Comunidad y Cultura Local
La Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz ofrece música caribeña, hoy
Diario de Xalapa
21 de octubre de 2007

Jorge Vázquez Pacheco

Xalapa, Veracruz.- Después del formidable éxito que fue la presentación de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz (Osjev) en la ciudad de Córdoba, con su recreación de varias partituras de música rusa, que incluyó la célebre Obertura 1812, este sorprendente organismo regresa para ofrecernos un programa variado en que la atmósfera dominante es la música de acento afrocaribeño.

La dirección será del joven Guillermo Villarreal y el programa se desarrollará de la siguiente forma: Obertura cubana de George Gershwin, Obertura y danza lucumí de Ernesto Lecuona, Preludio y Gran Contradanza de Gonzalo Roig, Almendra de Abelardito Valdez, Conga Sym-phony de Daniel Guzmán, San Antonio de Bienvenido Bustamante, La bilirrubina de Juan Luis Guerra, Guaguancó de Daniel Guzmán, para rematar con Santo Domingo y Suite Macorix, ambas de Bienvenido Bustamante.

Esta sesión se anuncia para hoy a las 12:00 horas en la sala grande del Teatro del Estado, como parte de la Cuarta Temporada de Conciertos 2007 de la Osjev, que dirige Antonio Tornero.

EL MAESTRO HUESPED

Procedente de la misma cantera artística regiomontana, Guillermo Villarreal realizó estudios de piano y percusiones en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey (aquella que conocemos como "El Obispado"), y cuenta con una Maestría en Artes por la Universidad Autónoma de Nuevo León. En dirección orquestal sus principales maestros fueron Félix Carrasco y Francisco Savín, en México, mientras que en la Escuela Pierre Monteux de Boston fue alumno de Michael Jinbo.

Villarreal ha sido finalista en tres importantes concursos de dirección nacional: primer lugar en el organizado por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, en 1999; segundo lugar en el que organiza Conaculta, en 2001, y segundo lugar en el concurso de la Orquesta Sinfónica del IPN. En 1998, la presidencia de la República Mexicana le otorgó el Premio Nacional de la Juventud 1997 en actividades artísticas.

Ha dirigido las orquestas sinfónicas de la Universidad de Nuevo León, de la Universidad de Tamaulipas, Carlos Chávez, del Estado de México y del Instituto Politécnico Nacional, además de varias agrupaciones de cámara. De 1999 a 2000 fue director asistente de la Orquesta Sinfónica de Guanajuato. En Cuba es director huésped habitual de las orquestas sinfónicas de Matanzas, del Conservatorio Amadeo Roldán y de Santiago de Cuba. En 1998 fue nombrado director honorario de esta última.

Ha sido catedrático en diversas instituciones regiomontanas; es percusionista, investigador musical, asesor y promotor de proyectos culturales en Nuevo León. Por añadidura, desde 1999 es productor y conductor de un programa de entrevistas en Radio Nuevo León.

LA OBERTURA CUBANA

Cinco años antes de morir, en febrero de 1932, el compositor norteamericano George Gershwin (1898-1937) visitó La Habana y uno de los resultados de aquel viaje fue la Obertura cubana, que se estrenó en agosto del mismo año en un concierto de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Conocida inicialmente con la simple designación de Rumba, en la misma el compositor se dio gusto explotando la sonoridad de los instrumentos de percusión que conoció en Cuba y que resultaban desconocidos casi por completo para los músicos norteamericanos. Es evidente que el nombre no correspondía del todo con la estructura y naturaleza de la obra, de modo que Gershwin no tardó en cambiarlo por el de Obertura cubana, que parece ajustarse de mejor forma a la variedad de atmósferas presentadas en la misma.

Mucho menos conocida que algunas otras piezas de Gershwin, la Obertura cubana no deja de ser observada hasta con curiosidad por los aficionados que admiran incondicionalmente al genio intuitivo que con su Concierto en fa, la Rhapsody in blue, An american in Paris y Porgy and Bess fue capaz de llevar la música de jazz a las salas de concierto y a los exclusivistas escenarios de ópera.

