Comunidad y Cultura Local
La subida de las Vírgenes de Copoya
El Heraldo de Chiapas
5 de noviembre de 2009

(LADILLO)

La "subida de las Vírgenes de Copoya" cierra el principal ciclo ritual, tomando en cuenta el calendario agrícola mesoamericano de 260 días, que se inicia con la "bajada" del 30 de enero para la celebración de la Virgen de Candelaria, y termina con la "subida de las virgencitas" el 23 de octubre. Es decir que en este lapso se celebra el nuevo ciclo agrícola desde la preparación de la tierra y petición de lluvias, hasta la fiesta de la cosecha del maíz nuevo.



Los preparativos

Pero un día antes de la subida, miércoles 22, en casa del maestro ramilletero Antonio Escobar Paredes, se elaboraron los tradicionales joyonaqués y ahí estuvieron presentes ramilleteros de Tuxtla que elaboraron una docena de ramilletes, mismos que se colocaron en forma de somé y fueron puestos antes de la llegada de las Vírgenes.

Pero la fiesta de despedida de las Vírgenes, en casa de los priostes, se realiza el mismo día, donde la Mayordomía mete su somé y luego departen con alegría porque la fiesta a terminado por este año.

Y es que, después de nueve días de celebración, con sus noches de velación y metidas de somés, el compromiso de los priostes Pascual Aguilar y María del Carmen Castillejos, ha terminado. Así que en la mañana del jueves 23 la Mayordomía Zoque realiza la ceremonia de despedida y agradecimiento.





El almuercito

Este mismo día 23 a los priostes y mayordomos (Juan de Dios Morales y Laura Moguel, priostes de la Virgen de Copoyita Rosario; Marcos Manuel Martínez y Amparo Juárez, primer mayordomo de la Virgen de Candelaria y Pedro López Sánchez y Petrona Jonapá, segundo mayordomo de la Virgen de Olochea María Santa Teresita de Jesús), les corresponde realizar la "subida del almuercito", o sea que cada uno prepara su nihuijuti o molito, para servirlo a los miembros de la Mayordomía.

Mientras esto sucede, desde muy temprano se arregla el altar en casa del presidente de Festejos, arreglan las flores, el somé tradicional y los ramilletes elaborados el día anterior que adornará el altar para recibir a las vírgenes y el someíto, variante del somé, elaborado con ensartas de musajoyó (flor de musá) o sea, el conocido cempasúchil.



La subida

La subida del 23 de octubre, como casi cada año, por ser entre semana y celebrarse al mismo tiempo la "subida del almuerzo", llegan pocos peregrinos para acompañarlas, pero a las 10 de la mañana, la salida es anunciada por una docena de cuetes que alegra la esta despedida.

Las Vírgenes son guardadas en sus cajitas de madera, cubiertas con petates y adornada con flores, para iniciar la procesión de regreso a Copoya sobre las espaldas de sus fieles devotos. Así llega la hora de que los priostes salientes carguen a las Vírgenes luego de salir de su casa, ya que más adelante el grupo de cargadores voluntarios se encargará de realizar su "manda", durante el largo recorrido, bajo el cuidado de los priostes y mayordomos.







El recorrido

El recorrido comienza en el domicilio de los priostes de la colonia Bienestar Social, encabezado por el cuetero que señala su camino y el grupo de parachicos bailando con su alegre música, mientras que las bailadoras del yomoetzé son acompañadas con la música de tambor y pito.

Las Vírgenes no paran su andar porque los cargadores caminan tramos cortos y avanzan rápidamente, a pesar del calor, hasta el entronque con la carretera a Copoya cuando toca caminar el tramo más difícil del recorrido, es decir la subida más empinada a Copoya.

Afortunadamente la primera parte de esta subida no se presenta tan cansada, pero luego ya empieza a notarse poco antes de llegar al mirador. Al llegar al brevísimo descanso donde las Vírgenes de Copoya "saludan" a la Virgen de Guadalupe, en su santuario, todos sabemos y nos alegramos de que la meta esté muy cerca.







La llegada a Copoya

La entrada al pueblo de Copoya es el último tramo y muchas vecinas apenas se asoman a las ventanas de sus casas para ver la procesión, pero es don Urbano Paredes quien recibe a las Vírgenes con el ancestral incienso, por lo que los últimos 100 metros se tornan más agradables, pues finalmente llegaremos a la casa del presidente de Festejos, donde la alegría tendrá nuevos ánimos.

