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Opinión
![]() Raúl Hernández Viveros
El legado de Roberto Williams García
Diario de Xalapa
4 de diciembre de 2007
Como si se tratara de un verdadero reconocimiento de la naturaleza hacia uno de sus raros especímenes, la luna llena acompaña la presentación del libro Danzas y andanzas, Roberto Williams García. Bajo la luminosidad de otro de sus libros: Yo nací con la luna de plata; en esta ocasión quiero destacar el papel de las costumbres académicas de tomar la oralidad como sustituto de lo que no pudo ser o darse por escrito. Por lo cual todo se transforma con el paso del tiempo, hasta la imagen propia del investigador. La antropología es una realidad social, y por ello se insiste en que es fundamental prestar atención a la oralidad, entendida ésta como transmisión, fuente de comunicación.
Vale la pena medir la distancia entre lo que Roberto Williams García dio a conocer en artículos publicados hace varias décadas, en diferentes espacios editoriales. Entre los cuales hay que destacar las páginas de La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana, y agradecer la disposición en el encuentro, o más bien reencuentro con dichos materiales. De otra manera hubiera sido bastante difícil y complicado obtener este panorama completo sobre algunas tradiciones de varios grupos étnicos que forman parte de la antropología cultural de México. Sin embargo, resulta la oralidad patente de las dimensiones de la condición humana y a veces la única que nos es posible conocer y analizar. El trabajo de Roberto Williams García encierra en sí las formas de transmisión y adquisición de conocimientos y de ella misma se dirimen la posibilidad y la existencia de lenguaje y por tanto del pensamiento. El objeto de estudio de la antropología permite que el campo de la oralidad no se haya explicado más que como un suministro de datos, de información, expectativas, pero esto no significa que no exista de otra forma más sustancial, en el sentido en el que el campo de la oralidad es lo que propicia la existencia de la disciplina antropológica, podemos decir que es el teatro de operaciones de la antropología. La oralidad no se milita al campo fonético, es decir, a los significantes y significados lingüísticos, la oralidad exige presencia física de los interlocutores que supone percepciones no verbales que trasciende claramente lo que es un mensaje hablado. Roberto Williams García ha construido sus relatos a partir del uso de lo oral y de la observación, lo que le ha permitido darle validez de verdad científica. Esto es lo que diferencia el carácter discursivo donde el antropólogo ordena y narra, de lo que es una conversación distendida. La oralidad remite a una temporalidad porque relata experiencias de algo que ha sucedido o que viene sucediendo como una recomposición del pasado. Roberto Williams García no pudo quedarse sólo con la obtención de datos o información, sino que logró el intento de ver en qué rasgos de la premeditación discursiva se dan estas relaciones. La propia presencia que exige lo oral, dota a la intención comunicativa de una serie de recursos expresivos que va más allá de los significantes. La naturaleza misma de lo oral, es decir, estar presente, lo fonético, la intención de comunicar, lo expresivo, etcétera, es lo que propicia un desbordamiento del caudal comunicativo a través de lo oral, que es en definitiva la demostración inconsciente e inevitable de la condición humana, es decir, de nuestros pensamientos. Columnas anteriores
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