Opinión / Columna
 
Gilberto Nieto 
La necesidad y el ideal de la familia
Diario de Xalapa
16 de marzo de 2010

  Dejando de lado el viejo debate sobre si es la escuela la que influye en la sociedad o es la sociedad la que influye en la escuela, vayamos a la familia que, junto con la sociedad, ha sufrido profundas modificaciones en el último medio siglo, dejándonos sin capacidad de respuesta ante las nuevas exigencias sociales de formación.

Las transformaciones de la familia han dejado en entredicho su función educadora, porque se viven cada vez menos relaciones enriquecedoras al interior, y los problemas de una sociedad en evolución acelerada señalan en el futuro inmediato la influencia acusada de factores externos que están educando a los hijos en diversos sentidos.

Cuidar esos diversos sentidos creo que sería la función fundamental de la familia. A lo largo de la infancia, los padres son quienes deben proveer en los infantes toda una serie de hábitos de obediencia, respeto, puntualidad, orden, laboriosidad, buenos modales, presentación personal, expectativas de vida, que el sistema educativo y la pedagogía moderna no pueden incorporar en los programas y prácticas escolares.

La sociedad, por su parte, saturada por los medios de información y comunicación, bajo la avasallante influencia de la globalización y con poco sentido de discriminación de dicha información, ejerce efectos en la mente y ofrece interpretaciones de vida en los pequeños que quizá no sean los deseables para las aspiraciones de la familia, ni para formar una sociedad justa y participativa.

El niño pone en movimiento la conciencia de sí mismo y del mundo con la observación y la interrelación que establece con su madre, su padre, su maestro, sus familiares y amigos, su ministro, sus héroes, el entorno y medio ambiente, que en algún momento de su desarrollo y crecimiento entrarán en conflicto con su naturaleza humana, entre lo que ha aprendido y lo que intuye, entre lo que siente y lo que razona, entre lo que le dicen y lo que él piensa. El problema está en que el hombre encuentra verdadera dificultad para hacerse a sí mismo responsable de sus actos y de sus decisiones.

¿Qué puede hacer neurótico a un niño o a una niña? Quizá la imitación de sus padres, pero más probablemente, el sentimiento de que sus papás no lo quieren. El niño neurótico pide amor; si en su casa no hay muestras verdaderas de afecto porque sus padres pelean continuamente, se recriminan mutuamente, son abiertamente infieles y sólo se ocupan egoístamente de sus asuntos personales, el hogar se convierte en un nido de desamor para los pequeños.

El niño hambriento de amor se convierte en un individuo que odia, antisocial, irritable e insatisfecho. El desarrollo humano sano, en cambio, lleva con el tiempo a que el niño rompa suavemente con los lazos que le unen con sus padres y se haga autónomo, pero llevándose un legado de afecto, de compromiso filial, de sentimientos sanos e interés por los demás.

El hecho de que ambos padres trabajen, o falte alguno de ellos, debe organizar a la familia para sacar ventaja de la colaboración razonada y crear habilidades en los menores adquiriendo hábitos y costumbres de orden, disciplina y responsabilidad compartida que les dejen una aportación social, educativa y psicológica de pertenencia y apoyo a la comunidad familiar, en lugar de despertar frustraciones, molestias, recriminaciones y sensaciones de vacío.

La relación entre padres y maestros no es tan sencilla. Incluso merece una mención aparte porque las evidencias del día a día nos revelan un alto grado de despego y una gran complejidad para construir relaciones con un objetivo común que son los hijos de unos y los alumnos de los otros. Socialmente vivimos un momento de estímulos inquietantes, impresiones inducidas, reclamos, quejas, chantajes y manipulaciones de todo tipo que afectan al trabajo docente y hasta lo condicionan, entorpeciendo la armonía de una buena relación entre padres y maestros.

Hay que conmemorar el Día de la Familia con una reflexión permanente, durante todo el año, sobre la importancia de preservar los lazos que la unen, reconociendo que es una necesidad social de sobrevivencia y que en ella se persigue el ideal de la realización humana.

gnietoa@hotmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas