Opinión / Columna
 
Ezequiel Castañeda Nevárez 
2 de octubre es la vida
Diario de Xalapa
3 de octubre de 2009

  "Es la vida", decía con frecuencia el "Jefe Jau" Carlos Rodríguez, viejo periodista tuxpeño, a quien se le escuchaba siempre esta frase, porque con ella concluía casi todas sus conversaciones. Muchos de sus contertulios nos preguntábamos siempre qué quería decir con eso nuestro recordado amigo. Mi curiosidad tuvo respuesta tiempo después, cuando escuché ese tango en la voz de Carlos Gardel, en el cual el autor narra cómo una mujer -el amor de su vida- explica y resuelve un problema sentimental que la había perseguido por años, tras abandonar al hombre que la amaba. A su regreso, ante el rechazo de éste, sólo atinó a expresar, con una mueca de mujer vencida: "es la vida" y el autor del tango no la volvió a ver nunca más.Es la vida, desde hace muchos años es para mí, una pequeña llave maravillosa aplicable a todo, con la cual puede uno explicar y explicarse todo tipo de sucesos y con la que podemos también justificar cualquier cosa. Con esta sencilla expresión podemos encontrar respuesta a todo lo inexplicable, a lo raro, lo extraño y hasta lo absurdo. Ante lo inaudito, podemos tranquilamente encogernos de hombros y expresar convencidos: Es la vida, y así queda resuelto, explicado y entendido todo. Por eso la recuerdo y la aplico aquí, en el hospital civil "Emilio Alcázar" de Tuxpan, en donde este 2 de octubre, cuando se cumplen 30 años desde que, sentado en este mismo lugar como ahora, esperaba el nacimiento de mi hijo Ezequiel con más susto que júbilo.

Siempre afirmé convencido, durante muchos años fuera de Tuxpan, que si un día el mundo se acababa, yo me regresaba a este bello puerto. Y es que esta ciudad es mágica, eterna, única. Aquí, aunque parece que no pasa nada, ya ha pasado todo. Uno puede partir y regresar el día que uno quiera y no ha pasado nada, todo sigue igual; no se sabe a ciencia cierta si es diciembre del 83, junio del 77 o febrero del 2001, por eso se piensa que es un pueblo eterno. Pero con todo, este pueblo es único; no es casualidad el que el tuxpeño promedio no pueda respirar afuera del terruño. Muchos reprochan a los paisanos el que no se atrevan a cruzar el río, pero la verdad es que no se trata de falta de valor: el oxígeno de aquí no es el mismo que se respira en los demás lugares del mundo, por eso no quiere uno separarse de aquí. En este lugar de la Huasteca uno se siente seguro y feliz y a salvo, aparte de que en este lugar suceden cosas que aquí y sólo aquí pueden ocurrir, en ningún otro lado. Algunos socarrones han afirmado que sólo Tuxpan es bello, pero sólo, sin gente. Yo afirmo contundentemente lo contrario: sólo Tuxpan es bello, con todos los tuxpeños incluidos, sin excepción, porque Tuxpan es como es por la sabiduría y filosofía de todos sus habitantes, los sobrevivientes y los de las generaciones pasadas, que de ellos aprendimos mucho. Algunos amigos y conocidos me han preguntado las razones por las cuales se regresa uno al terruño querido. Es la vida, les contesto, aunque no se ha acabado el mundo, porque ya lo dice otro famoso tango: siempre se vuelve al primer amor. Es la vida, me digo, y aquí estoy justo 30 años después, recordando un 2 de octubre que no se olvida. Es la vida, diría "El Jau".
 
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