue inmediata: se levantaron en armas, es decir, propiciaron un movimiento contrarrevolucionario, y con el triunfo de este movimiento se afianzó nuevamente la continuidad en el poder de los ricos terratenientes chiapanecos (1920), cuyos lugares de origen eran la Frailesca, Departamento de Tuxtla y los Cuxtepeques, así como también de los Altos: San Cristóbal Las Casas, Comitán, Simojovel, Chilón, Ocosingo, etc.; el Soconusco y otros municipios más, grupos de estos lugares que se han alternado, desde entonces, el poder público.

La primera sublevación armada, anticonstitucionalista, se inicia el 2 de diciembre de 1914, en la Depresión Central de Chiapas, encabezada por Tiburcio Fernández Ruiz, rico terrateniente de la Frailesca. Se tomó como pretexto "el pisoteo de la soberanía chiapaneca" que hacían, desde su arribo a la entidad, las tropas constitucionalistas al mando del general Jesús Agustín Castro, representante personal, en Chiapas, de don Venustiano Carranza.

Pero lo que los terratenientes frailescanos ocultaban, verdadero motivo de la sublevación, era el hecho de que se habían levantado en armas como reacción a las radicales reformas del carrancismo, producto de la revolución de 1910. Tiburcio Fernández Ruiz forma y dirige la famosa "División Libre de Chiapas", división que daría infinidad de dolores de cabeza a las fuerzas revolucionarias de Carranza. La "División Libre de Chiapas" se integraba por pequeñas guerrillas que encabezaban distinguidos hacendados y terratenientes, en tanto que las tropas estaban integradas por mozos, peones, acasillados, etcétera. Mediante la "División Libre de Chiapas" los frailescanos lograron movilizar grandes contingentes de hacendados y mozos del valle de Jiquipilas, Cuxtepeques, Tuxtla y la propia Frailesca. Entre las fuerzas anticarrancistas, figuraron por su estrategia de lucha, Sínar Corzo, Tirso Castañón, Fausto Ruiz Córdova, Francisco G. Ruiz y Agustín Castillo Corzo, alias "El desorejador", por haberles quitado las orejas a 13 indígenas de San Juan Chamula.

Mientras tanto, los terratenientes y el alto clero de San Cristóbal permanecían al margen de la contienda, sin saber qué hacer; sin decidirse a tomar partido. ¿A quién de las partes ir? ¿Con quién tomar partido: con las fuerzas revolucionarias o con sus antiguos enemigos?



El acta que celebraron los contrarrevolucionarios decía, textualmente:



"En vista de los actos vandálicos de que viene siendo víctima la familia chiapaneca por parte del odioso grupo armado que ha invadido el suelo chiapaneco, enviado por el gobierno carrancista sin otra bandera que pisotear nuestras instituciones políticas, base de nuestra soberanía y declararse dueño de honras, vidas y haciendas, sembrando por todas partes el dolor y la miseria y atacando lo que de más sagrado tiene el hombre, el hogar; hemos resuelto, los suscritos, levantarnos en armas en defensa de la sociedad, con los elementos que el pueblo chiapaneco justamente indignado, pueda darnos; siendo de advertir que no cejaremos en nuestros propósitos hasta ver lograda la expulsión del filibusterismo carrancista del territorio del estado, así como poner al frente de los destinos del mismo, un gobierno legítimamente emanado de la voluntad del pueblo chiapaneco que tiene, más que cualquier otro de los que forman la federación mexicana, el derecho de exigir el debido respeto a su soberanía..." (6).

Tal era el acta que justificaba el movimiento iniciado por el terrateniente frailescano, Tiburcio Fernández Ruiz.

Pronto se adhirieron otros grupos de ricos hacendados del entonces Departamento de Comitán, encabezados por don Ernesto Castellanos. Esto sirvió de ejemplo para que los sancristobalenses también se levantaran en armas. Uno de los primeros en hacerlo fue don Lisandro Villafuerte, exoficial del Ejército federal.

Fue hasta el año de 1916 cuando Alberto Pineda Ogarrio se puso a las órdenes de Tiburcio Fernández Ruiz; como era lógico, hizo a un lado el orgullo y el odio que sentía por los hacendados que les habían arrebatado, años atrás, el poder de sus ancestros. Don Alberto Pineda, hijo de una riquísima familia aristocrática sancristobalense, fue el defensor de los intereses de la clase pudiente de los Altos de Chiapas. Lo mismo defendió sus fincas que las de su clase social, a él tampoco le convenía que hubiera un cambio en la base económica de la sociedad de aquella época, como tampoco le convenía el mejoramiento de sus trabajadores, ni el de los demás finqueros. Era, pues, necesario luchar por el mantenimiento del mismo estado de cosas. ¡Por qué permitir su transformación, si así se vivía muy bien! ¿O no?

Así pasaron cuatro años, cuatro años de enfrentamientos continuos, cuatro años por la lucha del poder político hasta que:



"La muerte de Carranza y la política conciliatoria del gobierno provisional de Adolfo de la Huerta pacifican a los núcleos rebeldes, quienes exigen respeto a la soberanía chiapaneca en el gobierno local. Los mapaches se declararon seguidores de Agua Prieta y, en 1920 -después de varias gubernaturas provisionales en manos de la oficialidad mapache-, Tiburcio Fernández Ruiz es nombrado gobernador y comandante militar" (7).



Por otra parte, "al término de una larga negociación, el presidente Obregón nombró a Pineda general del Ejército de la nación a fines de 1920 y acepta endosar las deudas que éste había contraído para financiar la lucha contrarrevolucionaria" (8). Con esto, los terratenientes chiapanecos, tanto de tierra fría como de tierra caliente, tenían asegurado el poder nuevamente. Los logros que habían obtenido las clases obrera y campesina ya no se hicieron realidad. El reparto de la tierra, sobre todo de los grandes latifundios, se encarpetó, se archivó, al grado de que hoy en día existen, aún después de las dos "revoluciones", grandes extensiones de tierras por repartir en la Frailesca y Ocosingo. La justicia social se sigue esperando en Chiapas, y los resultados de la revolución que transformó al país en los años diez, también.