LA ZARZUELA

La zarzuela es un género musical escénico de origen español, que se distingue por mezclar los fragmentos instrumentales y vocales con porciones habladas. Su nombre deriva de los palacetes rodeados de zarzas, donde se representaban estos dramas desde el siglo XVIII. En esos inicios, el contenido era básicamente mitológico aunque las partituras de las primeras zarzuelas se han perdido.

Con el arribo de la familia de los Borbones la ópera italiana desplazó a la zarzuela, pero durante el reinado de Carlos III, con las revueltas contra los ministros italianos, se revivió el género y aparecieron por vez primera los temas costumbristas. Con Francisco Barbieri el género experimentó un auge y se fijaron sus características más importantes: mezcla de partes cantadas y habladas, inclusión de danzas y bailes populares, abundancia de temas cómicos o casticistas. También se marcó la diferencia entre los llamados "género chico" en un acto y el "género grande" o "gran zarzuela", en tres actos. Hacia la segunda mitad del siglo XIX destacaron compositores como Emilio Arrieta, Federico Chueca, Ruperto Chapí, Manuel Fernández Caballero y Tomás Bretón, autor de la popularísima La verbena de la Paloma.

EL GENERO CUBANO

Por efecto de la colonización, la zarzuela no tardó en llegar a Cuba y por el año de 1791 ya se representaban muchos títulos en La Habana, gracias a las frecuentes visitas de diversas compañías. Hacia mediados del siglo XIX surgieron los primeros compositores cubanos del género, como Carlos Robreño, quien en 1854 estrenó la primera zarzuela escrita en Cuba, El duende, y José Mauri, que en 1874 cuando contaba con apenas 18 años de edad, estrenó una zarzuela en un acto llamada El sombrero de Felipe II.

Vinieron después José Marín Varona, Gaspar Villate, Laureano Fuentes Matons y el holandés Hubert de Blank, quien fuera fundador del Conservatorio de Música que lleva su nombre.

Bien entrado el siglo XX, con una tradición sólidamente establecida y numerosos teatros dedicados al género en la isla caribeña, surgieron maestros tan renombrados como Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Luis Casas Romero, Eliseo Grenet y varios más, quienes vieron reforzada su popularidad gracias a la irrupción de la radio.

Ernesto Lecuona (1896-1963) nació en La Habana y contaba con 30 años de edad cuando conoció una desmedida popularidad gracias a un solo tema, el conocidísimo Siboney. Más tarde dio a conocer canciones como Malagueña, Para Vigo me voy, Andalucía y Zambra gitana. Creó su propia orquesta, los Lecuona Cuban Boys, escribió música para películas y compuso zarzuelas como El cafetal y María la O. Murió en 1963, en Santa Cruz de Tenerife, hacia donde viajó para conocer la tierra natal de su padre. Las partituras que se interpretan hoy, Obertura y Danza lucumí, son parte de María la O.

Gonzalo Roig (1890-1970) también nació en La Habana y desde 1902 inició su preparación artística. Quizá menos conocido que Lecuona, su aportación a la música cubana es enorme. Fue autor de canciones muy conocidas y de Cecilia Valdés, drama que al lado de María la O se erige como el más pulido ejemplo de la creatividad cubana en el terreno de la zarzuela.

Cecilia Valdés se estrenó el 26 de marzo de 1932 en el Teatro Martí de La Habana. Está basada en la novela del mismo nombre de Cirilo Villaverde, con libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla. La noche del estreno, el rol principal lo desarrolló la soprano mexicana Elisa Altamirano. De esta zarzuela son los fragmentos Preludio y Gran contradanza presentados en el concierto de hoy.

El programa se complementa con creaciones de los dominicanos Bienvenido Bustamante (1923-2001) y Juan Luis Guerra (1957-), el autor de la célebre tonada La bilirrubina, así como creaciones del caribeño radicado en Europa Daniel Guzmán.

Por cierto, llama la atención la obra de Bustamante, en la que se concentran algunas partituras sinfónicas de enorme interés, como un Concierto para saxofón, el Tríptico sinfónico, Suite folklórica, Fantasía criolla y numerosos arreglos en forma de merengue. De él se interpretan, hacia la parte final, San Antonio, Santo Domingo y la Suite Macorix, obra dividida en tres movimientos.