Opinión
Victoriano Tobalina Beltrami
Nadie puede poner otro fundamento

Diario de Xalapa
30 de noviembre de 2007

El Nuevo Testamento en la Biblia enseña que, aunque hay realmente una sola Iglesia, puede haber cierto número de iglesias locales, organizadas en varias denominaciones. Estas iglesias locales y grupos de creyentes pueden dividirse en grupos nacionales o confesionales, o de acuerdo con el temperamento y fogosidad de sus feligreses.

Sin embargo, el Nuevo Testamento enseña que, aunque haya muchas divisiones y segmentos dentro de la misma estructura, tenemos solamente un "Señor". Porque el único fundamento en la Iglesia es Jesucristo, como lo expresa la Biblia: "Porque nadie puede poner otro fundamento que el que ya este puesto, el cual es Jesucristo". (1a. Corintios 3:11). Como Jesucristo es la cabeza de esta gran iglesia universal, de El deben emanar todas las enseñanzas y actividades, y es hacia El donde debemos dirigir nuestra gratitud, porque nadie más fue a la cruz para pagar el precio de nuestra salvación, y él es, también, el manantial de toda experiencia cristiana genuina.

Es como un vasto sistema telefónico donde hay una estación central hacia la cual convergen todas las líneas, y desde la cual se hacen todas las conexiones. Es también como el comandante que da órdenes a los muchos grupos bajo su mando, del cual sus subordinados obedecen las normas dadas por él. Así como el comandante en jefe exige que sus órdenes sean fielmente ejecutadas, así Jesús espera que cada iglesia local siga sus enseñanzas al pie de la letra.

Cuando se estudian las creencias básicas de las diversas denominaciones históricas cristianas, encontramos que fundamentalmente son casi idénticas. Pueden diferir mucho las formas, los protocolos, los lugares de reunión y algunas doctrinas que no son tan determinantes; pero, fundamentalmente, todas reconocen que Jesucristo es Dios encarnado, que murió en la cruz y que resucitó para que el hombre pueda tener salvación, que a fin de cuentas, es lo de mayor importancia para toda la humanidad.

Algunos encuentran más fácil acercarse a Dios en edificios suntuosos y bajo cierta forma de ritual o tradición, otros descubren que se puede encontrar en Dios en medio de la mayor sencillez. Algunos prefieren cierta clase de culto o servicio, mientras otros se sienten más cómodos en otro ambiente. Algunos grupos son súper alegres, aplauden, saltan y alaban a Dios con toda libertad; mientras que otros necesitan estar en lugares donde no se escuche ni el aleteo de una mosca.

Pero lo importante no es cómo lo hacemos, porque el "Cómo", le tiene sin cuidado a Dios, sino la sinceridad y la profundidad del propósito con que lo hacemos, y cada uno de los creyentes genuinos debe orar pidiendo dirección para poder encontrar y unirse a aquella congregación en la que pueda, como individuo, lograr adorar mejor a Dios en una relación íntima y personal.

Conozco a gente que se une a una iglesia por el carisma de su pastor, y no por la esencia misma de esa congregación; pero los pastores a veces pueden fallar y desilusionar, sin embargo, Jesucristo y sus fundamentos siempre permanecen. Una iglesia firme se fortalece cuando sus miembros reconoce que es el amor mutuo en Jesucristo y el deseo sincero de seguir en pos de él lo que los mantiene unidos. Y es que somos tan diferentes, pero sólo el amor de Cristo en nosotros cubre nuestras diferencias, y es ahí cuando llega la verdadera aceptación y tolerancia.

Aunque nuestros métodos varíen, la gran misión de la iglesia es ir al mundo que nos está enviando un SOS, pidiéndonos que vayamos en su ayuda, porque está abrumado por los problemas sociales la decadencia moral y la necesidad económica, y los únicos pies que Cristo tiene son los nuestros, las únicas manos que tiene son las nuestras, y las únicas lenguas que tiene son las nuestras; por eso hay que usar todos nuestros talentos, dones y métodos posibles para ganar a los hombres para Cristo.
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