Opinión / Columna
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Por Correo Electrónico
La Hidra de 30 mil cabezas
Organización Editorial Mexicana
23 de noviembre de 2009
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Mal y de malas fue la segunda semana de noviembre para Felipe Calderón, porque su paquete económico fue echado abajo por quienes creyó serían sus aliados incondicionales. Además, recibió un fuerte abucheo, durante la inauguración de un estadio de futbol.
Con el gesto adusto y una indefinible expresión de hastío, el joven de Michoacán, ha enderezado varias filípicas en contra de los legisladores y los barones de la iniciativa privada; sus desencuentros con los empresarios han subido de tono; ha transitado de la crítica a la estridencia.
Los empresarios y presidente han vertido frases directas; los unos, denostando la política económica, el otro, defendiéndola.
Desde que Carlos Slim cuestionó "el catarrito" por el cual tendría que pasar la economía mexicana -según Agustín Carstens- existe deterioro y fisuras en la relación de Calderón con la iniciativa privada.
La disputa central de tirios y troyanos son por -entre otros motivos- las concesiones para el uso del espacio aéreo nacional en el ramo de las telecomunicaciones; en asuntos más terrenos para la fibra óptica; el triple play y otras minucias que representan millones y millones de pesos.
Calderón ha jugado con este activo: promete, concede, quita, negocia, retrocede, finta en un juego de ajedrez que desespera a los empresarios.
Y éstos, demuestran abiertamente que ya reniegan del apoyo que le brindaron para su elección del 2006.
Los capitanes de la iniciativa privada pensaron que, una vez librados de las ideas mesiánicas de Andrés Manuel López Obrador, podrían capitalizar, en el más amplio sentido de la palabra, el "proyecto económico liberal" de Calderón.
Pero el resultado es que la propuesta económica del Partido de Acción Nacional (PAN) no creó las condiciones para que floreciera la libre empresa; menos cuando la inseguridad asola al país y el mercado está deprimido porque no hay empleo.
Menos cuando el presidente llamó a aplicar un dos por ciento de impuesto, generalizado como una contribución para el combate a la pobreza.
Para los empresarios quedó claro que el dinero de los impuestos aparentemente se pensaba destinar al barril sin fondo de la atención a los más pobres, acaso en un afán por superar el fracaso de las elecciones intermedias, y no a la inversión en infraestructura física.
La óptica asistencialista de los programas sociales del panismo ha generado más pobres; curiosamente, la pobreza ha crecido más cuando más recursos públicos se le canalizan; simplemente ayuda a paliar las condiciones de pobreza y contribuye a perfeccionar el círculo vicioso.
En cambio, la inversión pública en infraestructura estimula a la economía, genera empleo y con ello, la demanda de bienes y servicios. Eso es lo que quieren los empresarios: derrama económica para el estímulo integral de la economía.
Esto parece no haberlo entendido Calderón ya que privilegia los objetivos de corto plazo y no se ha dado cuenta que los cambios estructurales pasan por un estímulo a la economía desde el Gobierno.
Tal vez por eso los empresarios no lo apoyaron al final en el dos por ciento para los pobres, porque esos recursos no tendrían una salida económica sana.
Por eso el presidente está enojado, y los acusó de no pagar impuestos y por eso en la Cumbre de Monterrey, los empresarios reviraron.
Carlos Slim, nuevamente, indicó algo esencial: se debe fortalecer la rectoría del Estado en la economía; Roberto González Barrera reconoció que el modelo ya no funcionaba y así sucesivamente, empresarios y algunos legisladores pusieron el dedo en la llaga.
* EL PRESIDENTE SE GUARDÓ EL ENOJO POR UNOS DÍAS
En medio de todo, soportó una rechifla en Torreón -durante la inauguración de un estadio para jugar futbol- y fue para Calderón un cubetazo de agua helada. Ahí Felipe Calderón supo que estaba pagando los costos de una administración cuestionada.
Su equipo cercano no se imaginaba que el presidente iba a ser objeto de semejante abucheo en un estadio con treinta mil personas. El presidente y su entorno creen en las encuestas de popularidad que ellos mandan a hacer a la medida.
La "calurosa recepción" de la gente de La Laguna, es una expresión del rechazo de una fallida gestión presidencial; al rosario de promesas incumplidas; a la falta de empleo y, sobre todo, a la ausencia de oportunidades para salir adelante en medio del constante bombardeo electrónico de los supuestos logros del actual gobierno panista. Con la rechifla -que trató de ser minimizada- el pueblo expresó su desazón.
En respuesta, en Anchorage, antes de llegar a Singapur, levantó el dedo flamígero para acusar a los empresarios de haberle desbaratado el programa económico.
De lejos, es más fácil sermonearlos; lo evidente es que para el empresariado, también es evidente que México es un país que no está atrayendo la inversión y que la salida de divisas está a la orden del día, aunque no hay informes de ello.
Esperemos que el presidente lo entienda así, y que no entre en la lógica de tarde, mal y nunca, porque si no, a la hidra le saldrán más cabezas.
¿Quién tuvo la idea de que Calderón, bajara a nivel de cancha? ¿Supusieron que Calderón sería bien recibido, luego del aumento de impuestos, inseguridad, desempleo e incompetencia para gobernar, en una zona que no se caracteriza por su docilidad?
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