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Opinión
![]() Lisandro Otero
Mujeres en el Gobierno argentino
Organización Editorial Mexicana
12 de diciembre de 2007
De nuevo al timón
Juan Domingo Perón pudo haber sido un espadón más entre los muchos que decoran la panoplia de dictadores latinoamericanos pero fue Eva Duarte la que impartió un aura distinta a su dominio político. Bastarda, humillada por la oligarquía, amante de generales, actriz fracasada, Eva Duarte halló después de tantos reveses y amarguras un camino a su vida en la devoción a los humildes de su pueblo y en la exaltación del obrerismo desposeído. Evita promovió el paso positivo de otorgar el voto a las mujeres, pero tuvo la conservadora iniciativa de hacer obligatoria la enseñanza religiosa en las escuelas. Promovió la filantropía de estado, haciendo donaciones y dádivas a los desamparados usando las cajas de la nación para establecer un régimen de limosnas con una estructura casi industrial de la compasión. Nunca se le ocurrió que el alivio de la miseria humana no se logra dándole centavos a un indigente en la puerta de una iglesia, sino cambiando la organización social y socializando los medios básicos de producción. No obstante, esas dádivas intensivas fueron suficientes para que el pueblo la recordara siempre y su memoria se convirtiese en un objeto de culto que la transforma, de hecho, en una santa laica. A nadie estorbaron sus suntuosos vestidos de Dior y sus dispendiosas alhajas, nadie se fijó en su gusto por el boato y el derroche. Tampoco se ha llegado a la conclusión que tras aquella temporada de filantropía estatal la pobreza no desapareció de la Argentina. Ninguno parece percatarse que detrás del mito de Evita existía una delirante ambición política y un afán de predominio que posiblemente tuvieron su origen en las afrentas y mortificaciones que Eva Duarte sufrió en su vida temprana de bastarda ignorada. Perón promovió un gobierno lleno de contradicciones, un régimen ambiguo, con elementos progresistas y retrógrados por igual. Un nacionalismo arrabalero y vehemente hizo su aparición. La estancia italiana de Perón lo hizo un admirador de Mussolini. Una moralina de catequesis dominical dominó la vida ciudadana y la austeridad de las casernas invadió el comportamiento social. Argentina pasó del cuarto lugar en capacidad productiva mundial al puesto cuarenta y dos. El derrocamiento de Perón por los militares no significó el término de su vigencia política. Desde su exilio madrileño alentó la esperanza en su retorno que por fin se produjo. El mito de Evita continuó creciendo. María Estela Martínez de Perón fue la primera mujer al mando de una república americana. Asumió la Presidencia en 1974 tras la muerte de Perón y fue depuesta el 24 de marzo de 1976 por un Golpe de Estado. Conoció a Juan Perón en Panamá en 1955 y contrajeron matrimonio en 1961. Durante su desgobierno se asistió principalmente de su ministro de Bienestar Social y secretario personal, José López Rega, conocido como el Brujo. López Rega fortaleció la presencia en el gobierno de los sectores de derecha sobre los distintos movimientos sociales, y organizó desde el gobierno una fuerza parapolicíaca conocida como Alianza Anticomunista Argentina que emprendió un hostigamiento de figuras destacadas de la izquierda y organizó atentados, secuestros, torturas y asesinatos, interviniendo universidades, sindicatos, canales de televisión privados, y reforzando la censura contra diarios y revistas. Contra ella se alzaron los movimientos insurreccionales de los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo. El caso argentino no ha sido singular. Indira Gandhi continuó una tradición familiar y fue una estadista de gran vuelo. Simone de Beauvoir y Simone Weil han sido grandes analistas de nuestro tiempo. Golda Meir y Margaret Thatcher guiaron a sus naciones respectivas en tiempos de crisis. Michele Bachelet y la canciller alemana Angela Merkel han dado un nuevo giro a sus países respectivos mientras Hillary Clinton se acerca cada vez más a la Casa Blanca. La mujer ya ha igualado los tiempos de las reinas Isabel la Católica o Isabel Tudor, de las favoritas con poder como la Pompadour, o notables rebeldes como Bodicea, la reina de Bretaña. Y ahora Cristina Fernández de Kirchner asume la conducción de la nación argentina añadiendo un capítulo más a la historia de las mujeres que han guiado sus pueblos. Columnas anteriores
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