Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Magallanes descubrió las verdaderas dimensiones del Planeta Azul

El Sol de México
22 de abril de 2007

MUERTE NO ANUNCIADA DEL NAVEGANTE

"Cuando los nativos se dieron cuenta de que el fuego de nuestras embarcaciones no los alcanzaba, nos atacaron con flechas, jabalinas y lanzas, precipitándose sobre nosotros en forma tal que a duras penas podíamos defendernos.

"Apenas notaron que aunque llevábamos el cuerpo protegido por la armadura teníamos las piernas descubiertas, nos apuntaban abajo.

"El capitán Magallanes recibió en el pie derecho una herida de flecha envenenada y dio la orden de efectuar una retirada lenta. Pero casi todos los nuestros emprendieron fuga precipitada y no quedamos más que seis u ocho acompañándolo a él que, cojo hacía años, no podía retirarse con rapidez.

"Habiendo reconocido al capitán, los salvajes se nos fueron encima, prefiriéndolo a los demás, y dos veces le derribaron el casco.

"Combatió bravamente hasta que el fuerte golpe de una pedrada en la pierna izquierda lo hizo caer de bruces entre el agua. Entonces los indios se arrojaron sobre él con lanzas y cimitarras, y lo acribillaron hasta dejarlo muerto".

Este fue el final del navegante, narrado por el viajero italiano Francisco Antonio Pigaffetta, voluntario en las naves de Magallanes, y que formaba parte de la expedición de ataque y fue herido por una flecha.

Era el último viaje de Magallanes y había descubierto un grupo de islas desconocidas hasta entonces: Las Filipinas, con el cual se incorporaba a los dominios de Carlos V una nueva provincia, destinada a permanecer bajo la Corona española más tiempo que cualquiera de los territorios descubiertos por Colón, Cortés y Pizarro.

Fue el navegante Miguel López de Legazpi, durante el reinado de Felipe II, en cuyo nombre otro navegante Ruy López de Villalobos había dado a la isla de Leyte el nombre de Filipinas, que después se extendió a todo el archipiélago, quien estableció la dominación en ellas, hasta 1916 en que pasaron a dominio de Estados Unidos.

DESCUBRIMIENTO DE LAS FILIPINAS

Tras haber cruzado el estrecho que hasta hoy lleva su nombre con tres pequeños barcos que le quedaban y "frente a la inmensidad del océano Pacífico", que así lo nombró a aquel mar interminable que estaba en calma, la Trinidad, la Concepción y la Victoria, Magallanes hizo la más grandiosa travesía marina que hasta entonces se había llevado en todos los océanos y, en enero de 1521, avistó tierra.

Lo que él y los suyos miraron fue una pequeña isla a la que nombró de "La Decepción", porque en ella nada había.

Prosiguiendo la travesía durante 100 días, sólo el mar y más agua. Ante tal soledad, las condiciones de vida en las naves tornaban ser intolerables y así avistaron Guam, una de las islas Marianas. Las tripulaciones comían la suela de sus botas y zapatos y todo aquello fabricado en cuero, incluyendo las cuerdas de los mástiles y las migajas de las galletas que habían sido devoradas.

El escorbuto había afectado a todos y estaba la mayoría enferma, y ya habían muerto 19 hombres.

El 6 de marzo desembarcaron en Guam y de allí, habiéndose aprovisionado, hicieron rumbo para descubrir una isla tras otra, las Filipinas y Cebú, donde fueron bien recibidos.

CEBU, EL FINAL DE MAGALLANES

Al desembarcar en Cebú, la isla "que quiso su hado fatídico que descubriera", escribe Pigafetta, Magallanes advirtió la importancia del reino que pretendía sojuzgar.

En la bahía permanecían ancladas embarcaciones procedentes de los puertos de China y cientos de canoas iguales a las que había encontrado en Calambú. Para hacerse presente y aterrorizar a los nativos "con el trueno", ordenó que se disparase toda la artillería de sus naves. Los indígenas huyeron atemorizados.

Entonces mandó a su esclavo malayo Enrique a tierra porque conocía la lengua de los nativos, a fin de informarle a Humabon, rey de Cebú, que llegaban en son de amistad y portaban muchas mercancías para negociar y habrían de mostrárselas.

Humabon invitó a Magallanes, declarándose dispuesto a celebrar "un tratado de paz y amistad perpetuas", ofreciéndole un regio banquete. Tuvo tan buen resultado la convivencia, que Humabon y sus súbditos aceptaron convertirse al cristianismo.

