|
Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Lorenzo "El Magnífico"
El Sol de México
8 de abril de 2007
Señor de Florencia y el intelectual de su época
"Con gran afán he regido este imperio, sucediendo cada día alguna cosa nueva: guardo la victoriosa espada para no probar más fortuna, que nunca queda demasiado quieta en un concepto; quien busca mucho, muchas cosas encuentra: vosotros probaréis cuánto afán y duelo da el reino, del que tenéis tanto deseo". Este verso pertenece al poema "Representación de San Pedro y Pablo", de la autoría de Lorenzo "el Magnífico", y en cual es el emperador Constantino, quien viejo y cansado al entregar el cetro a sus hijos, expresa lo anterior. ERA FEO Y MURIO DE UREMIA Era feo, de rostro burdo y plebeyo. Había heredado de su madre, Lucrecia Tornabuoni, el defecto de la nariz encarnada, de gancho, y absolutamente privada de olfato. Era miope, tenía la mandíbula demasiado fuerte, la voz estridente y de su semblante emanaba "una secreta melancolía". Fue delgado en su juventud y hasta la madurez fue robusto, ágil y esbelto, aunque era débil de salud, padeciente del mal de la familia: la uremia o "gota", por disturbios estomacales, ya que, como todos los grandes ricos, consumía manjares demasiados sustanciosos y condimentados, aunque de hecho era frugal. El 8 de abril de 1492, a eso de las siete de la tarde, muere Lorenzo en Careggine, en la provincia de Lucca, de donde son los más preciados mármoles. Durante los últimos meses ha estado cada vez más enfermo. La uremia lo obliga a hacer largas curas; el estómago lo atormenta, va de crisis en crisis hasta el final. Tenía 43 años. POETA JOCOSO, SENSUAL Y REFLEXIVO Lorenzo tenía 20 años de edad cuando los florentinos lo invitaron a encabezar su gobierno. El se opuso, pero la Señoría estaba decidida a mantener la ciudad bajo el mando de los Médicis, que "tan beneficiosos nos han resultado". Lorenzo aceptó al fin el cargo y lo desempeñó magníficamente durante 23 años, hasta su temprana muerte. Era hombre de refinada cultura, educado e instruido en el entorno de la civilización y la cultura humanísticas, que era la divisa de la familia que se identificaba plenamente con el Estado. Para él, la poesía era un acto conciente y no un pasatiempo, "un noble refugio, un culto privado y casi secreto". Se daba su tiempo entretanto atendía sus responsabilidades como estadista y gustaba frecuentar las tabernas, beber allí con amigos y conversar de poesía y filosofía. En la "contemplación de la vanidad de las cosas mundanas encontré siempre los temas jocosos y sensuales, tanto como los motivos platónicos y religiosos, la parodia y la nota edificante". HIJO EN UNA FAMILIA DE POCAS El primero de enero de 1449, cuando nació, todavía vivía su abuelo Cosme de Médicis, llamado Cosme "el Viejo" y fundador de la dinastía de los Médicis. Y aunque el sexagenario mercader y banquero fuese, en cuanto a títulos oficiales, un ciudadano privado; en los hechos la ciudad de Florencia estaba en sus manos desde el año 1434. Fue hijo de Piero de Médicis, a quien se conocía como "el Gotoso", y Lucrecia Tornabuoni. SU MATRIMONIO Piero, su padre, al sentirse próximo a morir, quiere dejar a sus dos jóvenes hijos Lorenzo y Giuliano "un Estado tranquilo y fuerte", y se aplica a que Lorenzo se case "con una mujer nacida en una familia que pueda significar una eficaz alianza política". La chica existe, vive en Roma y se llama Clarice Orsini, miembro de una familia de linaje, poderosa y guerrera, dueña de castillos en el alto Lacio. La chamaca es bonita, sana e inquieta. Así, el 4 de junio de 1469, en la catedral de Milán, contraen matrimonio. La pareja