Xalapa
Zongolica, con nuevo problema "Los niños que no crecen"
Familias de este municipio padecen, además de la pobreza, problemas de salud de sus hijos ante una enfermedad a la que no le han encontrado origen, explicación ni cura.
Diario de Xalapa
11 de abril de 2011

Miguel Salazar

Zongolica, Veracruz.- La tristeza, la desesperación y la pobreza se han mezclado para afectar gravemente a las familias marginadas de este municipio, que además de sufrir por la falta de fuentes de ingreso que les permitan gozar de una calidad de vida adecuada tienen que enfrentar diariamente el dolor de ver a sus hijos postrados en una cama a causa de una enfermedad que no les permite crecer ni desarrollarse.

Zongolica es uno de los municipios más pobres de la Entidad y aunque a la fecha las autoridades de Salud desconocen la causa de este padecimiento no se descarta que su origen sea genético o esté basado en la mala alimentación de los habitantes de este municipio que comentan que hace dos años murió una niña a los 12 años de edad a causa de la misma enfermedad.

La generación de estos pequeños comenzó hace nueve años y durante las tres administraciones municipales que ha tenido Zongolica ninguno de los alcaldes tuvo interés de ayudarlos, acusaron los padres de los enfermos.

Actualmente el DIF municipal brinda ayuda a las familias de cinco pequeños de 6 a 12 años de edad cuyo desarrollo apenas es como el de los niños de 8 meses, pero entre los mismos habitantes se habla de más casos ocultos en los poblados más refundidos en la Sierra de Zongolica, donde sus padres han decidido no darlos a conocer por sentirse avergonzados. Los únicos casos conocidos se encuentran en Comalapa Dos, Atexoxocuapa, Zacatal Chico, Comalapa y Ruiz Cortines; en este último poblado hay dos menores.

Además de este padecimiento raro, que ha sido bautizado por los lugareños con el nombre de "los niños que no crecen", este municipio cuenta con diversos casos de discapacidad en sus comunidades y en la misma cabecera municipal; la invalidez cuenta con diversos orígenes como los accidentes automovilísticos y las riñas relacionados con la ingesta de alcohol, por enfermedades mal atendidas como la diabetes y por factores genéticos.

El alcoholismo y la drogadicción son otro problema grave que afecta a los menores de edad que habitan en Zongolica, donde la ingesta de alcohol es común en más del 30 por ciento de la población en general. Los niños de 8 años pueden adquirir cervezas y aguardiente en las tiendas de los poblados más marginados, ya que la falta de vigilancia permite la libre comercialización.

Los especialistas consideran que precisamente el consumo del alcohol y otras drogas como la mariguana contribuye a que la deserción escolar vaya en aumento cada año. De acuerdo con el director del DIF municipal, Alfonso Campos Martínez, de cada 10 niños que ingresan a la primaria sólo 2 llegan a la universidad, los demás abandonan los estudios para dedicarse al alcoholismo, migrar en busca de fuentes de empleo o simplemente formar parte de la generación "nini" que comienza a ser común en Zongolica.

- Marginación y dolor

En medio de un panorama embellecido por frondosos árboles, nacimientos de agua y enormes montañas rodeadas de blancas nubes se encuentra la comunidad Atexoxocuapa, donde vive postrado en una cama el pequeño Jerónimo San Miguel Temoxtle. Tiene seis años de edad, pero al ser víctima de la enfermedad de "los niños que no crecen" su aspecto es el de un bebé de ocho meses de nacido.

El niño mide 80 centímetros, pesa menos de 10 kilos, no habla, sólo mueve los ojos y con dificultad mueve los labios, como si quisiera comunicarse con desesperación y entenderse con su hermana Dana Paola, una bebé de medio año y su tía Lucero, de cuatro años.

A escasos metros de su casa se ubica la clínica del IMSS-Oportunidades, pero su personal no quiso platicar acerca de su caso.

El pequeño vive con sus padres Mercedes Temoxtle González y Jerónimo San Miguel Lara, quienes con valor han enfrentado la enfermedad que aqueja a su primer hijo sin que alguno de los tantos médicos que han visto les pueda decir qué tiene su pequeño.

