Opinión
Victoriano Tobalina Beltrami
¿Quién dicen que soy yo?

Diario de Xalapa
5 de diciembre de 2008

Después de haber mostrado a sus discípulos y al pueblo de Israel todas las credenciales de mesianidad que iban acompañadas de señales y milagros, en el tercer y último año de su ministerio, Jesús se detuvo por un momento en la región de Cesarea de Filipo, cerca del mar de Galilea, con el propósito de confrontarlos haciéndoles una pregunta, cuya respuesta trascendería por la eternidad.

Jesús se preocupó siempre por mostrar que él era el enviado de Dios para salvar a la humanidad; sin embargo, para él, la respuesta que dieran sus discípulos era crucial. Por esa razón se detuvo a preguntarles: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Y él les dijo: Y ustedes, ¿Quién dicen que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".

"Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16: 13-18).

Me imagino que después de aquella pregunta los discípulos debieron haberse quedado un buen rato pensando seriamente qué contestar. Entonces aquel impetuoso Simón el pescador, se levantó para hacer la declaración más profunda y más grande de su época: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".

Entonces Jesús le bendijo y le llamó bienaventurado, porque lo que Simón Pedro había declarado no era producto de sus conocimientos humanos, ni siquiera de sus conocimientos religiosos, sino revelación directa del Padre celestial.

Ser cristiano, entonces, no es cuestión de religión o tradición o cultura o herencia familiar. La revelación divina viene como consecuencia de una genuina conversión y de una vida que tiene una constante relación con Cristo y su palabra.

Es muy distinto oír acerca de Cristo o los cristianos, que andar con Cristo y los cristianos. Mucha gente se le acercó a Jesús y le conoció cuando estuvo en esta tierra, pero sólo los discípulos le conocieron verdaderamente porque caminaron tres años diariamente con él.

Y no cabe duda que si algún pasaje en las escrituras ha sido controversial es éste. Esta porción del Nuevo Testamento ha sido motivo de discusión durante estos dos mil años, porque hay quien interpreta que Pedro es la roca y que sobre él fue edificada la iglesia. Sin embargo, cuando estudiamos todo el contexto del pasaje en particular y de todo el nuevo testamento, revisando concienzudamente los originales que fueron escritos en el idioma griego, encontramos que Pedro (del original Petros) significa: piedrecilla que es movible. Y que cuando Jesús declaró: "Y sobre esta roca"... (del original griego Petra) que significa: una gran roca, se estaba refiriendo a él mismo.

La iglesia verdadera está fundada sobre Cristo que es "la petra", la roca eterna e inamovible. Por eso Cristo dijo que el que edifique su "casa" sobre "la roca", aunque venga lluvia, ríos, inundaciones, vientos y golpeen contra aquella casa, esa casa nunca caerá porque está fundamentada sobre la roca. (Mateo 7:24-27).

La iglesia se funda sobre Cristo, y todos los apóstoles lo entendieron así. Pablo dijo: "Y la roca era Cristo"... (1ª. Corintios 10:4), (Efesios 2;20), (1ª Corintios 3:11).

Pedro dijo que nos acercáramos a la "Piedra viva escogida y preciosa que es Cristo (1ª. Pedro 2:4-5), y él nunca entendió ni se adjudicó que era la cabeza o el líder, más bien se hizo llamar: "Anciano entre los ancianos" (1ª. Pedro 5:1).

Termino este artículo diciendo que Jesús les preguntó entonces a los xalapeños del siglo veintiuno: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?, y muchos dijeron como antaño: "Un gran maestro de moral", otros dijeron: "Un gran profeta", y otros dijeron: "Un gran iniciado", pero muy pocos pudimos decirle como Pedro: "Tú eres el Cristo, nuestro amado salvador, porque has hecho cambios, señales y maravillas en nuestras vidas durante el tiempo que hemos caminado contigo, y somos más bienaventurados que el mismo Pedro y Tomás, porque sin ver, hemos creído".
Columnas anteriores
Columnas

Cartones