Comunidad y Cultura Local
Armando Duvalier, poeta no valorado en su justa dimensión
Fue un auténtico poeta negro
El Heraldo de Chiapas
11 de noviembre de 2009

El poeta, cuentista y crítico literario Armando Duvalier Cruz Reyes nació en la colonia Echegaray, municipio de Pijijiapan, Chiapas, el 26 de agosto de 1914.

Escritor y poeta, cantor lírico de estilo elegante y colorido que supo manejar impecablemente las diversas formas poéticas de la lengua española, a la par de un lenguaje musical que singularizó en su poesía negra. Excelente versificador y crítico literario que manejó con facilidad el lenguaje literario y poético. Autor de una obra poética extensa y polifacética, de altos vuelos, llena de imágenes y metáforas, muchas veces soslayada por la crítica. En 1936 introdujo a Chiapas la poesía japonesa (Hai-Kais,) y en 1961 la poesía negra con el poema ¡Vámonos al Vudú!, es decir, irrumpió el jardín de las letras chiapanecas con su propuesta de crear versos negros con luz, color y música (el potencial poético del negrismo quedó al descubierto); además, creó la nueva forma de expresión poética denominada alquimismo: la música a través de las palabras, que fue su aportación más valiosa dentro de la historia de la poesía mexicana; y la retornela, nueva composición poética para temas líricos.

Su obra literaria la resumimos en el siguiente listado: Poetas Chiapanecos (antología, 1940), Un gran poeta regionalista (estudio crítico, 1940), Tibor (Hai-Kais, 1943), Trayectoria poética de Leopoldo Ramos (crítica, 1943), Con el hermano Francisco de Asís (poesía, 1946), Elocuencia del corazón (poemas, 1948), Retornelas y otros poemas (1954), Pagre Piegra (cuento, 1957), Cuando te nombro Chiapas (poemas, 1958), Mariposas de laca (Tankas y Hai-Kais, 1958), Tribulaciones por un joven dinosauro (poema alquimista, 1961), La poesía de José Emilio Grajales (crítica, 1961), Poesía negra americana (breve antología, 1962), Canto de amor a Chiapas (poemas declamables, 1963), La niña y su hipotenusa (poema alquimista, 1963), Dame la palabra y la música florida (poesía, 1985), Poemas Alquimistas (1986); Soconusco (poemas, 1987), De azucena dorada es la niña (poemario póstumo, 1990) y Te suspiro, dorado Pijijiapan (poemas, 1992), entre otras.

En Chiapas, hace falta que hagamos una lectura más detenida, más profunda, de la poética del maestro Duvalier, injustamente olvidado, quien realizó una de las obras más sólidas e ingeniosa de la lengua hispanoamericana. Textos elegantes, artísticos y auténticos.

Como poeta destacó en Chiapas en los años de 1947 a 1980. Un crítico aseguró que fue el "maestro de las formas, el innovador y el crítico más sólido del siglo XX" en Chiapas. ("Al oído del lector". Artículo publicado en Boca de Polen, revista cultural de la Universidad Autónoma de Chiapas, número 2, agosto de 1994). En su formación poética, influyeron: Pablo Neruda, César Vallejo, Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges, Nicolás Guillén, Juan José Tablada, Luis Cardoza, entre otros.

El maestro Armando Duvalier dijo, en su artículo: La Poesía Negra en México: "Los elementos de la poesía negra son la plástica y la música. La coloración tropical y la onomatopeya existen en toda la poesía negra. La savia que se retuerce en la vegetación de la selva, la eclosión de la sangre en el cuerpo del hombre y de la fiera, la quimificación primitiva del color del mar, en la tierra y en el cielo, la reverberación de las playas y los mares, la alegría marinera de los puertos que constituyen la plástica del trópico, se halla en los versos del romancero negro. Asimismo, la musicalidad onomatopéyica existe en sus más variadas expresiones".

El maestro Duvalier había conocido al poeta cubano Nicolás Guillén, padre de la poesía negra, en la casa de la pintora y poetisa mexicana Aurora Reyes (que vivía en el barrio de Coyoacán, en la Ciudad de México), en la que se reunían Juan de la Cabada, José Revueltas, José Muñoz Cota, Efraín Huerta, Renato Leduc, entre otros.

El maestro Armando Duvalier, de ascendencia negra, nació en Pijijiapan, hermoso poblado descendiente de los esclavos traídos por los conquistadores españoles del siglo XVI. Africano de origen por la sangre, el espíritu y la música que llevaba por dentro, fue un auténtico poeta negro. He aquí algunos ejemplos de su estro sentimental:



¡Vámonos al Vudú!...

