Opinión / Columna
 
Tito Domínguez Lara 
Para eso me gustaban los priistas
Diario de Xalapa
24 de octubre de 2009

  Para muchos no hubo sorpresa alguna, el PRI se comportó como siempre: aliado del PAN, nunca defensor de los intereses de la mayoría. Vocifera el discurso de que no permitirá mayores impuestos a la población, y a la hora de la hora, "en bien del país" votan lo contrario, más impuestos y mantener el privilegio fiscal para las grandes empresas. Y como siempre, que sea el pueblo el que pague los costos de la crisis que otros generan, o que son incapaces de resolverla. Otra vez más, PRI y PAN juntos, en contra del pueblo, unidos en contra de los más necesitados y dispuestos siempre a servir a los poderosos. Vea usted este ejemplo: "La mayoría del PRI y del PAN en la Cámara de Diputados autorizó al Ejecutivo a entregar concesiones para uso de espectro radioeléctrico de servicio de telefonía e Internet móvil, sin cobrar a las empresas privadas el derecho respectivo durante dos años", dice la nota periodística. Sobre lo mismo, dos diputados, José Narro Céspedes (PRD) y Javier Corral Jurado (PAN), acusaron que con la concesión anterior se beneficiará a Televisa y el erario dejará de recibir mil 900 millones de pesos. Ni duda queda a quién sirve este gobierno. En cambio se le impone a la sociedad un aumento al IVA para pagar este despilfarro y la engorda de esas grandes empresas.

PRI y PAN, durante las campañas electorales, simulan disputas de a mentiritas, pretenden marcar sus perfiles como servidores de la sociedad y más cercanos a los necesitados, a la hora de la verdad se ponen de acuerdo. Dice el gobernador Fidel Herrera: "los priistas votaron (el incremento de impuestos) a condición de que haya un verdadero federalismo fiscal... había que jugársela con México". Por otro lado, Ricardo Ahued, diputado federal por el distrito de Xalapa, días antes del "paquetazo" denunció traición de diputados priistas que sí aprobarán los nuevos impuestos. "Es lamentable -dijo Ahued- que algunos priistas se sumen a la propuesta del presidente Calderón, porque es claro que no traerá desarrollo económico para el país; al contrario, sólo afectará a las personas pobres, y todo porque el gobierno no quiere sacrificar a unos cuantos privilegiados". Eso dijo el señor Ricardo Ahued, contradiciendo, sin querer, el punto de vista del señor gobernador. Si bien el señor Ahued ha llegado a esos puestos públicos por la vía del PRI, no hay duda que es un priista atípico, un priista incómodo, dirían los priistas típicos y auténticos; es decir, de estos últimos mentirosos y traidores a su propia palabra.

Debo decir que el señor Ahued no fue el único priista que tuvo esa actitud, fueron varios que pugnaron a contracorriente de sus dirigentes. Gracias a la torpeza del señor presidente del PAN, César Nava, que dijo que los panistas habían aprobado la Ley de Ingresos con reservas, y que lo habían hecho porque la mayoría del PRI no había dejado otra alternativa. Es decir, dejaba colgados de la brocha a los priistas con la responsabilidad del paquetazo. Indignada la presidenta priista doña Beatriz Paredes calificó esa actitud de Nava de "oportunismo electorero". El diputado priista David Penchyna, que es secretario de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, fue más explícito y directo que doña Beatriz: "¡Hijo de su puta madre! -dijo Penchyna. ¡Pinche rajón cobarde!". Bien podríamos parafrasear esos refranes populares: "quien con panistas se acuesta, jamás su tronco endereza". Por eso hoy recibimos (viernes) la noticia de que el PRI en el Senado rechaza el paquetazo y que reprueba las alzas impositivas. Ya veremos, no hay que adelantar salidas optimistas.

Como se ve, no tan política ni diplomáticamente los personeros del calderonismo están recibiendo los calificativos que se están ganando a pulso: "¡fascista!, ¡canalla!", le gritaron a Javier Lozano, secretario del Trabajo; y a Nava, presidente del PAN: "¡Pinche rajón, cobarde!".

Ya no decimos lo que el pueblo en las manifestaciones le grita a Calderón. Bueno, así está el ambiente, sin dejar que nos invada una mezcla de sentimientos de indignación y frustración de ver en manos de quiénes está el destino de este país. Por ahora sólo nos queda luchar pacíficamente con ese ejército de descontentos que va creciendo lento, pero que las torpezas que cometen los gobernantes lo están abonando.
 
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