LA CONJURA DEL REY VECINO

A pesar de tanta dicha, el rey Mactán, de Silapulapu, pequeña isla cercana a la Cebú, quien no respetaba para nada a Humabon, pidió a los demás caciques del archipiélago "negarse a suministrarles las provisiones que tanto necesitan los navegantes".

Magallanes, con gallardía, rehusó aceptar los mil guerreros que Humabon le ofrecía para enfrentarse al cacique de Mactán, declarando que le demostraría a toda la gente del archipiélago que los españoles podían, sin necesidad de ayuda ninguna, darles una lección a los indígenas, "que sólo están armados de lanzas y dagas de hojas de filo onduladas, y con estas armas no alcanzarán a herir siquiera a uno de nosotros".

Dispuso entonces enviar 60 de los suyos, repartidos en tres bateles, a enfrentarse al cacique rebelde, pidiéndole a Huamabon "presenciar desde su canoa cómo los vamos a combatir y derrotar".

Los pequeños barcos no pudieron cruzar un banco de coral, de modo que sólo pudieron desembarcar en Silapulapu 40 españoles capitaneados por Magallanes, quien tuvo antes que vadear hacia la costa sin protección de los arcabuces y ballestas de los bateles.

Al desembarcar, en la playa los esperaban cientos de indígenas que lanzaban gritos de desafío y mostraban sus armas y comenzó la batalla, donde resultó muerto Magallanes.

CARLOS V LO APOYA

En 1505 Magallanes tenía 24 años de edad y se embarcó en la flotilla portuguesa que iba rumbo a las Indias para establecer factorías, llegando a Malaca, próxima a la actual Singapur, puerto de paso para las Islas de las Especies.

La travesía fue exitosa y Magallanes regresó a Portugal "con mucha experiencia" y Enrique, un esclavo malayo que compró en Malaca.

Entretanto los más osados navegantes decían modestamente: "Confío en hallar un estrecho" para llegar a las islas de las Especies", Magallanes afirmaba: "Yo sé dónde está", fundándose en su conocimiento de un mapa secreto donde se precisaba la existencia del estrecho a la altura del Uruguay.

En esa seguridad se dirigió al rey Manuel de Portugal para que le diera su apoyo, a lo que el monarca se negó considerando que el joven Magallanes "deliraba".

Convencido y convincente, Magallanes pidió amparo en España, adquirió la nacionalidad española y se dirigió a la corte del emperador Carlos V, quien tras escucharlo, convino en armar una escuadra de cinco naves para llevar a cabo la expedición.

Magallanes zarpó el 20 de septiembre de 1519 del puerto de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del río Guadalquivir, cerca de Sevilla.

Las naves llevaban los nombres de "Trinidad", el barco del comandante; "San Antonio", "Concepción", "Victoria" y "Santiago", yendo a bordo unos 270 hombres, abundantes provisiones, mercaderías para el trueque, buena cantidad de instrumentos de navegación, armas y municiones para dos años y la flota enfiló hacia la costa oriental de América del Sur.

RUMBO AL ESTRECHO

Magallanes eligió bien acogerse al monarca español, puesto que Portugal se le había adelantado a España en la obtención de una ruta marítima para las especies de Oriente y varios barcos procedentes de las Molucas llegaban a Lisboa, pero ninguno atracaba en los puertos españoles.

Así, Magallanes, que bien conocía las técnicas de navegación de los portugueses, "podría prestarle a España buenos servicios".

El navegante que antes tuviera la nacionalidad portuguesa y ahora era un español más, convenció a las Comisiones de las Cortes de que existía una ruta hacia el Oriente, por el oeste, pasando por la punta austral de América del Sur y navegando de allí a las Molucas.

Zarpó, pues, con las cinco naves y se dirigió hacia la costa oriental de América del Sur, pero la travesía se demoró dos meses por un periodo de calma de los vientos que no hinchó las velas y ancló frente a las costas de Guinea.

Pronto se fue costeando Sudamérica buscando el paso hacia los Mares del Sur.

En lo que hoy está Río de Janeiro, o Río de Enero, una muchedumbre de indígenas lo recibió en la costa para admirar aquellas naves "que les parecían monstruos surgidos de las aguas".

Allí se hizo el trueque del rey de Oros de un mazo de la baraja española a cambio de cinco pollos: "Los naturales pensaron que nos habían engañado", escribe Pigafetta.

