Opinión / Columna
 
Rebecca Arenas 
De expectativas optimistas y real politik
Diario de Xalapa
3 de junio de 2010

  En los últimos 50 años, por lo menos, la actitud del gobierno de México hacia Estados Unidos ha oscilado pendularmente entre dos actitudes extremas, una, obsequiosa y dispuesta a agradar al coloso del norte (Salinas-Bush padre, Zedillo-Bill Clinton, Fox-Bush hijo). La otra, retadora y bravucona (López Portillo-Jimmy Carter y recientemente Calderón-Congreso norteamericano)

La primera no ha servido para que los gobiernos estadounidenses tomen decisiones que beneficien a México; la segunda, sólo ha conseguido exacerbar la polarización y el encono hacia nuestro país, de los grupos más radicales de la política y la economía estadounidense.

La pregunta es obligada: ¿De qué manera sortear los embates que el gobierno norteamericano asesta a nuestro país cada vez que le viene en gana? ¿Qué estrategia tendría que seguir México para lograr resultados positivos y tangibles en nuestra relación asimétrica con Estados Unidos?

Cada vez que se renueva el gobierno en México o en Estados Unidos, las expectativas mexicanas sobre una mejor relación entre ambos países surgen inevitables. El problema es que esta natural aspiración, casi nunca ha estado acompañada de una estrategia integral que contemple un diagnóstico objetivo y sistemático sobre la realidad de ese país, sus prioridades domesticas e internacionales, sus fortalezas y debilidades, y una bitácora de su comportamiento hacia México en los temas que nos interesan. Ellos lo saben todo de nosotros, nosotros desconocemos casi todo de ese país.

Paralelamente, los estrategas mexicanos tendrían que actuar en base a una estrategia de escenarios alternativos de cooperación con otros países o bloques de países, que permitiera la diversificación de nuestro mercado interno y el fortalecimiento de nuestra economía.

Nada de lo anterior ha llevado a cabo México como premisa obligada de su política exterior, ya que invariablemente, cada nuevo gobierno demerita lo realizado por su antecesor. Los escasos programas eficaces de interacción con Estados Unidos, que los ha habido, a cada nuevo gobierno o se han visto suspendidos o se les ha dejado morir por la inacción, dejando el paso a los "brillantes e innovadores" programas y acciones del gobierno entrante.

Sin una planeación de largo plazo, la agenda de México se ha constreñido a enfatizar nuestras necesidades y ofrecer paraísos virtuales de inversión en una era globalizada donde todo se sabe.

Sin contenido ni rumbo, el discurso de nuestros gobernantes ha sido un discurso extraviado, que ha oscilado entre: darlo todo a cambio de casi nada o "ponernos a las patadas con Sansón" sin medir la inevitable y costosa reacción.

Así las cosas, las expectativas de los estrategas en turno, con gran frecuencia se han sustentado en situaciones coyunturales (la gran empatía entre George Bush y Vicente Fox) que no han pesado ni influido en las decisiones del país vecino, que más allá de apariencias, discurso u origen partidista, responde a sus intereses y prioridades nacionales e internacionales.

El caso de John Mc Caine es un perfecto ejemplo. En el pasado reciente este senador republicano promovió junto con el entonces senador demócrata Edward Kennedy una de las iniciativas migratorias más avanzadas que se recuerden, pero no se aprobó. Tiempo después, cuando Mc Caine fue postulado candidato presidencial del partido republicano, no obstante que visitó nuestro país y acudió a visitar a la Virgen de Guadalupe, su discurso a favor de los migrantes para esta época ya había menguado.

Hoy vemos que reaparece como principal promotor de la ley SB 1070 aprobada en el estado de Arizona, que considera delincuente a todo migrante indocumentado. La razón del notable cambio de posición de Mc Cain es conservar su escaño senatorial por Arizona, por ello busca el respaldo de los segmentos más conservadores y poderosos de su estado, enemigos encarnizados de la población migrante.

Toda proporción guardada, el presidente Obama asumió recientemente una actitud similar. Tras recibir en Washington al presidente Calderón con todos los honores del caso, organizándole más allá de todo protocolo, una "fiesta" en la Casa Blanca. Apenas terminó la visita de Estado, Obama envió a mil efectivos de la fuerza nacional de aquel país a fortalecer la frontera sur, la frontera con México, de la delincuencia organizada y el cruce de migrantes.

Aunque para muchos esta decisión de Obama fue calificada de incongruente, de hostil hacia México, la realidad es que su motivación tiene que ver con las elecciones que se llevarán a cabo en su país el próximo septiembre, en las que se renovará el 100 por ciento de la Cámara de Representantes y una tercera parte de la Cámara de Senadores. En su decisión, nada han tenido que ver las sonrisas cordiales o los discursos de buena voluntad, lo que Obama busca es mantener el apoyo de los votantes fronterizos hacia los candidatos de su partido. Una decisión de real politik.

Este es el tipo de situaciones que parecen no haber entendido los estrategas de Calderón; probablemente porque no hay en su equipo figuras conocedoras y experimentadas como aquellas que ganaron gran respeto y prestigio a nuestra política exterior. Fox desmanteló el servicio exterior de carrera, y hoy en día la agenda internacional de nuestro país la llevan a cabo diplomáticos menores o "a la carrera" que se limitan a actuar en un plano reactivo.

Mucho tendría que aprender el actual gobierno del ejemplo de Brasil, cuya prestigiosa diplomacia de Itamaratí, ha sabido sortear con acierto vendavales cruentos y prolongados, mostrando gran capacidad para valorar su entorno con objetividad y para actuar en base a estrategias alternativas de gran calado, que le han permitido en pocos años, no sólo recuperarse de sus décadas de crisis económicas y políticas, sino fortalecer notablemente su economía. Hoy por hoy, Brasil ha sustituido a México como líder indiscutible en América Latina y forma parte, junto con China, Rusia y la India del innovador bloque emergente BRIC, que representa alrededor de un tercio del crecimiento económico global. Se dice fácil.

Si reconocemos que la política es el arte de negociar para hacer posible lo que parece imposible, la premisa hacia un futuro mejor en nuestra relación con Estados Unidos, está en que nuestras clases dirigentes dejen de improvisar y asimilen de una vez por todas la lección histórica de que lo que verdaderamente cuenta en nuestra relación con Estados Unidos, no son las coyunturas superficiales ni las expectativas optimistas sino las realidades duras.

xalare@generacionciudadana.org.mx
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas