Opinión / Columna
 
Juan Carlos Andrade Guevara 
La importancia de un museo de ciencia para Veracruz
Diario de Xalapa
16 de marzo de 2013

  Conocí el museo de ciencia muy en sus inicios, allá por 1994. Desde entonces me pareció muy atinada de visión del gobernador del Estado Dante Delgado por impulsar en Veracruz una iniciativa semejante. Por esos tiempos y recién llegado de un viaje por Washington DC, donde, desde luego, tuve la oportunidad de visitar el complejo de museos de la Smithsonian Institution, me pareció increíble que en Xalapa tuviésemos una pantalla IMAX y un Museo de Ciencia y Tecnología como el que entonces abrió sus puertas.

El Museo de entonces contaba con una interesante colección de autos, una serie de helicópteros colgando del techo y una reproducción del primer aeroplano construido por los hermanos Wright. Tenía además seis interesantes salas: El Cuerpo Humano, La Tierra, La Ecología, El Espacio, El Transporte y las Ciencias. La sala de proyecciones IMAX fue en su momento una de las primeras del país.

En las diferentes salas se encontraban interesantes colecciones, muestras y modelos que daban cuenta de una excelente museografía y de un atinado enfoque educativo que permeaba en todo el museo. En la sala del espacio, por ejemplo, existía una reproducción fiel de la cabina de un transbordador espacial, única en su tipo, que no he visto en ningún otro museo del mundo, incluidos los de Estados Unidos.

El Museo en ese entonces era gobernado por un patronato que lo mantenía activo, con una buena cantidad de guías, con exposiciones temporales de calidad y con una constante actividad educativa reforzada con actividades como las desarrolladas en el vagón de las ciencias, el cual, en ese tiempo, me tocó coordinar.

Sábado tras sábado trabajábamos con grupos de niños y niñas que entusiasmados acudían a realizar experimentos, a aprender sobre nutrición, sobre ecología, sobre el universo. Al pasar de los años muchos de ellos y ellas se volvieron científicos y otros me han comentado que, ya como adultos, recuerdan con mucho cariño los tiempos que juntos pasamos en las salas y jardines del Museo.

Hoy en día, el museo de ciencia y tecnología se ha transformado en el Museo Interactivo de Xalapa. Pero no sólo se le cambió de nombre, se le retiraron también las colecciones de vehículos, vagones y aviones para llevarlos al mal logrado Museo del Transporte y muchas piezas interesantes, como las que existían en la sala del espacio, simplemente desaparecieron.

Quizás mucha gente conoce hoy el museo porque acude a las cenas, reuniones políticas y tertulias que allí se organizan. No critico, sin embargo, que en el museo se realicen eventos de este tipo, el lugar tiene que ser rentable. Lo que me parece es que el museo debería ser en esencia un espacio educativo, un lugar dedicado a inspirar a los niños y jóvenes para acercarse a la ciencia. Un espacio dinámico, lleno de vida, lleno de niños y niñas. El lugar en donde está asentado es envidiable, único.

Me pregunto cuántos veracruzanos realmente valoran el papel educativo del Museo. Cuánta gente desearía acudir un fin de semana a visitarlo con propósitos formativos, recibir lo que un museo debe brindar, ratos de solaz esparcimiento y deleite intelectual.

Debo confesar que ignoro quién lo mantiene formalmente y si existe algún presupuesto oficial dentro del sector educativo para él. Para escribir este artículo, por ejemplo, consulté su página de internet y me di cuenta que por el momento la sala IMAX está en mantenimiento.

Me gustaría que el museo retomara su vocación y que, al igual que el Acuario de Veracruz, se mantuviera a la vanguardia. Hay mucho que hacer en este tema. La ciencia y la tecnología avanzan, forman parte cada vez más íntima de nuestras vidas y de ellas depende el progreso y el bienestar. Ojalá que a alguien se le ocurra recuperar este espacio y darle la vitalidad y empuje que tuvo cuando fue fundado.

andradeg25@prodigy.net.mx
 
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