Y sigue: "También nos daban por un cascabel un enorme canasto de papas y eran extraordinariamente baratas las muchachas, las cuales llevaba por todo vestido su cabellera y hacían cosas inimaginables y deleitosas".

Luego, al llegar al Río de la Plata, la flota de Magallanes se internó por un estuario, creyendo que "por fin he encontrado el paso".

Comprobó que no era así y prosiguió navegando hacia el sur, para anclar en una bahía que nombró Puerto San Julián. Allí pasó el invierno. Todo era penurias y sufrimientos, y la gente se le amotinó.

Magallanes "sofocó el motín mediante un juicio y algunas sentencias de muerte, que se cumplieron pocos días después".

LA PATAGONIA

En el mes de agosto de 1520, la expedición marina siguió surcando el mar hacia el sur. Anclaron en un lugar que nombró Patagonia porque creyeron que los trozos de cuero con que los naturales se cubrían los pies eran pezuñas de algún animal.

Los españoles, como acostumbraban hacerlo, pusieron grilletes en los tobillos de los indígenas y se los llevaron a las bodegas de los barcos "como muestras de los ejemplares humanos de aquellas tierras".

Los indígenas, ingenuos, al principio disfrutaron el tintineo de los grilletes, suponiendo que eran un obsequio.



ENCUENTRA LA ENTRADA BUSCADA

Magallanes, que era hombre decidido y osado, sorteó las consecuencias de la tormenta que se abatió sobre la "Concepción" y el "San Antonio" tras haber proseguido su ruta después de descubrir lo que él nombró Cabo de las Once mil Vírgenes de Santa Ursula, y "aun cuando no tengamos nada más que comer sino las correas de los mástiles seguiremos adelante".

A mitad del camino, la tripulación del "San Antonio" se amotinó y retrocedió con el barco para retornar a España, llevándose la mayor parte de los abastecimientos de la expedición.

Le llevó 38 días abrirse paso a lo largo de 580 kilómetros de islotes, arrecifes y peñascos, sobre las aguas constantemente sacudidas por las tormentas y consiguió que las tres naves que le quedaban de la flota cruzaran el estrecho al que nombró Todos los Santos y que hoy lleva su nombre.

Era el día primero de noviembre de 1520.

LA EXPEDICION MARINA QUE NUNCA SE HABIA HECHO

Tras cruzar el estrecho, Magallanes, con los tres barcos que disponía, se aventuró por aquel océano nunca navegado.

En enero avistaron tierra por primera vez. Era una pequeña isla desolada y desierta a la que nombró "La Decepción" "porque no había nada".

Luego, durante 100 días no vieron más que el mar y, a bordo, las condiciones eran intolerables, hasta dar con la isla de Guam, en las islas Marianas.

En sus cálculos, Magallanes asentaba que "deberíamos haber pasado frente a las costas de Japón", atendiendo a que no habían sufrido tormenta ninguna y el mar en calma fue nombrado océano "Pacífico".

El 6 de marzo de 1521, "el vigía lanzó, por fin, con alborozada y robusta voz el grito de ¡tierra!". La isla que encontraron fue Guam y, continuando el viaje hacia el oeste, y una semana después divisaron una isla y otra y otra: las Filipinas.

"Esta proeza de Magallanes, casi olvidada, ha probado por los tiempos de los tiempos que una idea, alada por el genio, resulta más fuerte que todos los elementos de la naturaleza cuando la pasión la lleva decididamente adelante; y lo que incontables generaciones juzgaban improbable ha sido transformado en una verdad eterna por obra de un solo hombre y su pequeña vida perecedera. La historia no podrá olvidar jamás a Magallanes, al navegante, al hombre que al descubrir las verdaderas dimensiones de nuestro globo, demostró también las alturas que es capaz de elevarse el ser humano", escribe Stefan Zweig en su biografía del navegante: "Conquistador de los mares", 1938, en la edición Populibros del periódico La Prensa, hoy miembro de la Organización Editorial Mexicana (OEM).

COSTO TOTAL DE LA ARMADA

En el Archivo de Indias, resguardado en Sevilla, en la sección Papeles del Maluco, legajo primero de 1519 a 1547, se puede consultar la puntual Relación del Costo que tuvo la armada de Magallanes.

El total de maravedíes fue de dos millones 834 mil 273, a los que se agregaron 68 mil 182, por concepto de cartas de marear, cuadrantes, estrolabios, agujas y relojes que se dio a la armada.

Esto costó "descubrir las verdaderas dimensiones del globo".
Columnas anteriores
Columnas

Cartones