Opinión / Columna
 
Gilberto Nieto 
Las puertas de la violencia
Diario de Xalapa
10 de noviembre de 2009

  No me refiero a la violencia que abunda en las calles ni a los grupos o individuos que la generan, sino a la semilla que se siembra en la conciencia y en el corazón de las nuevas generaciones de mexicanos -y de personas en el mundo entero-; a la violencia que se inculca, se ejemplifica, se permite indolentemente y hasta se promueve en el seno del hogar, primer espacio colectivo de educación para el ser humano.

Muchos psicólogos e investigadores en el área de la pedagogía aseguran que la percepción del mundo en el ser humano principia en el momento mismo de la concepción y continúa en el vientre materno. Desde ahí, el embrión recibe las primeras apreciaciones del mundo a través de las emociones de la madre: tristeza, coraje, frustración, depresión, odio... o los sentimientos positivos de alegría y amor por el nuevo ser que anuncia su llegada.

El comportamiento de los padres como pareja y el trato hacia el niño o la niña, para bien y para mal, marcarán indeleblemente algún aspecto de su personalidad futura. Tratándose de la violencia que algunas personas sufren en la infancia, con repercusiones emocionales como experiencias negativas que más tarde alimentan conductas y actitudes que afectan su comprensión del mundo y de la vida, si no aprenden a vivir con ellas o a eliminarlas como modos de interpretación de su realidad personal.

Existen varios comportamientos de los padres que pueden afectar a los hijos. Si bien es cierto nadie estudia para ser un buen padre o una buena madre, sí se puede recurrir al sentido común, a la lectura y a la asesoría en los casos que la situación escape a su control, como muchas veces sucede.

En todos los casos, el amor paternal y maternal, la buena fe y el querer darles a los hijos lo mejor de sí mismos y una buena crianza que con nada puede ser sustituida, son las mejores acciones con las que se puede contar. La decisión de poner todo el empeño en hacerlo bien, puede ser una garantía de hijos bien educados y sanos emocionalmente.

En estos momentos la violencia, en sus distintas manifestaciones, contamina el ambiente con su destructiva presencia, y son varias las cosas que se hacen o se dejan de hacer en el hogar que pueden convertirse en la filtración de acceso para que las emociones y sentimientos perturben el ánimo de los niños.

El abandono del padre a la familia puede ser un principio que induzca sentimientos de rechazo y violencia en los menores, pero también cuando ambos padres no los atienden, ya sea por negligencia o porque el trabajo no les deja tiempo para ello. Los hijos crecen a la deriva sin el cariño ni la seguridad suficiente para definir su personalidad y los padres son sustituidos por amigos mayores o familiares que les ofrecen lo que los padres no les dan: apoyo, cariño, comprensión, seguridad en sí mismos y una serie de principios morales que sólo se transmiten con el trato.

También hay padres que mal educan, aunque convivan con los hijos. Les permiten hacer lo que ellos quieran y no les imponen ningún tipo de límites ni restricciones, criando hijos generalmente groseros y altaneros. Algunos padres, incluso, les dan cuanto piden por no verlos hacer rabietas, y jamás los corrigen cuando no les asiste la razón.

Olvidarse de los hijos en sus tiempos libres, cuando no asisten a la escuela, puede ser otra causa que derive hacia la violencia. Ignorar qué hacen, con quiénes conviven, qué programas de televisión miran, qué tipo de películas les agradan, que videojuegos disfrutan más a menudo, qué páginas de Internet frecuentan, es amarrarse las manos para poder conocerlos y ayudarlos.

Un alto grado de la violencia social se inicia con la violencia del hogar, con un padre autoritario que abusa de su poder utilizando la fuerza física o la violencia psicológica para controlarlos y castigarlos, logrando que éstos vivan con una sensación de angustia y miedo por lo que hacen y tales temores, tarde o temprano, de una u otra forman, tenderán a manifestarse en sus conductas y actitudes.

En un foro de Univisión leí hace poco que "la violencia dentro de la familia no es algo natural, no está en las características biológicas de ser hombre o mujer, no está en los genes y no es una enfermedad. Seguramente corresponde a una forma de educación que debe ser modificada". Los niños crecen víctimas viendo y sufriendo violencia; la viven en el hogar y la escuela, la ven en la televisión y en el cine, en las revistas y los medios de comunicación, en los videojuegos y en el Internet, en el ambiente total que les rodea.

gnietoa@hotmail.com
 
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