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Opinión
![]() Camilo González León
Comunicarnos
Diario de Xalapa
28 de diciembre de 2007
El Internet nos cambió la vida. Tanto que sin él muchas transacciones bancarias no se harían, muchos no podríamos hacer llegar nuestras colaboraciones a los periódicos y otros no podrían hablar con sus seres lejanos a un costo mucho menor que el del teléfono.
Tampoco podríamos estar al tanto de las noticias o nos perderíamos un mundo enorme de entretenimiento. Y qué decir de la investigación: la divulgación científica ha crecido desde la aparición del Internet y existen también muchos blogs literarios o de política. Es más, los alumnos de secundarias y preparatorias no sabrían cómo hacer sus tareas sin la computadora. Y de la misma manera en que el Internet nos revolucionó la vida en el último cuarto del siglo XX, el teléfono lo hizo para nosotros al principio del mismo siglo. Sin carreteras y sin satélites, la gente sólo podía comunicarse por el teléfono. Y hubo tantas complicaciones para su funcionamiento que hubo una época en nuestro hermoso país en la que dos compañías diferentes daban servicio: la Ericsson y Teléfonos de México, y era tan dura la competencia que entre números de una y otra compañía no podían hablar. Después el Estado tomó la prestación del servicio y amplió la red telefónica, a bajos costos y ciertamente eficiente. Luego el mismo Estado vendió la compañía de teléfonos y las cosas cambiaron: precios más caros, errores en el cobro y la maldición moderna, publicidad a montones. Pero a los ojos de cualquier ciudadano de a pie la manera en que se trabajaba (y aún se hace) en las estaciones de Telmex ha sido un misterio. Por eso me llamó la atención el libro que no hace mucho presentó Héctor G. Aguilar, Adiós a la telefonía, pues retrata la vida cotidiana de los trabajadores de teléfonos en Xalapa: el cambio de tecnología, el cambio de administración y otros tantos avatares que por más de dos décadas han ocurrido. En fin, para los que aún no encuentran un buen regalo de fin de año o para quienes sepan de alguien que disfrute las novelas históricas, está la de Héctor G. Aguilar, que se puede encontrar en la librería ubicada en Ursulo Galván, a unas cuadras de este importante diario. Felicitaciones y buenos deseos para el próximo año. camilo551@gmail.com Columnas anteriores
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