Opinión / Columna
 
Clemente Landa Domínguez 
Destino cultural
Diario de Xalapa
2 de julio de 2009

  Filósofos y eminencias científicas de todo el mundo se están poniendo de acuerdo acerca de una inquietante hipótesis: ciertas conductas humanas no tienen origen cultural, ni son dictadas por el sano juicio, ni por las costumbres, sino que están impresas en los genes como parte de la herencia recibida en la cruza de sus padres, lo cual significa que, en ocasiones, el proceder convencional no es consecuencia de la civilización, sino producto de la mente humana primitiva y fortalecida por la evolución.

Entonces, ¿eso quiere decir que todos esos millones de exóticos mexicanos, proclives a mentarse mutuamente la madre de carro a carro, expertos en tirar basura en la calle, en desdeñar la lectura, en desgañitarse cada semana llorando frente a un partido de futbol, no tienen la culpa de ser así, sino que biológicamente están sentenciados por sus genes para hacer tales cosas?

¡Hombre!, haberlo dicho antes, con razón aramos en el mar al tratar de hacerle entender a las autoridades de Tlacotalpan que mandar un manso y bello toro cebú a una turba de borrachos no es una tradición, sino una barbaridad. Con razón elegimos presidentes de la misma forma que elegimos un cereal o una revista, pues estamos acostumbrados a vivir basados en la telenovela, en los comerciales y los ideales que nos mande la televisión.

En contra de tal teoría, la cual parece revelar una absoluta carencia de buenos genes entre nuestros conciudadanos, dejando vulnerable a la mutación la civilizada convivencia, me parece tarea de todos cambiar un poco esa idea común que el mexicano deba ser jodido por naturaleza, y ahora hasta por herencia. Nuestra sociedad está dotada con todas las herramientas para alcanzar innovación y lograr convertirse en una sociedad mejor, ya que no tiene ninguna limitación genética que le impida utilizar su inteligencia.

Tratar de entender la cultura mexicana no es algo complejo, es algo casi imposible, mucho más cuando hay estudiosos que dudan de su misma existencia, bajo la idea de que dicha cultura no nos pertenece, ya que es una mala reproducción de las culturas que nos rodean y que han influido en la historia de nuestro país.

Como muchos, me considero más mexicano por convicción que por mero nacimiento, con una buena conciencia, esa sí innata, pero perfeccionada por la vida en esta hermosa nación. Nuestro pensamiento, como cultura nacional, no es un pensamiento que esté por debajo del de nadie, por lo que debemos tener la capacidad para defenderlo con seguridad. Para eso tenemos que ser originales en lo que pensamos, dejar un poco la fe convertida en espectáculo y transmitida por televisión, para dejar de lado las frases de Chespirito o Adal Ramones y escapar a ese destino genético que algunos nos predicen.

Comentarios:

clementelanda@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas