|
Opinión
![]() Victoriano Tobalina Beltrami
¡Vuelve a sonreír!
Diario de Xalapa
8 de febrero de 2008
¿Sabe usted cuál es la mayor de todas las adicciones actualmente? Estoy seguro que usted estará pensando en el alcoholismo, en la drogadicción o en alguna otra adicción como el tabaquismo. Pero déjeme decirle que no es ninguna de éstas.
Es increíble, pero la más universal de todas las adicciones es la preocupación, tomando en cuenta que el diccionario define a un adicto como "una persona muy dedicada, muy inclinada, apegada, dominada por algo". Los adictos a la ansiedad y a la preocupación abundan y ninguno queda exento de este grave problema. El asunto con la preocupación es que no parece ser tan dañina, pero a la larga, si no se atiende, puede llegar a convertirse en un verdugo que nos azota constantemente al punto de ahogarnos. A pesar de todas estas consecuencias, existen más personas adictas a la preocupación que a todas las otras adicciones. ¿Es usted una de ellas? Usted sabe que en la Biblia hay infinidad de mandamientos, y curiosamente uno de ellos es éste: "¡Regocijaos en el Señor siempre!, otra vez les digo: ¡Regocijaos!... por nada estén afanosos, sino sean conocidas nuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús". (Filipenses 4:4-7). El deseo de Dios es que seamos inmensamente felices. Salomón escribió que "El corazón contento tiene un banquete continuo" (Proverbios 15:15), y también que "El corazón alegre constituye un buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos" (Proverbios 17:22). ¿Qué puede considerarse como una preocupación? Cualquier cosa que drene nuestro "tanque" de gozo o de felicidad, algo que no podemos cambiar, de lo que no seamos responsables, algo que esté fuera de nuestro alcance controlar, algo (o alguien) que nos atemorice o atormente, que nos grite, que nos mantenga despiertos cuando deberíamos estar dormidos o durmiendo. Algo que necesitamos cambiar de la lista de preocupaciones para la lista de oraciones y descargarlo en Dios. Por experiencia, le puedo decir que la preocupación quita mucho el tiempo, al punto de que en vez de concentrarnos en lo esencial o prioritario, nos preocupamos muchas veces de lo que no es, o tal vez nunca sucederá. Hace años, se me ocurrió anotar en una libreta siete grandes cosas que me preocupaban demasiado en un principio de año, y todo ese año me la pasé muy angustiado pensando que en cualquier momento empezarían a acontecer, ¿Sabe usted que pasó? Absolutamente nada, porque ninguna de aquellas supuestas cosas terribles aconteció. Ya al final de ese año, en diciembre, volví a revisar mi lista, le pedí perdón a Dios, y después me solté a reír a carcajadas aprendiendo una gran lección: No te vuelvas a preocupar por algo que todavía no sucede y que es muy probable que nunca suceda. Yo le entregué a Dios mi adicción a la preocupación, que como todas las adicciones nos mantienen cautivos porque nos roban mucho de nuestro valioso tiempo. Desde entonces, deliberadamente busco cosas graciosas durante el día, porque pienso que un día que no sonrío, es un día que no vivo. Ahora encuentro más tiempo para ser feliz que para preocuparme. He descubierto que la bendita mano de Dios siempre está trabajando a favor de todos aquellos que le amamos, porque el Dios de paz, siempre acude a nuestra ayuda, cambiando a la gente, aliviando la tensión, alterando las circunstancias difíciles y mostrándonos su soberanía. Hay que practicar el entregar nuestras cargas al Señor, "Porque su yugo es fácil y ligera su carga", y es emocionante ver cómo Dios empieza a manejar las circunstancias que para nosotros son imposibles de resolver, y como resultado, volveremos a sonreír, porque la orden de Dios es ésta: "¡Regocijaos en el Señor siempre!, porque ¿quién podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?... observen a las aves del cielo, que no siembran ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho mas que ellas? (Mateo 6: 25-27). ¡Vuelve a sonreír! Columnas anteriores
|
Columnas
Cartones
|