Mercedes Temoxtle no puede contener el llanto al sentirse imposibilitada por no poder ayudar su pequeño; este padecimiento acabó con sus pocas riquezas que consistían en algunos ahorros y en tres camionetas que su esposo tuvo que vender para pagar los costosos tratamientos que los diferentes médicos recetaban a su hijo Jerónimo, quien nació el 24 de septiembre de 2004.

Los ingresos económicos de la familia de este pequeño no son superiores a 80 pesos diarios, su papá trabaja como albañil y todos los días tiene que ingeniárselas para obtener otra fuente de ingreso debido a que los gastos diarios tan sólo para las medicinas y leche para Jerónimo rebasan los 150 pesos.

El respaldo económico, moral y psicológico que reciben de Rosalía y Agustín, padres de Jerónimo San Miguel Lara, ha sido fundamental para enfrentar lo que consideran "una prueba de Dios".

El pequeño Jerónimo San Miguel Temoxtle recibe atención médica de parte de la Secretaría de Salud en el Hospital Regional de Río Blanco, pero difícilmente ha podido acudir a todas las consultas porque el viaje desde su comunidad cuesta 200 pesos. La petición de su mamá es que el menor sea atendido en el Centro de Rehabilitación Integral de Orizaba (CRIO) o en el Centro de Rehabilitación y Educación Especial de Veracruz (Creever) con sede en Xalapa.

La vivienda de Jerónimo está construida con tablas de madera y láminas de cartón; es una de las primeras casas de Atexoxocuapa (a dos horas de la cabecera municipal), pero para llegar a este poblado se necesita desafiar constantemente las peligrosas curvas de la Sierra de Zongolica, donde un mal cálculo podría ser la diferencia entre la vida y la muerte a causa de los enormes precipicios que hay en ambos lados del camino.

Además, se requiere de un vehículo grande para poder transitar por las fracturadas veredas repletas de piedras y polvo que en ocasiones impide la visibilidad.

- Enfermedad de los pobres

Araceli Xochicale Porras es otra de las pequeñas que sufre la enfermedad de "los niños que no crecen"; a sus 9 años de edad la niña aparenta apenas uno y tampoco puede hablar, ni caminar, pero sí comunicarse con sus manos y a través de sonrisas.

La pequeña habita en la comunidad de Comalapa Dos, uno de los poblados más escondidos y de difícil acceso del municipio de Zongolica, su casa la comparte con sus padres Mateo Xochicale Atláhuac y Josefina Porras Atzala y apenas es de un cuartito de tres metros cuadrados construido con madera y hojas de palma.

Comalapa Dos se ubica a casi dos horas de la cabecera municipal y la mayoría de sus habitantes viven en extrema pobreza.

Los padres de Araceli lamentan que su pequeña no haya podido crecer como todos los niños sanos de su edad y se sintieron imposibilitados al mencionar que "se trata de una enfermedad de los pobres".

Mateo gana 70 pesos diarios como campesino y con dificultades puede dar de comer a su familia, pues además de Araceli cuenta con otras tres pequeñas totalmente sanas: Edith, de 7 años; Filiberta, de 5 y Jazmín, de 3, que no dejan de expresar el cariño que tienen hacia su hermana mayor.

Araceli también es atendida en el Hospital Regional de Río Blanco, pero sus padres temen que por la falta de recursos económicos deje de ser atendida por los especialistas; el viaje de Comalapa Dos al nosocomio es de 250 pesos tan sólo de ida.

"A los pobres siempre nos va mal por todos lados, a veces comemos y a veces no, la carne es un lujo, pero en nuestra mesa nunca faltan los frijoles y los romeritos, pero todo indica que mi hija (Araceli) sufre más porque nuestra pobreza no ha permitido que sea atendida como se debe", citó el afligido padre.

Araceli nació el 8 de octubre de 2001 y su desarrollo se detuvo al cumplir un año de edad, cuando sus papás notaron que algo extraño sucedía con ella y buscaron el apoyo de diferentes médicos que coincidieron en decirles que su hija tenía una enfermedad muy rara.

- Nueve años en el olvido

Los casos de "los niños que no crecen" no son recientes. Estos pequeños tienen edades de 6 a 9 años, lo que representa a las tres administraciones municipales pasadas de Zongolica, sin embargo, de acuerdo con sus padres, ninguno de los funcionarios del ayuntamiento se interesó en ayudarlos.