El ambiente, desde poco antes de entrar a la casa, es un alegre y complicado jolgorio pues la música zoque de tambor y pito se mezcla sin distinción, con los parachicos y la música grabada de los muñecotes o mojigangas.

Luego de entrar y colocar las cajitas de las Vírgenes sobre petates, los priostes las sacan y las depositan en el altar, arreglan sus vestidos y coronas para dar fin al acompañamiento de los músicos zoques que tocan sus alabados.

Es verdaderamente interesante presenciar cómo quedan colocados el somé tradicional elaborado con frutas, el somé de ramilletes y el "someíto" hecho con flores de musá, este último anunciando la llegada del "Día de Muertos" que, junto con los ramos de flores e incienso, forman un marco excepcional para recibir a las Vírgenes de Copoya.







El final de la fiesta

Las "dianas" y cuetes anuncian el término de la ceremonia de recepción y es hora de tomar un descanso, acompañado del refrescante pozol blanco y probar el almuerzo elaborado por las incansables comideras, socias y ayudantas.

Los parachicos rematan su participación con el último baile y los zoques bailan el yomoetzé, agradeciendo el poder haber estado presentes y pedir poder estar el próximo año. Al terminar pasan a persignarse ante las Vírgenes, pedirles su bendición.

Así se cierra esta fiesta y termina este ciclo anual del calendario agrícola, ahora sólo queda esperar al 30 de enero para iniciarlo nuevamente. Tizcotá a "...todos aquellos que se identifican como zoques y que se reconocen en un pasado común". (Aramoni. 1992).





La fiesta de San Judas Tadeo

Familia Álvarez Vázquez:

San Judas Tadeo se ha convertido, en los últimos años, en un santo muy popular a nivel nacional, desbancando a muchos de aquéllos que anteriormente tenían miles de devotos. Por eso queremos mencionar dos festejos que ahora se realizan entre personas que participan dentro de las tradiciones zoques de Tuxtla.

Así tenemos que hace 24 años, unos días antes del terremoto de 1985, Juan Ramón Álvarez trajo una imagen de San Judas Tadeo desde la ciudad de México, para regalarla a su esposa María Estela Vázquez Galdámez.

Aunque ella no sabía quién era este santo, buscó cuál era el día de su celebración y su advocación para dedicarle los rezos tradicionales, aunque para su sorpresa vio que muchos vecinos no llegaban porque lo confundían con el otro Judas, el Iscariote. Y así empezó su festejo que fue uno de los primeros, hasta donde sabemos, dentro de su barrio y alrededores.

Doña Estela junta a diario, en su altar, la primera venta de su negocio para sufragar los gastos del rezo, la comida o hasta donde alcance. Luego su papá Juan Vázquez Tondopó (+) empezó a hacer el somé cada año, pero la celebración se hacía sencilla y ya empezaba a tener la participación de los vecinos y familiares.

Pero desde hace cinco años fue el nieto Juan Ramón Álvarez Vázquez quien empezó a invitar a los ramilleteros de Tuxtla y San Fernando, para adornar su altar con su bello trabajo, por lo que el altar ha quedado siempre muy bien adornado y así se realiza año con año.

Ahora el festejo se ha extendido simultáneamente a casas de muchos vecinos y familiares, por lo que cada vez se hace más difícil encontrar una rezadora tradicional (no rezadores organistas). Pero este año tuvo madrina de somé, quien llegó desde Coita y quedó muy contenta de participar el día anterior, cuando se hicieron los ramilletes, y el mero día de la fiesta, ahora volverá a ser madrina para el próximo año.





La ermita del Cerrito:

Pero es en la ermita del Señor del Cerrito, alrededor del año 2001, donde ocurre otra historia. Don Paulino Jonapá, exalbacea del Cerrito en esa época, contaba que la cuidadora de la ermita le avisó que habían dejado un envoltorio en la ermita y no sabía qué cosa era, ni quién lo había dejado.

Un rato más tarde se reúnen los priostes más cercanos y abren el bulto, en donde encontraron una imagen de San Judas Tadeo, y aunque desde el principio reconocieron que era un santo no supieron su nombre, así que colocaron la imagen en un pequeño nicho dentro de la ermita.

Al año siguiente empezó a celebrarse con la cooperación de la Priostería, tres días de rezos y café con tamales para el día de su fiesta. Pero fue en el año 2005 cuando se nombra al primer prioste encargado de realizar su fiesta y así inició un nuevo cargo dentro de esta organización tradicional.





(Los Zoques de Tuxtla. Año V. No.250. Noviembre 5 de 2009).