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Opinión
![]() Raúl Hernández Viveros
Las letras en libertad
Diario de Xalapa
12 de febrero de 2008
Entre la certeza de que todo nos lleva al mismo lugar, uno se atreve, a veces, a creer en la construcción personal de un proyecto, o mejor dicho trayecto hacia nuestro propio y único destino. Sin darnos cuenta aceptamos con bastante frialdad la desaparición de cientos de conocidos. Realmente esta experiencia no se percibe al poner el piloto automático. Sin embargo, las personas desaparecen, y lo único que permanece es su obra. Casi a la mitad de enero, en Madrid, falleció el poeta Angel González, a quien conocí en España.
Hace unos días se descubrió un regalo suyo: Cerca de treinta poemas inéditos. El libro póstumo llevará el título de "Nada grave". Un fragmento del legado es "Caída": "Y me vuelvo a caer desde mí mismo/ al vacío/ a la nada./ ¡Qué pirueta!/ ¿Desciendo o vuelo?/ No lo sé./ Recibo/ el golpe de rigor, y me incorporo./ Me toco para ver si no hubo daño,/ mas no me encuentro./ Mi cuerpo ¿dónde está?/ me duele sólo el alma./ Nada grave". Dichas líneas me recuerdan la declaración de Ezra Paund: "Sono inmerso en la nulla". En este enfrentamiento entre la vida y lo que ya no es, aquello ausente e invisible, de los que partieron en el viaje sin retorno, me encuentro desde hace varias semanas con la terrible muerte de Carlos Trías. Todavía no puedo creerlo desde lo lejos de Barcelona, y, sin duda alguna, los recuerdos continúan revolviéndose entre las imágenes de mi pensamiento. No puedo aceptar que Carlos Trías ya no esté más en su buhardilla de la Avenida Balmes, a un lado, casualmente al final de Las Ramblas. Por mi cabeza transitan las escenas. La visita que hizo, acompañado de Cristina Fernández Cubas, a Xalapa. Mis recorridos en Barcelona; tal vez cinco o siete viajes, siempre bajo el calor fraternal de este par de amigos, verdaderos intelectuales y reconocidos escritores. En principio fue en los años setenta, y luego antes de finalizar el siglo pasado. A la distancia todo resulta tan próximo. Mi pensamiento se niega a memorizar la noticia. Carlos Trías prosigue en mi presente, pero como en la canción "ya nada es lo que era", "recorreré las aceras buscando una voz que me recuerde a ti", de Ismael Serrano. Lejos de Barcelona, hace muchos años, pude aproximarme al ambiente literario, y empaparme de la labor editorial, de uno de los principales centros de España. Viajar por las cercanías invitados por la generosidad de Carlos Trías y Cristina Fernández Cubas. Visitar Cadaqués y hospedarme en una villa construida en una de las colinas enfrente del mar, y de la casa museo de Dalí. Asistir a la presentación de la novela "Larva", de Julián Ríos. Por si acaso los recuerdos no volvieran más, permanecen los libros como testigos mudos de nuestro radiante respecto por la literatura que "se agradece el regalo de la luz", como escribió Angel González. Columnas anteriores
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