nunca tuvo una desavenencia y sí tres hijos: Pedro y Julián, que lo sucedieron en el gobierno, y Juan, quien llegó a ocupar la silla papal como León X, así como una hija: Magdalena. Lorenzo fue un buen marido, compenetrado de la importancia de la familia, y la pareja se estimaba y ambos se tenían gran afecto recíproco. Lorenzo tuvo un gran amor platónico por Lucrecia Donati, efímeros encuentros con las hermosas campesinas de Mugello y una larga relación de amantes con Bartolomea Venci: "de trato sutil y carácter alegre". Y nada más. A Lucrecia le dedica unas octavas bajo el título "La Nencia de Barberino": "No vi jamás doncella tan honesta ni tan sabiamente advertida; no vi jamás la más bella cabeza ni tan luciente, ni tan bien formada; con esas cejas que parecen una fiesta cuando las levanta, ella me mira: entre medio de ellas tiene nariz tan bella que parece agujereada con buril". LA CORTE La corte de Lorenzo era una gran hermandad, favoreciendo a sus íntimos amigos Braccio Martelli, Lugio Pulci y Angolo Poliziano. Eran una verdadera "pandilla", donde no se excluía la relación entre el señor y sus cortesanos, una relación de subordinación que incluía la amistad y los favores. Era una corte activa, distinta de la casa de la opulencia y los mecenazgos de Cosme, aunque Lorenzo pronto se situaría como el gran mecenas de los artistas más célebres de la época. Mientras su corte sostuvo la supremacía del humanismo, ya que se otorgaba gran veneración a la poesía y la pintura, fue protagonista del renacimiento de la literatura vulgar, en cuya elaboración Lorenzo disfrutaba mucho. Aunque son hombres dedicados al culto a la poesía, igualmente son seres vivos que, en las formas consentidas por el señor, participan de su fortuna política y, llegado el caso, como ocurrió a Poliziano en los tiempos de la conjura de los Pazzi, sabían aconsejar con juicio y autoridad en los sucesos públicos y, si era necesario, incluso "echar mano a sus fierros". Este ambiente relajado y fomentador de las artes se mantuvo en la corte lorenziana hasta que otras realidades cambiaron el curso de su vida y de la sociedad que señoreaba. LA ACADEMIA PLATONICA FLORENTINA El abuelo Cosme, además de "una maniática afición por los libros", las ciencias y las artes, fundó la Academia Platónica Florentina, que en un principio fue un lugar de reunión de amigos para conversar de temas literarios; luego fue imitada en otras ciudades de Italia y más tarde en todas las naciones de Europa. Se proponía ser la continuación de la Academia fundada por Platón en el barrio del Cerámico, en Atenas, Grecia. Lorenzo mantuvo la Fundación Cosme, o sea la Academia, proponiéndose hacer de Florencia la nueva Atenas, convirtiéndose en el más grande mecenas de la época: "el Magnífico" o "Padre de las Musas". Creó bibliotecas y la Universidad de Pisa, y acrecentó una colección de esculturas que existían en los jardines de su palacio y con ellas fundó una academia para jóvenes artistas que quisieran inspirarse en ellas o copiarlas. Protegió a poetas y pintores, entre ellos Andrea del Verrochio, Domingo Ghirlandaio, Alessandro Boticcelli y Miguel Angel. Fue gran amigo de Pico de la Mirandola y Marsilio Fisino. EL ENCUENTRO CON MIGUEL ANGEL En aquel jardín que daba a la Plaza de San Marcos fundó la escuela para favorecer en su taller a jóvenes inclinados a la escultura y así le pidió a Ghirlandaio mandarle aquellos chicos para "formarlos de manera tal que me honren a mí y mi ciudad". Ghirlandaio mandó varios muchachos, entre ellos a Francisco Granaccio y Miguel Angel Buonarrotti. Pronto Miguel Angel comenzó a "picar piedra" y en una de esas se puso a imitar