Opinión / Columna
 
Arnulfo Pérez Rivera 
Los terribles efectos del machismo
Diario de Xalapa
15 de diciembre de 2010

  Todos los días, sin quererlo y sin desearlo, presencio casos aberrantes y monstruosos de machismo. Desde el vecino autócrata o autoritario que desaforadamente grita, maltrata u ofende a su esposa o a sus hijos, sintiéndose "señorón de horca y cuchillo", hasta el jefe o superior principal de cierta oficina, que mira y habla con prepotencia a sus subordinados, ignorando que todo el poder que ostenta, se le puede acabar en un trienio o cuando más en un sexenio.

Análogamente, desde el agente "mordelón" de Tránsito (aunque también los hay cordiales y comedidos, como el que citaré al final de este artículo), que, a manera de mariscal hitleriano, observa despreciativa y amenazadoramente a quienes tuvieron el infortunio de pasarse un alto, hasta cierto profesor sin aptitudes y sin vocación que, amparado en la autoridad de su desempeño, pero más en su enciclopédica ignorancia, ningunea, desdeña y atemoriza a los indefensos alumnos, que en mala hora tuvieron la desventura de encontrárselo en el recinto de las aulas o en el camino de la escolaridad.

Nuestro medio social, por desgracia y desde los tiempos más remotos de nuestra historia, ha estado rebosante de machos; machos sólo por haber nacido con rasgos primarios muy diferentes a las peculiaridades de las hembras; machos que como los animales machos, sólo producen espermatozoides; de machos, subrayo no de hombres, por virtud de que el hombre auténtico sólo es hombre por la educación recibida desde tres o cuatro generaciones antes de nacer.

En los camiones "democráticos" o del servicio urbano, en los que nos trasladamos todos los marginados de los beneficios económicos de la Revolución, se escuchan pláticas de machos; desde el macho animal, vestido de "bípedo implume", como lo definió el filósofo griego Diógenes (413 - 323, el más célebre discípulo de Antístenes,

y quien consideraba a la virtud como el don más alto), que presumidamente pregona que debe maltratarse a la mujer para que sepa quién manda en la casa, hasta el fanfarrón desfaldetado y vulgar, que se expresa desdeñosamente de las damas o de las señoritas, desconociendo que éstas deben ser lo más sagrado y significativo para el hombre, no sólo por la delicadeza y sutileza de sus formas, de su sensibilidad y de su hermosura, sino porque de ellas provenimos y con ellas se agotará la Humanidad, si alguna vez dejaran de existir.

Hay machos en los grupos humanos de todas las capas sociales, como hay manchas en la ropa sucia o como granos y ronchas en quienes no se bañan. Pero lo grave del caso es que, según la antropología cultural, tales especímenes, que practican la maledicencia como vicio odioso por naturaleza, seguirán existiendo por doscientos años más, si no comenzamos, desde ahora, a educar a los niños de manera más atinada y racional, para que, cuando adultos, piensen, sientan y quieran bien, concientizándolos acerca de lo que significa ser hombre, no sólo por haber nacido con gérmenes masculinos, sino porque es tarea de todo ser humano, el diferenciarnos de los animales inferiores, predeterminados por el inexplicable instinto de su especie.

Mas ¿por qué existe el machismo? ¿Qué es el machismo?

Acerca de la primera cuestión, no es difícil descubrir que el llamado machismo es problema de educación; asunto que no es causativo de nuestro tiempo, sino de épocas remotamente ancestrales. Como sabemos, entre los aztecas se luchaba por ser fuerte ante la mujer, para que ésta advirtiera lo que el hombre es capaz de hacer; él era el que ordenaba sobre las cosas y ella debía ser sumisa y obediente. Por otra parte, es necesario recordar que el machismo es resultante de muchas circunstancias históricas desafortunadas, entre las que figuran los brutales traumas heredados por los españoles de tan discutibles orígenes. Pero yéndonos más al trasfondo de la historia, cuando el joven era capaz de cazar un león o cierta fiera, se decía que ya era hombre; algo así como cuando se dice en los bajos estratos sociales, que tal o cual niño ya es hombre, porque se puso su primera "guarapeta", o bien ya frecuentó un lugar de prostitución.

Respecto a ¿qué es el machismo?, este se define como presunción masculina de superioridad con demostración de violencia y atropello del derecho ajeno. Podría agregarse que es un sentimiento de inferioridad encubierto por uno de superioridad. El machismo pretende sentirse superior, o sea aparentar, sobresalir; mas como no está preparado para ello, recurre a cualquier medio para conseguirlo. He ahí el porqué en los pequeños pueblos, no es raro ver cómo algunos exhiben su machismo, sintiéndose "charros peludos" como el ostentoso Vicente Fernández, haciendo "suertes" peligrosas con el caballo, portando pavorosas pistolas o bien tomando bebidas embriagantes de las que hacen daños irreversibles.

El machista es un individuo (no persona), falto de criterio e involucionado como hombre. Gusta de afectar las tendencias sensibles de las personas, causándoles sufrimiento de orden físico o de orden moral; su ignorancia y su tontez lo hace sentirse macho, entendiendo este término como el que carece de sensatez, de razón y de rectitud. Es inseguro y, en el fondo y trasfondo de su ser, es de tendencias cobardes. El machista tiene una concepción equivocada de la vida y de las cosas que verdaderamente valen. Podría decirse de los machos, lo que el eminente, fecundo, vigoroso y espléndido novelista español Pío Barojas (1872-1956) asienta en su interesante obra "El gran torbellino del mundo": "Son un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo".

Pero, en última instancia, ¿Qué de malo tiene ser macho? La respuesta a esta pregunta la limitaré sólo a unas cuantas apreciaciones. Los machistas viven asediados por las bajas pasiones; viven pensando en la conquista de muchas mujeres, a las que generalmente abandonan cuando las embarazan; se embriagan, se drogan, fuman, discuten acaloradamente para imponer sus ideas, aun cuando éstas sean supinas o descabelladas; se rebelan en contra de los superiores para dejar sentir lo que ellos consideran valentía; cometen delitos sexuales porque con ellos alcanzan su condición de machos; cultivan la prepotencia de los valores masculinos; acuñan una serie de valores morales a su manera; se irritan, se ponen agresivos e iracundos.

¡Ah! La cultura machista del hombre, y especialmente del mexicano, provoca que difícilmente se someta a exámenes oportunos de cáncer prostático. Y en torno a esto, el presidente del Colegio de Urología del Estado de Chiapas, Mauricio Santín Potts, afirma que el varón, de acuerdo con su manera de pensar y de esas situaciones machistas, se pregunta cómo es posible que alguien le vaya a hacer una exploración rectal y lo que está alrededor de esa exploración...

Todos, sin excepción, tenemos algo o mucho de macho, dado que vivimos dentro de un maremagnum de machos; con todo, debemos esforzarnos por ser menos machos y más hombres, preferentemente en la educación de nuestros hijos, para no seguir fabricando esos machos que tanto ofenden a la dignidad humana. ¿O no lo cree usted así, mi muy estimado lector, o asidua lectora?

Escribí este artículo con gratitud hacia el caballeroso Oficial Motociclista de Tránsito, David Herrera González, quien, ante un desperfecto que sufrió mi modesto automóvil, en las Calles Moctezuma y Murillo Vidal, me proporcionó un sinfín de atenciones, incluyendo la ayuda mecánica requerible. Que bien sería que así fueran de serviciales todos los elementos de Tránsito, para bien y prestigio de la Corporación.
 
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