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Xalapa
Sexo en cibercafés; no hay reglamentación
Diario de Xalapa
14 de febrero de 2008
Naldy Rodríguez / Diario de Xalapa
Xalapa, Veracruz.- El sexo tiene cabida en estos espacios. De forma abierta, jóvenes y no tan jóvenes exploran sus cuerpos para terminar en el acto sexual. Lo único que no se puede hacer es quedarse con los brazos cruzados. Esto no sucede en la habitación de un motel, sino en cibercafés, abiertos a todo el público, en donde los hombres sostienen relaciones sexuales con otros hombres. Sí, así nada más, sin previo aviso o cita de por medio, sin conocerse, es un encuentro furtivo que ha tomado auge en los últimos años, al menos en Xalapa, una ciudad tan diversa ideológicamente, pero supuestamente de costumbres arraigadas. Personas de otras ciudades y estados, como el puerto de Veracruz y Puebla, vienen a esta capital para entrar a estos Internet, que cuentan con espacios propicios para la intimidad de la comunidad gay. En total oscuridad se dejan atrás las inhibiciones, pues los pasillos --que caracterizan a estos lugares-- sólo se iluminan con la luz de las computadoras que están interconectadas para que los clientes puedan charlar, además de programas especiales instalados para ver películas y páginas de Internet eróticas por tan sólo 12 o 14 pesos la hora. Es decir, el precio normal que tiene la máquina en cualquier café. En Xalapa empieza a tomar auge este tipo de establecimientos que para las autoridades pasan desapercibidos, pero no así para los jóvenes gays que quieren tener relaciones sexuales con desconocidos. Esta realidad sucede a diario en la ciudad y es desconocida para las autoridades sanitarias. No hay restricción alguna, cualquiera --hasta menores de edad-- puede entrar en los cibercafés para sostener sexo oral o simplemente tocarse, aseguró Bruno, cliente asiduo a estos sitios. ¿Qué es lo que no se puede hacer?, se pregunta y él mismo se responde: "quedarte con las manos cruzadas, puedes hacer de todo realmente, porque no hay vigilancia y los mismos encargados saben lo que sucede arriba o hacen no saber". En plenitud de su juventud y gozando de su preferencia sexual, relató que las puertas están abiertas para todos y no hay restricción para nadie, por lo que ingresan adultos, ancianos y jóvenes, incluso reveló: "Yo me he encontrado hasta a niños, en algunos casos se prohíbe si realmente se ven muy chicos". Las "cabinas" --como se conoce a estos sitios en la comunidad gay-- han proliferado sin medidas de regulación del sector salud ni lineamiento alguno, pues navegan con bandera de un cibercafé. Por fuera parecen un negocio cualquiera de renta de computadoras y ofrecen el servicio al público en general. Están divididos en dos zonas, una para los usuarios del Internet "normal" y la otra para la comunidad gay. Ejemplos hay varios; unos se ubican en la calle Allende, Juárez y en la avenida Xalapa. Y todos cuentan con al menos 10 computadoras ubicadas en esas áreas especiales, apartadas del área común, en algunos casos en cuartos contiguos en la planta alta o baja. Para quienes son ajenos a esta dinámica el ambiente es hostil, pues aunque estén en el área principal del establecimiento han sentido las miradas de otros hombres... que van en busca de diversión. "Entre pensando que era un local de renta de computadoras normal, me asignaron una máquina en la entrada, pero me percaté de que pasaban jóvenes por mi cubículo y me veían insistentemente, comencé a molestarme y a los minutos me salí", relató Oscar, heterosexual. Aunque admite que es un riesgo muy alto el que corren los clientes, porque constantemente entran y salen personas en el anonimato, Bruno sigue asistiendo de manera constante, pues dice que es una oportunidad de escape. "Muchos se han enganchado de pensar que el sexo oral no representa ningún riesgo, se quedan fluidos, llegas y no sabes quién estuvo antes o quién va a estar después", expresó. El nombre de la persona con la que contactes es lo de menos, comentó Rolando, otro cliente de las cabinas, quien reveló que la primera vez que ingresó a las cabinas terminó sosteniendo un encuentro íntimo con dos desconocidos. Al final de la relación, intercambió el teléfono y nombre, posiblemente falsos, con uno de los jóvenes con que más química tuvo. "Muchas veces tenemos miedo a salir, es lo que se llama clóset entre comillas, es un pequeño desahogo de lo que sentimos", consideró. Las "cabinas" se iniciaron como algo muy sencillo, tenían una pequeña cortina que separaba las computadoras en las que se podía navegar sin que nadie viera las páginas que los internautas abrían. Después aparecieron otros establecimientos ya con cabinas individuales, donde empezaron a darse los encuentros entre homosexuales. Angel, un joven de no más de 30 años, está en desacuerdo con que sus amigos asistan a estos espacios clandestinos, porque considera que la comunidad gay de Xalapa debe reivindicar su imagen ante la sociedad, y esta no es la forma de lograrlo. "Creo que la comunidad gay debe luchar por la dignificación de nosotros como personas, durante muchos años hemos sido castigados en el sentido de que piensan que somos locas, gente que promueve el Sida y no merece respeto", opinó. Con estudios de licenciatura y todo un profesional, lamentó que se dejen de lado las relaciones interpersonales en dichos sitios, que representan un riesgo sanitario porque tienen relaciones sexuales con desconocidos, algunas veces sin el uso del preservativo. "Se da un desfile de gente en estos espacios como ofreciendo su cuerpo, te ofrecen tener sexo oral, caricias y mucha gente llega a tener penetración, pero no todos los que van ahí hacen uso del condón", evidenció. El secreto a voces no ha llegado hasta las autoridades de la Jurisdicción Sanitaria de Xalapa, como confirmó la doctora Flora Lidia Ochoa Salas, encargada del programa de reproducción sexual. Y aunque reconoció que Regulación Sanitaria podría intervenir en los establecimientos, dijo que desconocen esta realidad, por lo que no tienen vigilancia alguna. |
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