con un pedazo de mármol una cabeza antigua que representaba a un fauno viejo, todo arrugado al que le faltaba un pedazo de nariz y su boca reía. Miguel Angel, que no había tocado nunca mármol ni cinceles, logró imitarla muy bien; casi perfectamente. Lorenzo, en uno de sus acostumbrados paseos por el jardín, miró la cabeza y "quedó pasmado", observando una cosa que no había en la cabeza antigua: la sonrisa. Miguel Angel, atendiendo a su genio, le había abierto la boca, hecho una lengua y puestos a la vista de todo los dientes. Lorenzo, en son de burla afable, le dijo: "Deberías saber que los viejos no tienen nunca todos los dientes y que siempre les faltan algunos". El escultor, habiéndose retirado "el Magnífico", le rompió un diente al fauno y le agujeró la encía. Lorenzo regresó al jardín, miró la cabeza del fauno y su dentadura incompleta y la encía lacerada, y "se echó a reír". De allí en adelante, Lorenzo contaba la anécdota muerto de la risa y pronto hizo a Miguel Angel objeto de sus favores, otorgándole casa, comida y un salario de cinco escudos mensualmente. Miguel Angel tenía 16 años de edad en ese entonces. LA QUERELLA CON NAPOLES Tras reprimir con su hermano Julián la revolución de la ciudad de Volterra, que fue obligada a rendirse y fue saqueada, renovó la alianza que existía entre Florencia, Venecia y Milán, aliándose con Nápoles, cuyo gobernante, el rey Fernando, era antiguo enemigo suyo. La paz con Nápoles perduró poco tiempo, cuando Lorenzo reprimió la conspiración de los Pazzi, nobles florentinos que tramaron su asesinato apoyados por el rey napolitano y el papa Sixto IV. Guillermo Pazzi era cuñado de Lorenzo, habiéndose casado con su hermana Lucrecia. En la revuelta, Julián, su hermano, fue asesinado y, en represalia, Lorenzo mandó ejecutar a los líderes de la conspiración. El Papa lo excomulgó y colocó en precaria situación a Florencia. Las guerras contra Nápoles prosiguieron hasta que, con la ayuda del papa Luis XI, que sucedió a Sixto IV, revocó la interdicción contra Florencia. Lorenzo concertó la paz, apersonándose imprevistamente en Nápoles, mediante un tratado en el que "me comprometo a liberar a los prisioneros de guerra y a restituir las tierras conquistadas y, además, pagar un tributo anual al rey Fernando". UN TIRANO ILUSTRADO En política interior realizó cambios importantes; la "balía" o consejo florentino que cambiaba cada cinco años a sus miembros, en su afán de tener mayor control del gobierno, Lorenzo la modificó para que fuera casi permanente. El no sólo elegía a los magistrados que pertenecían al consejo, sino que también participaban en todas las decisiones de carácter administrativo del Estado. De esta manera terminó prácticamente con la democracia y la libertad en su reino, y se convirtió en un verdadero tirano. EL DIFICIL ARTE DE GOBERNAR En su "Autobiografía" Lorenzo se explaya sobre el arte de gobernar: "Vemos todavía, en las civiles, propias y domésticas acciones, que la dificultad de tomar alguna determinación nace por concurrir, en cada determinación, algún inconveniente y por no encontrar en mil vueltas una verdadera decisión que no se pueda contradecir. "Pero aquellos que son más prudentes, tardan más en tomar determinaciones y por esta tardanza se llaman 'hombres graves' y el tiempo se llama 'sapientísimo', porque la sabiduría verdadera consiste en esperar y usar la ocasión; y ésta no sería necesaria si no fuese por las muchas dificultades que acarrea consigo las necesarias determinaciones. "La necesidad de elegir entre inconvenientes y sin tardanza, es así cosa de darle tiempo al tiempo y usar la ocasión". Columnas anteriores
|
Columnas
Cartones
|