(fragmento)



Vicente Azul está triste

porque ha contemplado el mar...

Vicente Azul está triste

y entre sus labios murmura

(náñiga, fárfara, ¡helás!

(náñiga, fárfara, ¡helás!)

una canción en patúa.

...

Vámonos ya,

vámonos, Vicente Azul,

vámonos al mar;

vámonos, Vicente Azul,

vámonos al vudú

que está sonando el tam-tam.

...

¡Ay de ti, Vicente Azul

porque te ha embrujado el mar!...



Otro ejemplo de versos bien estructurados de poesía negra, con luz propia, color y música es el dedicado al instrumento musical chiapaneco: la marimba:



Marímbula, marimbulé

(fragmento)



La mar,

la mari, mari,

la marimbá,

canta en las tierras de Chiapas;

marimba, marímbala, marimbulá.

...

Sueña la marimba,

la marimba, merimbela,

murimbela, mirimbela.

...



Autor de poesía culta con algunos elementos de la raza negra. Crédito que comparte también con el bardo Rodulfo Figueroa, primer poeta de descendencia negra, que tuvo escasa influencia de elementos, motivos o temas negros entre los poetas chiapanecos de su época (siglo XIX). Dentro de la poesía negra de Armando Duvalier figuran: ¡Vámonos al Vudú!... (Dedicado al negro Vincent Adul, que desde Pijijiapan le cantaba a su entrañable Haití), Marímbula-Marimbulé, Conjuro para ahuyentar al Mandinga y El paso de Mandinga.

"La presencia de Duvalier en el mundo de las letras chiapanecas ?dijo el profesor Eliseo Mellanes, en 1965? significa la transición entre la poesía de la retórica clásica y la poesía de técnica contemporánea, es como un puente o un eslabón entre la primera y la segunda generación de poetas de este siglo (XX). Es poeta clásico porque la mayoría de sus poemas usa el metro y la rima de la retórica tradicional, pero es contemporáneo por las imágenes y metáforas que imperan en su producción poética" (Perfil de la poesía en Chiapas, Eliseo Mellanes Castellanos, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1965, 38 pp.).

Compartimos los comentarios del maestro Eliseo Mellanes Castellanos ?crítico literario?, cuando dijo que el poeta Armando Duvalier era el puente o eslabón entre la primera y segunda generación de poetas del siglo XX. Sin embargo, en lo personal considero que el poeta Duvalier no sólo fue el puente sino el parteaguas del cultivo de la antigua poesía clásica y la nueva poesía contemporánea, pues en 1947 introdujo a Chiapas la poesía vanguardista junto con Ramón Rosember Mancilla y Gumaro Gutiérrez.

El maestro Armando Duvalier, pese haberse formado literariamente en la Ciudad de México y haber florecido como poeta en ese lugar, fue la punta de lanza de la nueva generación de poetas chiapanecos que se inauguró en la década de los sesenta. Fue el alma, el patriarca de la nueva poesía contemporánea de Chiapas, como heredero auténtico de la antigua poesía que supo asimilarla y fructificarla, al ir en busca de nuevas formas de expresión. Audaz movimiento poético que quiso superar la etapa del lirismo romántico por una poesía culta, plástica, musical, que innovara las antiguas formas y estilos que imperaban en la época.

El parnaso chiapaneco vibró con esta nueva voz, la del poeta Armando Duvalier.

Fue el maestro Duvalier, uno de los literatos más talentosos, quien encabezó la segunda generación de poetas de Chiapas y la primera del siglo XX, entre los que descollaron: Amadeo León Brindis, Romeo Moscoso Pastrana, Jesús Agripino Gutiérrez, Édgar Robledo Santiago, Enrique Aragón Coss, Ramón Rosemberg Mancilla, Mariano Penagos Tovar, Romeo C. Zebadúa, José Falconi Castellanos, Rosario Castellanos, Óscar Bonifaz Caballero, Eliseo Mellanes Castellanos, Jaime Sabines y Enoch Cancino Casahonda. Siete de ellos obtuvieron el Premio Chiapas.

Sin lugar a dudas, de esta generación surgieron los cuatro pilares de la poesía chiapaneca: Armando Duvalier, Rosario Castellanos, Jaime Sabines y Enoch Cancino Casahonda, que en su conjunto consolidaron la tradición poética contemporánea de Chiapas.

