Opinión / Columna
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Federico Ling Altamirano
¡Hasta luego!
Organización Editorial Mexicana
30 de mayo de 2009
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Tras casi veinte años de tener el privilegio de escribir esta columna y haber disfrutado la satisfacción de encontrar por aquí y por allá a personas que vienen a decir que lo han leído a uno y eventualmente comentar los contenidos, ha llegado la hora de terminar esta etapa o "ciclo", como dicen los sociólogos y psicólogos, y marchar hacia otros horizontes.
Afortunadamente esos nuevos rumbos son atractivos e interesantes. El presidente Felipe Calderón me ha hecho el honor de nombrarme embajador de México ante la Santa Sede y en breve estaré saliendo con rumbo a la Ciudad Eterna para cumplir con la misión diplomática. Sobra decir que el reto de representar a mi país en aquel lugar y ante aquella institución no solamente es un gusto sino una seria responsabilidad y un reto de consideración.
Por esas razones ya no estaré en contacto cotidiano con los datos de la realidad mexicana y constituyen la fuente principal de quienes escribimos estas columnas. Prefiero entregar la estafeta a tiempo y propiciar así que nuevas plumas puedan ser convocadas por esta casa editorial y continuar las bellas vetas del comentario periodístico, el análisis político y la emisión de opiniones libres que puedan resultar de beneficio para nuestros lectores en un ambiente de libre expresión de las ideas.
Por esa razón quiero agradecer muy sinceramente a OEM el haberme abierto las puertas y haberme conservado dentro a pesar de las fallas que haya podido tener y de las ocasionales diferencias de criterio. Me voy con el gozo de saber que eventualmente esas puertas que se abrieron para mí y algunas otras personas que comenzamos juntos esta tarea, seguirán abiertas. Por eso no digo ¡Adiós! Sino ¡hasta luego!
Los momentos que atraviesa México como nación y como sociedad son difíciles, a qué dudarlo, pero no son los únicos que a usted y a mí amable lector, nos ha tocado vivir, pasar y seguir adelante. Es impresionante la magnitud de los retos actuales y de los escollos que debemos sortear. Sin embargo soy de los que prefieren identificar los hechos y datos que pueden producir optimismo. Los problemas más pesados que estamos enfrentando, como decíamos la semana pasada, como son el combate a la delincuencia organizada, la crisis económica mundial y la casi superada epidemia y alerta sanitaria de finales de abril y comienzos de mayo se han afrontado con decisión desde el gobierno y muchas instituciones como las escuelas, universidades y empresas.
Después de renegar durante años de nuestra clase política y dejarse tentar por una fobia anarquista, debemos reconocer que aunque nuestro sistema democrático deja mucho que desear, así como los actores políticos -personas, partidos, gobierno-, sin la acción coordinadora y la fuerza misma del Estado no podría darse la batalla por la seguridad y en contra de narcos, secuestradores y toda laya de traficantes de personas y cosas; tampoco sería posible coordinar algunas acciones macroeconómicas como haber formado una buena reserva de dólares y haber mantenido limitada la inflación; y luego el contar con alguien que se ganó prontamente el respeto de todos como el doctor Córdova Villalobos, secretario de salud por haber actuado con autoridad y prontitud. No todo en Dinamarca es una charca, diría Hamlet.
El haber podido escribir esta columna en los difíciles días del año 94 y 95 en que se dejó sentir la violencia de la guerrilla y los asesinatos políticos además del triste "error de diciembre" fue para mí importante. Lo mismo digo de los acontecimientos de septiembre 11 de 2001, el derrumbe de las Torres Gemelas y el comienzo de las guerras en Afganistán e Irak, acontecimientos que abrieron la puerta de la historia del Siglo XXI. Ya no se diga de los acontecimientos que estamos presenciando en estos justos días que vivimos y de los que tantas cosas hay que decir. Otra persona será llamada a ocupar este espacio y pronto se enterarán mis pacientes lectores quién es.
Pongo punto final a esta colaboración agradeciendo en particular a don Mario Vázquez Raña lo mucho que me ha ayudado y a Pilar Ferreira por sus numerosas atenciones. A todos digo con un poco de nostalgia prematura: "MUCHAS GRACIAS Y HASTA LUEGO".