Los papás de Jerónimo y Araceli manifestaron que en repetidas ocasiones buscaron a los alcaldes y directores del DIF municipal para que sus hijos recibieran el tratamiento necesario, sin embargo, afirmaron que algunos de ellos no se tocaban el corazón y los corrían con malas palabras de sus oficinas.

Sin esperanzas, los familiares de "los niños que no crecen" prefirieron mantenerse en silencio, pero con la llegada de la alcaldesa Lidia Mezhua Campos en la actual administración municipal los papás de estos pequeños tomaron fortaleza para seguir adelante.

Reconocieron que la presidenta municipal ha estado al tanto de los niños enfermos y que incluso fue quien gestionó el apoyo ante la Secretaría de Salud para que los menores recibieran el tratamiento correspondiente en el Hospital Regional de Río Blanco.

Abundaron que el DIF municipal los ha apoyado en todo los posible, principalmente en algunos traslados de sus comunidades al hospital, lo que ha sido de un gran alivio para su economía y bienestar para sus hijos enfermos.

- Discapacidades y alcoholismo

Además de "los niños que no crecen", el municipio de Zongolica cuenta con al menos 650 casos de discapacidad diversa, de acuerdo con el director del DIF municipal Alfonso Campos Martínez.

La cifra podría no ser alarmante para un municipio con una población de más de 50 mil personas, sin embargo, no por ello deja de ser importante y constantemente las autoridades municipales buscan y ofrecen apoyo a los discapacitados.

Campos Martínez precisó que las discapacidades que sufren algunos habitantes de Zongolica en su mayoría han sido ocasionadas por enfermedades descuidadas y mal atendidas como la diabetes, en segundo lugar los accidentes automovilísticos relacionados con el alcohol, las riñas y finalmente las de origen genético.

Uno de los casos de discapacidad más recordados por Alfonso Campos Martínez se registró hace un año, cuando un joven de 20 años de edad que tenía dos días de haber regresado de Estados Unidos chocó con una camioneta al transitar sobre el tramo Zongolica-Atexoxocuapa; el muchacho se encontraba alcoholizado.

El DIF municipal atiende y da seguimiento a cada caso de discapacidad, además de que el Patrimonio de la Beneficencia Pública mantiene una estrecha relación con este municipio para ofrecer mayores beneficios a los pacientes.

Alfonso Campos Martínez destacó que el alcohol es otro problema delicado para Zongolica, donde más del 30 por ciento de los habitantes, entre ellos menores de 8 años de edad, tienen adicción al aguardiente.

Tan sólo en la cabecera municipal se tiene un registro superior a 50 bares y cantinas que a partir de la presente administración municipal se han comprometido a limitar su horario de servicio y no vender alcohol a menores de edad.

El consumo de mariguana comienza a ser común, por lo que para frenar el alcoholismo y la drogadicción el ayuntamiento buscó el apoyo de Gobierno del Estado para que, a través de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV), la Secretaría de Seguridad Pública, la Procuraduría de Justicia y el Sistema DIF estatal, se iniciara una campaña que consiste en cursos, pláticas informativas y talleres de danza, teatro, pintura y baile, para alejar principalmente a los menores, adolescentes y jóvenes del vicio de las drogas.

- Deserción escolar y "ninis"

El consumo de alcohol ha comenzado a influir en la deserción escolar; dos de cada 8 niños que inician su educación primaria logran llegar a la universidad, los demás abandonan la escuela para formar parte de la generación de "ninis" y muy pocos, para trabajar el campo o migrar a otros municipios en busca de mejores oportunidades de desarrollo.

Basta con recorrer la cabecera municipal de Zongolica para observar jóvenes con cigarros o cerveza y esta escena es más común en los poblados más enclavados en la sierra.

Los jóvenes que abandonan la escuela no tienen interés en el campo al considerar que no tiene futuro, por lo que prefieren pasar el tiempo sin hacer nada.

Una pequeña parte de los desertores escolares deciden viajar a Estados Unidos, pero casi todos se quedan y al carecer de oficio o profesión pueden ser absorbidos por el alcoholismo, de acuerdo con el director del DIF municipal Alfonso Campos Martínez.