Considerado en 1948 como el hermano mayor de la nueva generación de poetas chiapanecos, en la presentación del libro Elocuencias del corazón, por los jóvenes intelectuales Mariano Penagos Tovar, Ramón Rosemberg Mancilla, Jorge y Jaime Sabines, Eduardo J. Albores, Mario Araujo Rodríguez, Santiago Serrano, Tomás Martínez (poeta de la primera generación), Eliseo Mellanes Castellanos, entre otros.



He aquí algunos ejemplos de su poesía lírica japonesa:



Mariposas de laca (Hai-Kais).



FLAMBOYANT

Arde la tierra a lo lejos...

¿Quién regó sobre los árboles

Menudos copos de fuego?



PALMERA

Con reverencia

saluda al aire

que la corteja.



TROMPO

Danzante que se ha dormido

sonando sus cascabeles

entre una ronda de niños.





Por primera vez, el trabajo literario de Armando Duvalier fue reconocido por la intelectualidad chiapaneca el 29 de agosto de 1967, por un grupo de promotores culturales encabezados por Eduardo J. Albores, Óscar Bonifaz, José Casahonda y Gertrude Duby. En 1975 el periódico Novedades de Chiapas le otorgó la medalla al Mérito Literario; en 1985 los intelectuales chiapanecos le entregaron el Pergamino Juan Rulfo; en 1986 la comuna tuxtleca, la presea Tuchtlán de Oro, entre otros.

Armando Duvalier fue un poeta vanguardista de la izquierda mexicana que utilizaba la literatura y su verbo como arma de combate, lo que le valió para que en 1955 se le negara el Premio Chiapas, mismo que fue declarado desierto por el gobierno de Chiapas que encabezaba Efraín Aranda Osorio.

Fue hasta 1986 cuando en un acto de justicia se le concedió el Premio Chiapas en la rama de arte. De aquí en adelante se acumularon los reconocimientos, homenajes y actos de justicia literaria para el padre de la poesía contemporánea, auténtico poeta negro de Chiapas.

Con la publicación póstuma del poemario De azucena dorada es la niña, queda constancia que el maestro Armando Duvalier cultivó nuevamente, al final de su camino, la lírica tradicional. He aquí el poema que titula el poemario:

De azucena dorada es la niña

(fragmentos)



¡Qué hermosa es la dulce niña

que conocí una mañana

cuando salió de la iglesia

entre música y campanas!

...

Si baila con la marimba

en los patios o enramadas

hasta las aves se acercan

para poder admirarla.

...

¡Qué hermosa es la dulce niña

con música en la mirada!

¡Paloma azul de mi tierra,

flor de oro de Pijijiapan!



De su poesía dedicada a la muerte, de espléndidos versos, cito la epístola y el último vals:



Epístola a la muerte

(fragmentos)



Eres virgen que cura la vejez nefasta,

diosa que aniquila para siempre el hambre,

madre que aleja la desesperanza,

santa milagrosa que abate enfermedades,

bálsamo divino que alivia el sufrimiento,

señora del silencio y del olvido.

...

Se le erigen estatuas al sabio y al artista,

al santo y a los múltiples dioses de la tierra,

al hombre que el destino transformó en el héroe,

y algunas veces también a los atletas,

pero no a ti, ángel compasivo de la muerte.



Al final de su camino, el maestro Duvalier deja, con tono nostálgico e irónico, un bosquejo autobiográfico:



El último vals

(fragmentos)



El día que me muera, como siempre,

lo sentirán dos o tres de mis amigos,

mas para todas las personas será un caso

que pase absolutamente inadvertido.

...

Seré feliz volviéndome a la tierra

que una madrugada me hizo brotar como semilla,

que me dio sus jugos para ser un árbol

y miel para dar frutos de poesía.

...

Alguien dirá que fui un hombre extravagante,

otro, que era bohemio y solitario,

alguno, que era soñador, ingenuo y bondadoso,

y otro más, que fui un enamorado.

...



Este preclaro hombre de letras falleció en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez el 14 de julio de 1989. Sus restos mortales descansan en el panteón municipal de la capital chiapaneca.

En síntesis, el maestro Armando Duvalier, hombre de profunda cultura, fue un auténtico innovador de la poesía chiapaneca, un verdadero creador de nuevas formas, contenidos y estilos de la poesía contemporánea de Chiapas, que aún no ha sido valorado en su justa dimensión histórica y literaria. Su nombre merece figurar, en primera fila, en la historia de las vanguardias de la poesía mexicana.



Ladillo



En Chiapas, hace falta que hagamos una lectura más detenida, más profunda, de la poética del maestro Duvalier, injustamente olvidado, quien realizó una de las obras más sólidas e ingeniosa de la lengua hispanoamericana. Textos elegantes, artísticos y auténticos



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