Opinión / Columna
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Carlos Bravo Matus
¿Miedo al aborto?
Diario de Xalapa
19 de noviembre de 2009
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La Legislatura local está discutiendo acerca de aprobar una ley que prohíba el aborto, lo cual ha aplaudido el obispo de Xalapa.
Este es un tema por demás polémico, pero la discusión que se lleva a cabo tal parece que la estuvieran haciendo los inquisidores de la época colonial.
Si bien la vida debe protegerse en todo momento, hoy día existen condiciones que, lejos de ayudar a un ser que aún no arriba a este mundo, en muchos casos lo condenan a un sinnúmero de penurias, agresiones, abandono y hasta comercio, cuando no a ser asesinado; mientras que a muchas niñas y jóvenes, que resultan violadas, abusadas o engañadas, las condenan a perder su infancia y juventud, a abandonar la escuela, al rechazo social y a pasar dificultades económicas y alimentarias para mantener a un hijo producto del abuso o del engaño y eso sin tomar en cuenta el daño sicológico que estas mujeres padecen y que terminan por afectar al hijo y su entorno.
Recientemente he recibido un mail de mis amigos pediatras del Perú, comentando la discusión médica y legal respecto al embarazo de una niña de nueve años, la cual fue violada violentamente y la posibilidad de interrumpir el embarazo, teniendo un antecedente de otro caso similar en una niña menor en la que el tardío debate terminó haciéndola madre a tan corta edad cuando ni siquiera tiene la capacidad física y mental para afrontar tal responsabilidad.
Hipólito insta a los feligreses de viva voz y en los medios de comunicación a tener todos los hijos que puedan, pero no da soluciones para mantenerlos y en estos tiempos no es posible tener una gran prole a la que se pueda vestir, alimentar, darles estudios, educación y una vida digna.
Por otra parte, debemos poner en la balanza, qué vale más, penalizar el aborto y favorecer que éste se haga de manera clandestina, con alto riesgo, incluso de la vida, dejando en la impunidad a quienes comercian con tal actividad sin importar los riesgos, seguir viendo en las noticias recién nacidos muertos tirados en el caño o al basurero o recién nacidos abandonados a su suerte en la calle o lotes baldíos, o bien legislar el aborto para que éste se haga en medios adecuados, higiénicos y por personal capacitado, con costos sociales mucho menores y con una estadística real, además de una orientación adecuada desde el punto de vista médico, sicológico de trabajo social y que orienten a la mujer embarazada a decidir calmadamente a abortar o continuar con el embarazo hasta el final, ya sea para dar al bebé en adopción o aceptarlo como hijo amado.
Dicha ley pintará al Estado como muy moral, pero incrementaremos el número de niños muertos, de la calle, vendidos, abusados, abandonados y puestos a trabajar a corta edad y también de mujeres muertas o invalidadas a causa de legrados sucios y mal realizados.
Está comprobado que los países en que se ha legalizado el aborto, éste ha disminuido en número considerablemente, disminuyendo a su vez los gastos médicos y sociales que causaba el clandestinaje, de tal manera que una ley prohibitiva será tanto como querer tapar el sol con un dedo, pues de todas formas el aborto seguirá haciéndose a diario a todo lo largo del Estado con las consecuencias mencionadas y sin temor al pecado.
Sé que algunos lectores no estarán de acuerdo, pero hay que ser realistas, el aborto se practica contra la ley y en las peores condiciones de sanidad.
Así que, señores legisladores, a ponerse las pilas, dejar los golpes de pecho y legislar pensando con la cabeza y no con las nachas aplastadas en la curul. Recuerden que no todos los casos son iguales.
En otro tema, me sorprendió el que un agente sanitario, que se dice médico, afirmara a la prensa que las vacunas que se aplican en el sector privado sean inadecuadas o de mala calidad y que no sean útiles, siendo que las vacunas que los pediatras aplican en el medio privado son fabricadas por laboratorios de reconocido prestigio, en dosis individuales, de la mayor calidad y se aplican con la mejor técnica y conocimiento. Así que señor secretario de Salud, jálele las orejas al susodicho por declarar burradas y dé indicaciones para evitar que se hagan declaraciones a tontas y locas.
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