Opinión / Columna
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Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Ave macho recurre a ilusión óptica para trincarse a la chica
Organización Editorial Mexicana
10 de febrero de 2012
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El macho es ingenioso, es un Pegedoro Grande que habita en bosques y manglares de Australia y Nueva Guinea. Mide unos 33 a 38 centímetros de largo, lleva cresta de color rojo detrás de la cabeza, y recoge huesos, conchas, piedras, frutos y otros objetos, y se pasa horas arreglando cuidadosamente el pasillo central del nido para atraer a la chica. La tarea le lleva tres semanas.
Comienza por edificar una enramada de 10 centímetros de espesor, en la que coloca ramas de un metro de diámetro y las iguala para armar dos muros paralelos que enmarcan un callejón, o pasillo, abierto en cada extremo.
Cuando la chica llega, el Pegedoro toma los objetos de colores y se los muestra uno por uno, ubica los objetos más grandes más lejos en el nido que los más pequeños, dejados en la entrada, por lo que éstos parecen del mismo tamaño. Es una ilusión óptica a según la mira la chica, conocida como "perspectiva forzada", explican Laura Kelley y John Endles, de la Universidad de Deakin, en Australia.
Los autores de esta investigación, publicada en la edición de enero de 2012 en la revista Science, encontraron que las chicas elegían al chico capaz de producir la ilusión óptica más perfecta en este cortejo.
Explica Nelly: "La ilusión para el acoplamiento es una extensión lógica de la explotación sensorial y, en este caso, los machos manipulan los sentidos para engañar a las hembras, para mantener su atención por más tiempo".
El estudio muestra que la chica no se aparea hasta no haber pasado al menos cincuenta y cinco por ciento de su tiempo observando el escenario desplegado por el macho.
Esta ilusión ya fue probada con patos, gallinas y loros grises. Si otro macho destruye su nido, cosa corriente y común, el Pegedoro lo reconstruye completo en tres días y, cuando la chica fecundada se aleja del nido y construye el suyo propio y pone uno o dos huevos, el chico hace su trabajo y aguarda a otra chica.
Pero si pensáis, lectores, que allí termina una acción, os equivocáis, ya que el Pegedoro torna fabricar su nueva trampa óptica y, las chicas siguen ingresando a su tálamo nupcial. Es un atleta sexual y las chicas lo reconocen, son fecundadas y luego van a hacer el nido de sus engendros.
Sin embargo, la Pegedora es cumplida empolladora y no fabrica su nido para atraer al macho sino para cuidar a su prole. Tras su ovariación se dedica a alimentar a sus polluelos y, ya que estos pueden valerse por sí mismos, torna andar por la libre hasta volver a ser seducida por la trampa del macho.
La similitud con el estilo de seducción de los machines humanos es la misma: a la chica la "encandilan" mostrándole su lujoso departamento, sus muebles, su sala de estar de mullidos ternos, su cocina, su alcoba de cama tamaño King Saize, su baño con jacuzzi y sauna, y su cantina provista de todas las bebidas.
Ponen música, la que sea adecuada en ese momento y al gusto del oído de la seducida, y la conducen al lugar elegido para hacer cositas. La diferencia es que entre las y los, es que hacerlo es por el puro placer. Así que la chica retorna a su hogar, no hace nido y aguarda la llamada a su celular para seguir subyugada por las artes ilusorias del metrosexual.
La fidelidad no existe y este amarre a ninguno le importa ni le pesa, es la historia de Giacomo Casanova y Don Juan Tenorio, y el Pegedoro.
Los que lo hacen mejor disfrutan más, cosa sabida. Al ave se le nombra científicamente Chlamydera Nuchalis y al machín Casanova o Tenorio.
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