Opinión / Columna
 
Carlos Darío Martínez Brash 
Los desertores
Diario de Xalapa
16 de noviembre de 2009

  En todo partido hay un hombre que al profesar con demasiada fe los principios del partido, incita a los demás a desertar.

Y esto no sólo pasa en los partidos, sino también en las logias, clubes, sindicatos y hasta en la Iglesia católica, donde estos hombres de mucha fe amenazan a diestra y siniestra, olvidando que es más importante que nada, el fácil "esperanzar" que la rápida amenaza que destruye la ilusión de la metafísica recompensa diferida. Los partidos políticos ofrecen y hasta juran, prometiendo jugosos premios al cooperador o al portador de la famosa credencial electoral, que tiene y alcanzó más valor que los 50 millones de billetes recién estrenados de 100 y de 200 pesos. A propósito éstos más bien parecen envoltorios de chicle bomba por los feos relucientes y casi carnavalescos colores en plástico resbaloso, y en sui géneris modalidad impresos de arriba a bajo por lo delgado, y no a lo largo como son los billetes normales, y para que se entienda, cortado como papel higiénico.

Pero... me salí del tema, y retomo el rumbo. Ahora, son tantas las modalidades de sectas y religiones extrañas y las nuevas recién nacidas, que ofrecen más y castigan menos o nada, y están desordenando lo establecido, ofreciendo virtuales recompensas post mortem y hasta ante mortem.

En cuanto a los partidos, el hombre poderoso promete a la comunidad que la protegerá contra el bandido, pero ambos son probablemente dos seres semejantes con la única diferencia que el segundo conseguirá su ventaja de otra manera que el primero, es decir, por medio de contribuciones regulares que la comunidad paga y no por represalias de guerra. La misma relación existe entre el mercader y el pirata, que pueden ser durante mucho tiempo un único y mismo personaje, pues, en cuanto una de sus funciones no les parece prudente, ejercen la otra.

En el fondo, incluso ahora, la moral del mercader no es más que una moral de pirata; trata de comprar a un bajo precio y de vender caro. El punto esencial es que este hombre poderoso promete contrapesar al bandido, ya que los débiles ven en esto la posibilidad de vivir. Pues es preciso que se agrupen ellos mismos en un poder equivalente, o bien que se sometan a un hombre que sea capaz de contrabalancear este poder; y así el protector sale ganando por tratar bien a quienes le están sometidos para que no sólo puedan alimentarse, sino también alimentar a su dominador. Y como esto trae consigo largas hostilidades, la comunidad prefiere tener su poder de defensa y ataque a la misma altura del poder vecino, y dar a entender que, siendo aún más equivalentes a las suyas, no hay razón alguna para no ser grandes amigos. ¡Así se tostaron las arras en estos pasados días de muertos, y de los que no lo están, pero se hacen!

Correo electrónico carlosdariomtz@hotmail.com
 
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