Opinión / Columna
 
Eduardo Pabello 
Fluidez condicionada
Diario de Xalapa
9 de febrero de 2011

  Tras cuatro años de ejercer el máximo poder en la República, el presidente Felipe Calderón Hinojosa ha logrado integrar un buen equipo de operadores electorales que le han permitido obtener sendas victorias en las elecciones locales celebradas en el transcurso de los últimos diez meses. Puebla, Oaxaca, Sonora, Baja California Sur, etcétera, le han servido al jefe del Ejecutivo federal para engranar adecuadamente los mecanismos y direccionarlos rumbo a las elecciones presidenciales del año próximo.

Los triunfos de la política electoral desplegada desde Los Pinos han representado un enorme desgaste para el aparato priista debido a que, hasta hace unas semanas, los medios informativos con mayor penetración en la opinión pública daban por descontado el retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder; el día de hoy, el que los candidatos postulados por el PRI hayan sido derrotados en las elecciones celebradas en los estados de Guerrero y Baja California Sur es más "nota", que el hecho mismo de que en aquellas entidades los abanderados del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido Acción Nacional (PAN), respectivamente, hayan ganado los comicios.

Al desgaste mediático, derivado de los resultados "negativos" que afectan el posicionamiento del PRI hay que sumarle la merma que ello ha supuesto para las finanzas del tricolor, así como para las administraciones estatales que han contribuido en el financiamiento de los candidatos priistas. Esto es, aunado al golpeteo noticioso, las pérdidas económicas sufridas por el PRI menguan de manera importante la solvencia económica de ese partido, justo cuando la carrera por la presidencia de la República apenas empieza.

En contraparte, el PAN se ha fortalecido sustancialmente tanto en las plazas locales ganadas, como en las que perdió por la vía electoral, ya que, el deplorable estado financiero en el que fueron entregadas por los gobernantes salientes, los panistas, a través de la administración federal, han tomado el control de las administraciones estatales debido a que esas dependen en un ciento por ciento de las participaciones económicas de la federación; es decir, los gobernadores que recién han iniciado su mandato, están a merced de la voluntad y benevolencia del inquilino de Los Pinos; en los hechos, el comandante en jefe del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN.

Ante esas circunstancias, un repunte del PRI en los próximos meses se antoja cuesta arriba, aun y cuando los principales medios de información y encuestadores insistan en señalar como futuro presidente de la República al licenciado Enrique Peña Nieto, actual gobernador del Estado de México (Edomex), pues en el ámbito nacional, es el priista más vulnerable y expuesto al desgaste y al golpeteo mediático.

Peña Nieto es referente y blanco de las acciones políticas tanto del PAN como del PRD, por lo que, este mismo año, el gobernador mexiquense se verá obligado a desplegar un enorme esfuerzo político-electoral a fin de retener para el PRI la gubernatura del Edomex; asimismo, la inversión económica que deberá destinar Enrique Peña con el objeto de ganar las elecciones en su estado será mayúscula, enorme, ya que el PAN y el PRD, a través de la federación y de la jefatura del Gobierno del Distrito Federal, tampoco escatimarán esfuerzo y recurso alguno con la finalidad de derrotar al actual icono del priismo.

Paradójico resulta entonces que sean los priistas (principalmente los ex gobernadores) los que estén dando al traste con la posibilidad de devolver al PRI el mando máximo en el país, ya que el saqueo que infligieron a las arcas públicas durante su mandato ha puesto a merced de la administración federal el destino de esas entidades, por lo que el flujo de recursos económicos estará seriamente condicionado al cumplimiento de pactos y compromisos políticos que mucho tendrán que ver con la elección presidencial del año próximo.
 
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