Xalapa
En Papantla se aprende a volar desde niños Infantes vencen temores para continuar tradición
Niños de la región vencen sus miedos y aprenden el arte de volar en la escuelita ubicada en el parque Takilhsukut. Fotos: jesús escamiroza / Diario de Xalapa
Niños papantecos Vencen el miedo y vuelan
Diario de Xalapa
20 de marzo de 2010

NOÉ ZAVALETA / Enviado

El Tajín, Papantla, Veracruz.- En Papantla se aprende a volar. Niños de la región, con la fragilidad de sus brazos, con el nerviosismo de lo desconocido, pero con la fortaleza de seguir la tradición milenaria, vencen sus miedos y aprenden el arte de volar.

Desde hace cinco años se formó en el Parque Takilhsukut la escuelita para los voladores de Papantla. Desde la niñez, los chicos de las comunidades de El Tajín, Hidalgo, La Mancha, Ojital Viejo, entre otras, aprenden a volar.

El sonido indescriptible del tambor y la flauta se empieza a escuchar. Ignacio Ricardo va repicando su tambor con su mano izquierda, mientras los dedos de su diestra van tapando los hoyitos de la flauta, el Son del Perdón se escucha en el palo menor del parque Takilhsukut.

Dieciséis metros son los que separan a los voladores del piso firme, el nerviosismo se denota en las manos, pues los brazos no los abren en su totalidad; sin embargo, el nervio que delatan en las manos se convierte en la valentía de la cara, rostros firmes y miradas fijas hacia sus espectadores, lo cual revela el aplomo de los voladores.

A decir de Ricardo Santos, el Son del Perdón se entona en honor a los cuatro dioses del Tajín, melodía y danza que ofrecen los niños voladores para obtener el perdón de los pecados cometidos en la vida terrenal.

Alrededor de 70 niños participan en esta escuela, donde desde el primer día de clases se les enseña a "zapatear", a dar los pasos, pero sobre todo a seguir el sonido de la flauta y el tambor, "el ritual de ceremonia allá arriba, invocando a los cuatro puntos cardinales, en donde yo pido perdón a los cuatro dioses, haciendo una ceremonia para pedir perdón por nuestros pecados".

El ritual comienza. De los 16 metros hacia el piso los niños voladores habrán de dar 52 vueltas. El tamborcito acompasado de la flauta les va marcando el ritmo con el que habrán de descender, una treintena de espectadores observan el ritual.

Conforme las cuerdas se van desenrollando alrededor del rombo metálico, la gente emocionada les va aplaudiendo. Carlos David, Florentino, Óscar y Marcos van adquiriendo soltura; mientras sus piernas las mantienen firmes y pegadas entre sí, sus brazos van extendiéndose con mayor firmeza y vitalidad.

En Papantla se puede aprender a volar.