Comunidad y Cultura Local
Los vientos del sur
El Heraldo de Chiapas
20 de noviembre de 2009

Gumasat



A manera de introducción: hay ocasiones en las que, a pesar de la crisis, las cosas parecen salir bien y soplan buenos vientos. Aquí un trabajo de mi autoría sobre la esperanza en el futuro.

Martín camina despacio por la empedrada calle oscura, oscura como boca de lobo; sus pisadas resuenan en el adoquín del pavimento sucio, sucio como alma de usurero, como comportamiento de hijo ingrato. Sus pasos lo llevan de regreso a casa, donde espera descansar un rato después de trabajar muchas largas horas -tantas- en esa empresa voraz, voraz como animal goloso, como amante insaciable.

Sabe que pronto terminarán sus estudios de licenciatura y que tal vez -sólo tal vez- pueda ascender rápidamente en un buen trabajo que aprecie su entrega y compromiso, además de sus conocimientos. Sabe que de entre la población, él y otros recién graduados como él, son el grupo más vulnerable para no encontrar trabajo, pues un recién egresado no tiene experiencia y sabe un poco de todo, que es lo mismo que mucho de nada.

Siente en su espalda el frío viento nocturno que besa su garganta -helada caricia que lo hace temblar-; sabe que pronto se despedirá de su amargado y envejecido jefe -amargo como hiel en explosión, viejo como el tiempo mismo-, sabe que fue aceptado en la gran empresa, sabe que está cosechando los frutos de tantas noches de esfuerzo en el estudio y trabajo laborioso de día.

Camina con paso firme y las estrellas saludan su camino -titilantes luceros trasnochados-; aunque no tiene propiedades ni algún bien material, sabe que está en el principio del éxito, de su éxito personal -anhelado triunfo que se había estado escondiendo en su vida-.

Soplan vientos favorables, son los vientos del sur que traen aire fresco al continente del norte, son buenos vientos que anteceden a las pródigas lluvias, a la explosión de vida que conlleva la renovación de las especies. Martín Zapata entra en su pequeña guarida, tan sola, tan vacía, tan cálida, tan suya, tan bella...

Se asoma por la ventana y divisa el horizonte nocturno, iluminado por dispersos rayos, distante como estrella fugaz, enorme como la esperanza; las lejanas montañas parecen hoy más cercanas que ayer; las aves nocturnas vuelan veloces en su loca carrera por conseguir alimento y marcharse a cualquier refugio ante la tormenta que se avecina. Martín Ernesto Zapata percibe en sus fosas nasales el olor de tierra húmeda que golpea gratamente sus sentidos.

Es el viento del sur que cabalga tierra adentro, continente arriba, para mojar con su helado llanto la tierra negra, negra como esta noche de tormenta, para colmarla de vida nueva, de vida viva, de verdor, de alegría y sabor. Martín Ernesto Zapata Madrigal escucha los rayos que se aproximan -estruendos nocturnos que rasgan los silencios-; el viento aúlla su violenta canción, las nubes sombrías son corceles sudorosos que descargan su peso, oscuras saetas que cruzan el espacio llorando, siempre llorando.

Las nubes son ya formas vagas que se disuelven en la noche, devoradas por el viento que las posee, las dobla, las deshace, las deforma, las rehace; el agua fría cae constante, fría como la cruel realidad, sabrosa como el triunfo; la lluvia es una cortina transparente que cubre todo, pantalla húmeda que llena de vida a la tierra sedienta; el diluvio cae y cae a través de la noche, parece no tener fin. El aguacero cae magnífico al compás de la noche, al ritmo del viento. Las estrellas son recuerdos escondidos detrás de los nubarrones; los rayos son el grito de la noche.

Pasa la lluvia y queda su olor; las gotitas caen por algún tejado, casi silenciosas; el sonido de la noche es muy distinto después de un buen chaparrón; las calles están limpias ahora y la ciudad tiene un rostro distinto, casi sonriente.

Las lejanas montañas de allá enfrente se ven luminosas después de la lluvia, iridiscentes, como si agradecieran este regalo del cielo; la vela que ilumina su cuarto se apaga con el viento. Martín cierra la ventana y se tumba en la cama. Tiene buenos sueños. El viento del sur trae buenos presagios para Martín, siempre ha sido así.