Comunidad y Cultura Local
Los poetas callan en Palenque
Turbocrónicas
El Heraldo de Chiapas
7 de noviembre de 2009

Marco Aurelio Carballo



Al poeta le hablaron a casa de su mamá, en Tapachula. Una señora que la atiende por su avanzada edad contestó diciendo que ahí nadie recibía premios, advertida sobre los fraudes telefónicos. A la tercera, la secretaria dejó el número al cual debía comunicarse Hernán Becerra Pino. El premio lleva el título del bardo tabasqueño Ydalio Huerta Escalante, arraigado en Palenque, Chiapas. Pakal es el título del poemario. Nervioso, el autor se comunicó y pronto viajó en autobús, catorce horas, a Palenque. Recibiría un cheque de veinte mil machacantes y de ahí debía pagar su hospedaje, le informó una secretaria. El poeta llevaba impreso la página de la convocatoria y eran el cheque y el hospedaje y los alimentos. Iba a investigar, dijo de mala gana la secretaria.

Sólo habría discursos de funcionarios del Ayuntamiento, le advirtió un guarura al poeta, la noche de la entrega del premio. Hernán se asombró porque llevaba garabateados unos párrafos, el elogio a la cultura milenaria de Palenque. Los había escrito durante el trayecto kilométrico. En su momento, el poeta extendió la mano hacia el micrófono y el maestro de ceremonias no pudo menos de entregárselo porque el público observaba. Hernán vio hacia el presídium. La mirada del alcalde era "la de dos filosos puñales". Las palabras del orador parecieron complacerlo a medias.

Al día siguiente hizo antesala. El alcalde le preguntó molesto qué deseaba. Se les había olvidado el diploma y Hernán deseaba tenerlo para confirmarle a su familia y a sus amigos el galardón adjudicado. Ahí la costumbre era entregar el cheque sin diploma, le dijo, gruñendo, el tipo. Hernán volvió a exhibir el impreso de la convocatoria y le dijo "ni modo que les muestre un billete de mil pesos". Lo remitieron con el síndico. Sentado a su escritorio, enjugándose el sudor, el subalterno pidió ignorar el mal talante del alcalde. "Somos del mismo partido (Convergencia) y mire, me quitó el aire acondicionado y el ventilador". Le entregó el diploma sin firma del alcalde.

Al regreso, un beisbolista de casi dos metros no le permitía ocupar a Hernán el asiento. Sólo con la intervención del chofer, el grandote se reacomodó... por un rato. "Nadie es poeta en su tierra", murmuró Hernán, pasándose la mano por la bolsa de la camisa. El cheque estaba a buen resguardo. ¿Viaje a Cuba o cámara fotográfica? Iba a dilucidarlo.



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