Opinión / Columna
 
Ramón Ojeda Mestre 
Alfredo Achar Tussie: el ejemplo
Organización Editorial Mexicana
16 de noviembre de 2009

  En estas épocas aciagas, de pobreza creciente, proletarización galopante y confusión axiológica, muchas personas se cuestionan acerca de conceptos como la caridad, la filantropía, la limosna, la solidaridad, la largueza y la prodigalidad, la avaricia y la voracidad, la modestia, el recato y la ostentación, la austeridad o la opulencia.

Es una vergüenza que la mayoría de las fundaciones se utilicen para evadir el pago de impuestos o para deducir fiscalmente lo que debería ir al fondo común del país. Fue de escándalo la revelación de Calderón de que muchos de los grandes empresarios no pagan sus impuestos como deberían, lo cual no era ninguna novedad, pero ahora le dolió porque le regatearon su concurso indispensable en esta larga etapa de las "vacas flacas" y del fracaso en generación de empleos.

Cuando alguien crea una fundación, asociación civil o fideicomiso, dizque para hacer obra o acciones buenas hacia la colectividad o para apoyar a segmentos desvalidos y en realidad lo que está haciendo es no enterar o pagar al fisco lo que se requiere para afrontar los gastos y las inversiones necesarias para la buena marcha del país, en realidad es un prevaricador y no un filántropo.

La filantropía es una acción de buena voluntad y limpieza moral para beneficiar discretamente a otros. Esto es, sacrificar tiempo o patrimonio de uno para auxiliar a los demás desinteresadamente. No tiene ningún mérito que en lugar de pagar mis impuestos, entregue el monto de ellos a ayudar contra la crueldad hacia los animales o para apoyar a los niños con obesidad o cualquier obra buena en apariencia, si en realidad lo que estoy haciendo es dando caridad o dizque actuando generosamente con el dinero del pueblo. Pasarse de listillos "haciendo caravana con sombrero ajeno", es eso que hombres y mujeres seudofilantrópicos realizan con sus fundaciones que "lavan dinero" pero no su conciencia.

Un peso que ingresa al erario se potencializa, o se potencia, mejor dicho, al juntarse con el aporte de todos los demás mexicanos --en su mayoría modestos--, en cambio, si yo los uso por separado en una fundación o asociación para comprar vehículos o cosas y pagar sueldos o servicios para mi supuesta obra noble y quedar como un magnánimo, en realidad soy un simulador asaz ruincillo. Tampoco debe panterearse y autorrefocilarse para la foto de sociales. Eso es todavía más repugnante: lucrar iconográficamente con la desgracia ajena y alimentar la vanidad de presumir públicamente un acto dizque generoso. El sacrificio de sí mismo es la condición de la virtud. No me honra si yo tengo un millón y sólo regalo diez pesos a una anciana menesterosa.

Por eso admiro a quienes trabajaron durísimo toda su vida y habiendo empezado con infinita escasez, logran una posición desahogada y destinan grandes cantidades, acciones, tiempo y creatividad a auxiliar a los necesitados sin veleidades o exhibicionismo, sino con la mayor delicadeza, discreción, modestia y sencillez posibles. Así he visto a Alfredo Achar Tussie usar recursos de su bolsa y de su propia familia a servir con eficacia a muchísimas comunidades que las más de las veces ni siquiera saben de dónde les llegó la suerte. Enseñó Confucio: "el hombre superior piensa siempre en la virtud, el hombre vulgar siempre piensa en la comodidad".

Qué lástima que no tengamos buenos diputados para que modifiquen las leyes que permiten esas sinvergüenzazas y farsas del disfraz filantrópico. Las religiones deben condenar la compasión y la caridad de fotografía. Alfredo Achar Tussie, desde luego, no es el único, vi a Luz Nardi entregar su vida, su pasión y sus escasos recursos en causas nobilísimas. Sin ostentación, sin petulancia. Busquen las cuentas de fundaciones para ver en qué gastan nuestro dinero.

rojedamestre@yahoo.com
 
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