Opinión / Columna
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Luis Guillermo Franco Robles
El Duarte de Duarte
Diario de Xalapa
4 de marzo de 2010
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Es propio de la época electoral que, una vez ungido el candidato, se hagan los movimientos estratégicos que considere el abanderado priista. Puede darse por descontado que Javier Duarte de Ochoa estará en la boleta electoral de julio próximo, porque la estrategia jurídica implementada por Héctor Yunes Landa va directo al fracaso porque no agota las instancias internas de justicia partidaria. Con todo, pensando en el remoto caso de que por orden judicial participe en la Convención de Delegados, no tiene posibilidad alguna de superar la inercia favorable para el diputado federal con licencia. Hablando claro, recibiría una derrota apabullante.
Es natural que las piezas del tablero cambien para atender algunas necesidades que le interesen al candidato, ese ha sido el sello que ha distinguido al PRI a nivel federal durante la etapa predebacle ante Vicente Fox y, en lo local referido al caso de candidato a gobernador, fue también un reflejo. La presidencia del PRI siempre ha sido una decisión absoluta del gobernante en turno y eso lo respetó Fidel Herrera Beltrán en el 2004, pero tuvo la libertad de operar el nombramiento de dos bastiones: la parte estratégica de la coordinación general de campaña, que en ese momento recayó en Guillermo Zúñiga, y la cuestión de las finanzas, en esto último se nombró a una dupla que le garantizaba pulcritud en el manejo del dinero, Rafael Murillo Pérez y Javier Duarte de Ochoa. Es previsible que en esta ocasión el esquema se repita para la elección del 5 de julio, pero ojo, ventajosamente a medias.
Para contextualizar este comentario, en 1982 el candidato Miguel de la Madrid Hurtado solicitó al presidente José López Portillo que para un diagnóstico certero de lo que ocurría en el contexto nacional que sirviera de prototipo para diseñar su Plan Nacional de Desarrollo, necesitaba que en el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (Iepes) del PRI estuviera al frente Carlos Salinas de Gortari. El abogado originario de Colima sabía que con un tipo tan capacitado como él, sus políticas públicas serían eficaces desde el inicio de su mandato. Como paréntesis para los jóvenes de hoy, el Iepes es el antecedente de lo que hoy se supone debe hacer la Fundación Colosio.
Con el devenir del sexenio, Carlos Salinas fue lo suficientemente hábil y apto para crecer políticamente y hacerse de la candidatura presidencial. En su momento Salinas respetó la presidencia del PRI pero pidió a su benefactor que le permitiera que Enrique González Pedrero fuera el director del Iepes. Esta anécdota la comenta el connotado intelectual político y lo resume en una frase "Salinas me pidió que fuera su Salinas". En el capítulo de "La visión de los vencidos", de "La Herencia" de Jorge Castañeda, el político tabasqueño menciona que sí vio con entusiasmo el nombramiento aunque luego se fue alejando de Carlos Salinas quizás por cuestión generacional.
Recién había acabado su encargo como gobernador, pero después empezó a sentirse maltratado por el equipo salinista. Fue tal su descontento que incluso hoy en día es un militante del Partido de la Revolución Democrática. Volviendo al caso Veracruz, Fidel Herrera Beltrán sabía de la poca vitalidad del otrora tesorero de Rafael Hernández Ochoa, pero no descartaba la valía de su experiencia, por ello acomodó a Javier Duarte de Ochoa para que absorbiera la jugosa experiencia. Hay que decirlo, en diciembre del 2004 nadie hubiera pronosticado el escenario actual, pero Herrera supo llevar a la cumbre a Duarte.
Javier Duarte ya tiene en Enrique Jackson a un santón del priismo; sin embargo, necesita una pinza que cierre con los cuadros locales. En los próximos días podría solicitar licencia como diputado federal José Yunes Zorrilla para asumir la coordinación general de campaña. De rebote de nueva cuenta nuestro amigo Aníbal Peralta Galicia asumiría una curul en San Lázaro. Ese nombramiento desarmaría en muchos sentidos a los Yunes que antagonizan con la virtual candidatura de Javier Duarte de Ochoa. Eso en lo político, en la cuestión de una correcta administración del dinero, ya está José Manuel Rodríguez Melgarejo, a quien lo une una relación estrecha y sin dobleces con Javier Duarte de Ochoa.
Fidel Herrera impulsó al administrador jarocho prácticamente desde el inicio de su administración. Duarte no necesitará modificar en esa trinchera, pues es su amigo y sabe de sus aptitudes para aplicar criterios de austeridad y de eficiencia en los recursos. Al consumarse el proyecto de Javier Duarte, no pierda de vista a Manolo Rodríguez Melgarejo, porque a diferencia de lo que ocurrió con Enrique González Pedrero, él sí es cercano generacionalmente y puede tomarse como un "duartista" puro.
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