Xalapa
Gradas derrumbadas, 4 corneados y 2 detenidos durante la xiqueñada
Este espontáneo que un toro tuvo entre sus patas en el suelo salió ileso. Foto: David Bello / Diario de Xalapa
Diario de Xalapa
23 de julio de 2007

Raymundo León

Xico, Veracruz.- Cuatro cornadas serias, dos detenidos por un beso, suertes con el floreo y el derrumbe de un graderío fue el saldo de la xiqueñada.

La fiesta en honor a Santa María Magdalena atrajo ayer a unos 90 mil visitantes, a decir del alcalde Darío Gálvez Córdoba.

Desde las 8 de la mañana, la vecina población comenzó a recibir a los visitantes ávidos de emociones fuertes. Ya desde esa hora, las gradas se fueron llenado poco a poco y al precio de 40, 50 y hasta 60 pesos por lugar.

"Ya sabe usted, esa es la ganancia del pueblo en esta fiesta", dijo uno de los residentes.

Y mientras daban las 12, hora en que es tradicional que se suelten los toros sobre la calle Hidalgo, muchos pagaron sus lugares y buscaron un lugar para desayunar.

A medida que el lugar se llenaba, los vendedores ambulantes hicieron "su agosto": sombrillas de a 15 pesos a 60, gorras de 20 a 70, refrescos de 6 a 10, etcétera.

A las 10 horas, la gente comenzó a ocupar sus lugares y a esperar pacientemente la suelta de los toros.

"Son 12 toros los que vamos a soltar. El que menos pesa es de 460 kilos y los otros entre 490, 500 y 520 kilos. Son animales a los que hay que respetar", dijo uno de los peones de la ganadería. Y mientras eso decía los toros golpeaban una y otra vez las cajas en donde estaban encerrados, al tiempo que muchos curiosos se acercaban a ellas para conocerlos de cerca y sin correr peligro alguno.

A las 11:10 ocurrió el primer incidente que afortunadamente no dejó lesionados. El derrumbe de un graderío abajo del palacio municipal hizo que por lo menos unas 10 personas fueran a dar al suelo. El suceso sólo quedó en susto y en rechifla de los testigos para después seguir esperando.

A las 11:45, el alcalde Darío Gálvez Córdoba, frente a las puertas del palacio municipal, entregó un reconocimiento a los representantes de las ganaderías de Huamantla por su apoyo a la xiqueñada y éstos a su vez entregaron otro al alcalde. El hecho ocasionó aplausos y porras de los entusiastas visitantes y terminado todo este protocolo dio inicio la xiqueñada.

Sólo unos minutos quedaban para el clímax de la fiesta.

Después, una pequeña reunión de los provenientes de Tlaxcala y deseos de éxito. Todo estaba listo ya.

A las 12 del día un cohete sonó por la atmósfera de Xico y los 12 toros fueron soltados.

A todo trote buscaron inmediatamente a todo lo largo y ancho de la calle Hidalgo cornear a alguno de los espontáneos.

Apenas a los tres o cuatro minutos uno de los hombres que corría ágilmente fue alcanzado por un astado que lo prensó sobre las barreras, lo revolcó y hasta le bailó un zapateado sobre su humanidad. Fueron segundos tensos en los que todos gritaron y vieron con asombro cómo el hombre quedó abajo del animal. Finalmente, todo terminó para él y cuando todos pensaban lo peor, el hombre se levantó como pudo y siguió su interrumpida carrera.

Poco después, otra corneada, cerca del templo dedicado a María Magdalena. Ante la gritería de todos, el hombre que se revolcaba debajo del toro encontró como pudo un resquicio debajo de la barrera por donde se metió escapando de la furia del toro.

Casi a las 13 horas, otro de los toros que no había sido liberado fue soltado frente al palacio municipal. Un joven que grababa la xiqueñada sobre la misma calle Hidalgo no se percató de ello y para cuando se dio cuenta tenía a un toro frente a él.

"¡Es un toro fresco, lo va a matar!, ¡lo va a matar", se oyó un grito. Fueron segundos eternos tanto para espectadores como para el joven. El toro, furioso, bajó su cabeza, mugió y embistió. Un "aaaaaaahhhhhhh" general se dejó escuchar y todos esperaron lo peor para el joven. Como por milagro sucedió algo que amainó el golpe seco: el toro resbaló por sus patas traseras lo que favoreció que la embestida fuera menor. Aún así, el videoaficionado fue levantado por los aires para caer pesadamente, pero ni así soltó su cámara de video. Cuando se levantó, y al ver que el toro se alejaba de él persiguiendo, a otros sólo atinó a gritar: "Chinga tu madre, pinche toro".

Casi para terminar la xiqueñada, otro hecho lamentable, el más grave. Por donde estaban ubicados Hugo Alberto Vázquez Zárate y Edgar Suárez Gálvez, secretario general y secretario de Finanzas y vecino de Xico de la Sección 56 del SNTE, respectivamente, un hombre fue alcanzado por uno de los astados. El golpe fue brutal, pues la cabeza del toro golpeó el occipital del joven. El desmayo fue inmediato. Como pudieron y entreteniendo al animal, otros espontáneos lo pusieron fuera de peligro mientras llegaban los paramédicos. El hombre, inconsciente, fue trasladado al centro de salud de Xico para su mejor atención. Nadie pudo dar su nombre. Para las 18 horas se supo que el joven estaba fuera de peligro y que sufría de un terrible dolor de cabeza.

Los detenidos por un beso fueron dos hombres: Al calor de la morita, uno de ellos se acercó a otro y le dio un beso ante los ojos de los miles de turistas. El otro reaccionó indignado y comenzaron a golpearse como en un ring, pero la intervención de la policía pacificó todo. Los dos fueron encerrados en la misma celda y poco después liberados, no sin la advertencia de no liarse a golpes nuevamente ni por otro beso ni por cualquier otro motivo.

Como todos los años, en la xiqueñada no faltaron las suertes en el floreo, los toreros con capote y mucho valor, los que corrían desbocados a la vista del toro y mucha, mucha emoción.

Al terminar la xiqueñada el saldo fue blanco. La gente salió feliz del espectáculo y comentando los sucesos del día.

"El próximo año a ver qué tal se pone, pero también hay que venir ¿no?", se oyó decir a uno de los miles de turistas.