Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
"El Partido del Té" cunde en Estados Unidos
Organización Editorial Mexicana
22 de febrero de 2010
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En su programa del pasado martes 16 de febrero en CNN, el famoso entrevistador de los tirantes de colores, Larry King, dedicó su programa a charlar con Bill Maher -el gran comediante y reconocido iconoclasta. Los temas más calientes del momento salieron a relucir. Bill Maher con la chispa que lo caracteriza no pudo menos que destacar la reaparición mediática de la excandidata a la vicepresidencia, Sarah Palin; la calificó de ignorante al borde de la idiotez y denunció su arribismo frenético fundado en la impunidad de la extrema derecha de la que se reclama. Junto con ella fueron agriamente criticados en dicho programa los nuevos "patriotas" del movimiento populista de derecha denominado Tea Party Mouvement (el Movimiento del Partido del Té, sería la traducción, y el nombre hace referencia al Boston Tea Party, que surgió a partir de la quema del té inglés en la colonia de Massachusetts el 16 de diciembre de 1773, en el inicio de la Revolución estadunidense).
Este movimiento popular, de ciudadanos comunes y corrientes, se caracteriza por ser profundamente reaccionario y se ha convertido en el nuevo bastión de los conservadores de derecha y de extrema derecha. "Pinches nacos blancos", diría una periodista mexicana muy fresa después de asistir a uno de sus encuentros en los cabildos de las alcaldías. Los famosos town halls donde armaron sus mítines para amedrentar a los legisladores que apoyaban la reforma de salud o que no se atrevían a sabotearla. El movimiento ya es masivo y se compone efectivamente de casi puros WASP -White, Anglo-Saxon and Protestant- enardecidos y enfurecidos contra la clase política de Washington, pero sobre todo contra el presidente Obama, al que califican como socialista, lo comparan a veces con Hitler y lo insultan en términos abiertamente racistas. Los militantes del Tea Party son blancos puros y odian a Barack Obama.
Es innegable que esta movilización de connotación fascistoide ha crecido como la espuma y goza ya de un cierto reconocimiento de la ciudadanía nada deleznable. Según la última encuesta de NBC News/Wall Street Journal, el 41 por ciento de los adultos estadunidenses ven con simpatía al Tea Party, en contraste con el 38 por ciento que manifiesta su simpatía por el Partido Demócrata y el 28 por ciento por los republicanos. Entre sus militantes se suman un buen número de los llamados independientes, gente de la derecha más conservadora y representantes de la extrema derecha más provocadora. No existe un liderazgo como tal y entre sus animadores se cuentan desde la mentada Sarah Palin hasta los inefables estrellas de televisión de Glenn Beck y Sean Hannity, sin olvidar a otros personajes igualmente siniestros como Brendan Steinhauser, Dick Armey, Grovar Narquist y Eric Odom. Además, los nuevos "patriotas" gracias a su militancia contra la reforma de salud han recibido dinero de las grandes corporaciones farmacéuticas, de la Philip Morris, de las aseguradoras como Met Life y de las fundaciones de la siniestra familia Scaife.
En términos ideológicos, el Tea Party es un verdadero plato de huevos revueltos: en términos contradictorios se oponen a cualquier alza de impuestos y al mismo tiempo exigen que se reduzca el masivo déficit federal, odian el paquete de estímulo económico llevado a cabo por el presidente Obama y al mismo tiempo exigen más empleo; aseguran que el calentamiento global es una farsa y se oponen al evolucionismo darwiniano, favoreciendo la enseñanza del creacionismo en las escuelas, se oponen al aborto y detestan los gobiernos grandes, se dicen defensores de la libertad y agreden a quienes los critican, se oponen al seguro social universal y detestan a los mexicanos invasores, son fundamentalistas constitucionales pero están dispuestos a tomar las armas.
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