Opinión
Raúl Hernández Viveros
Silencio pollos pelones

Diario de Xalapa
19 de febrero de 2008

Como si se tratara del día de ayer, ahora recuerdo la primera imagen de Emilio Carballido. Fue a principios de los años sesenta, en su tierra natal: Orizaba. En aquella tarde ofreció una lectura de la versión original de su obra "¡Silencio pollos pelones, que ya les van a echar su maíz!". Para una ciudad inmensa entre la vida de sindicatos charros y bajo la tutela del catolicismo local, la presencia de Emilio Carballido resultó una verdadera provocación entre las buenas conciencias locales de los caballeros de Colón y los emisarios de Cristo Rey.

Aunque para nosotros, entonces estudiantes de la Escuela Nocturna de Bachilleres, Mario Muñoz, Miguel Alegre, Julián Meza, entre otros, casi significó la iluminación de la inteligencia cuando tuvimos la oportunidad de compartir nuestra juventud con uno de los principales dramaturgos de México. Por otra parte, un extraordinario narrador que nos regaló ejemplares de "El norte". Años más tarde envió varios ejemplares de "Las visitaciones del diablo", novela que tiene como escenario la famosa Pluviosilla.

Posteriormente en la capital veracruzana, al encontrarme al frente de "La Palabra y el Hombre", lo invité a colaborar en un número doble en homenaje a Sergio Galindo. Me impresionó demasiado su maravilloso relato sobre una visita a Japón. Al poco tiempo fundó la revista "Tramoya", con el patrocinio de la Universidad Veracruzana y el respaldo de la Rutgers University Camden, con lo cual demostró su pasión por el oficio de editor.

En una entrevista incluida en las páginas de "Texto crítico", Jorge Ruffinelli lo cuestionó sobre literatura y política. Expresó Emilio Carballido, entre otras cosas, que "La política es una actividad lúcida y racional. Entre más instintiva, menos válida. Entre más visceral y arrebatada, más indiscriminada y más tendiente a los peores niveles humanos". Recientemente, con las fraudulentas elecciones presidenciales de 2006, llegó a demostrar un valor civil y político, poco visto y admirado entre los intelectuales mexicanos.

Por supuesto condenó la ilegitimidad de las elecciones y señaló el fraude. A los pocos días fue el primer delegado inscrito en Veracruz, a la Convención Nacional Democrática en 2006, en donde se reconoció al gobierno legítimo de Andrés Manuel López Obrador. El insigne dramaturgo veracruzano brilló por su calidad humana y política. Emilio Carballido continúa presente con sus obras y acciones, y ahora vuelvo a recordar la lectura de su obra "Silencio pollos pelones...", igual, o más bien peor que antes, en estos días de incertidumbre y violencia, ya no hay maíz para muchos millones de mexicanos.
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