Opinión / Columna
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Gerardo Sosa Castelán
Se atestigua la transición
Organización Editorial Mexicana
28 de noviembre de 2010
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El próximo miércoles, primero de diciembre, tres nuevos gobernadores tomarán posesión de sus cargos.
En el estado de Aguascalientes, el priísta Carlos Lozano de la Torre recibirá la estafeta de manos del panista Luis Armando Reynoso Femat.
En Oaxaca, el aliancista Gabino Cué Monteagudo pasará a ocupar el cargo que durante los últimos seis años tuvo el militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ulises Ruiz Ortiz.
Y en Veracruz, el también priísta Javier Duarte de Ochoa recibirá los bártulos gubernamentales de su compañero de partido, Fidel Herrera Beltrán.
En los tres casos y, con sus asegunes, se presenciarán transiciones pacíficas del poder. Una característica sin duda plausible de la democracia mexicana.
Bien podría decirse que el país vive una época que cuenta con la certeza del inicio y la incertidumbre de su destino final. En este sentido, la nación enfrenta un proceso de transición que ya no es totalmente autoritario ni íntegramente democrático.
En el contexto actual ya no existe la hegemonía del instituto político de la revolución institucionalizada y, en contraparte, ha surgido un sistema de partidos amplio, variado y competitivo... aunque ahora tengan que aliarse para desbancar al PRI de algunas gubernaturas.
El balance de los últimos años hace suponer que, no obstante la derrota electoral del partido tricolor en la Presidencia de la República en los años 2000 y 2006, la transición electoral sigue incierta en sus metas y tiempos, carente de perfil y, sobre todo, supeditada a la solución de los retos políticos más inmediatos, como la reforma del Estado y los procesos comiciales en los estados.
La transición se ha vuelto un tema relevante, en un momento en el que se ha intensificado la participación de la ciudadanía en asuntos de interés público y en el que tal contribución ha obligado a que las estructuras administrativas de los gobiernos se modifiquen cualitativamente, para dar salida a las demandas heterogéneas de una sociedad compleja y en plena ebullición.
Es éste un momento muy dinámico en el que, además de lo anteriormente expuesto, se han forjado claras evidencias de que el país vive una transición política que, si bien no se ha consolidado, cuenta ya con avances firmes en el terreno de una alternancia discutida y, para algunos, discutible.
Todos estos cambios sociales, económicos y políticos han creado condiciones para el surgimiento de una nueva cultura política que responde al impacto de la coyuntura actual, pero también al efecto de la evolución histórica de cada caso.
En el de Aguascalientes, por ejemplo, la transición se da del PAN al PRI, luego de que durante dos periodos sexenales el blanquiazul ocupara el Palacio de Gobierno de la entidad hidrocálida. Se desgastó el instituto fundado por Gómez Morín. Incapaz de resolver sus pugnas internas, le abrieron la puerta al que creara Plutarco Elías Calles.
Sucedió al contrario en el estado de Oaxaca, en donde el PRI gobernó ininterrumpidamente durante casi 80 años. Entra al relevo una alianza de opuestos, la del PRD con el PAN, que obtuvo el triunfo merced a la postulación de un político serio y popular como lo es Gabino Cué... de orígenes priístas.
Y en Veracruz la transición se da de otra forma. Dentro de un mismo partido, el relevo es generacional. Un político maduro, curtido en no pocas lides, entrega el poder a un joven talentoso, con ambición de servir.
La democracia no es perfecta, pero estos relevos la mejoran.
A los gobernadores en turno los invitamos a hacer la siguiente reflexión: no hay fecha que no se cumpla ni plazo que no se venza.
E mail: gerardososa_cas@yahoo.com.mx
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